
La importancia de los estilos de vida saludables en la vejez se evidencia en la tesis “Estilos de vida saludables en adultos mayores desde la Promoción de la Salud”, elaborada por Esmeralda Gómez Ramírez en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México.
Este trabajo identifica los principales hábitos que influyen positiva o negativamente en la salud de la población mayor, especialmente en su relación directa con enfermedades crónicas como el sedentarismo, la obesidad, la hipertensión arterial, la diabetes mellitus y los problemas cardiovasculares.
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La investigación, centrada en adultos mayores destaca que el envejecimiento poblacional exige una atención integral.
Gómez Ramírez señala que es crucial comprender los determinantes sociales, económicos y culturales —como el acceso a una alimentación adecuada, la educación, la discriminación y el entorno social— para fomentar la salud y prevenir enfermedades en la tercera edad.
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Estilos de vida: relevancia y contexto
La autora define los estilos de vida saludables en la vejez como el resultado de comportamientos y decisiones cotidianas que pueden adoptarse a lo largo del tiempo. Sostiene que estas prácticas son el principal factor que determina el bienestar físico, mental y social de los adultos mayores.
La tesis apunta que la promoción de la salud no solo significa ausencia de enfermedad, sino también el fortalecimiento de la capacidad de las personas para tomar decisiones que protejan su salud.
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El documento destaca que el desarrollo de políticas públicas, la creación de entornos favorables y el acceso a servicios de salud son factores esenciales para una vejez activa y digna. También subraya la necesidad de garantizar los derechos humanos de los adultos mayores para asegurar una vida plena y libre de discriminación.
Hábitos saludables: ejercicio, alimentación y vida social
Gómez Ramírez identifica hábitos clave asociados a un envejecimiento saludable, como el autocuidado, la actividad física regular, una alimentación equilibrada, la hidratación adecuada y la participación social. La práctica continua de ejercicio, desde caminar hasta actividades como la danza o deportes adaptados, favorece la autonomía, la flexibilidad y el equilibrio emocional. Además, ayuda a prevenir afecciones funcionales y psicológicas.
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La nutrición adecuada se presenta como uno de los pilares que más inciden en la calidad de vida de los adultos mayores. El consumo regular de frutas, verduras, cereales integrales y una adecuada hidratación —recomendada en la tesis como 1,5 a 2 litros de agua al día— facilita el mantenimiento del peso adecuado y reduce el riesgo de enfermedades crónicas.
Según testimonios recogidos por la autora, existen barreras económicas y de tiempo para mantener una buena alimentación: “La economía y el tiempo es una de las causas por las cuales no pueden llevar a cabo una buena alimentación”.
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El entorno social y las redes de apoyo resultan igualmente determinantes. La compañía afectiva, así como la participación en actividades familiares o comunitarias, fortalecen el autocuidado emocional y ayudan a prevenir problemas de salud mental.
Hábitos perjudiciales y consecuencias en la salud
La tesis advierte sobre el impacto negativo de la inactividad física, la mala alimentación, el tabaquismo, el alcoholismo, el consumo de sustancias, la automedicación y la polifarmacia —entendida como el consumo simultáneo de varios medicamentos sin supervisión profesional— en la salud del adulto mayor.
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Estos factores se asocian con un mayor riesgo de obesidad, hipertensión arterial, diabetes mellitus y enfermedades cardiovasculares.

En relación al tabaco y bebidas alcohólicas, aunque su consumo ocasional aparece en palabras de los entrevistados, la autora identifica estos hábitos como factores de riesgo para el desarrollo de enfermedades respiratorias, neurológicas y neoplasias. Una participante expresó: “Me gusta fumar tres cigarros al día, estamos en problemas”. La tesis destaca también la importancia de la atención y educación en salud, en especial desde el entorno familiar y comunitario, para reducir la incidencia de adicciones.
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Relación con enfermedades crónicas prevalentes
Según los datos reunidos en la tesis de Gómez Ramírez en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, la presencia de estilos de vida poco saludables durante la vejez está asociada directamente al aumento de padecimientos como la obesidad, la hipertensión arterial, la diabetes mellitus tipo 1 y 2, las enfermedades cardiovasculares, así como problemas de salud bucal y osteoporosis. La autora enfatiza la importancia de la valoración clínica frecuente y la detección precoz para reducir la morbimortalidad en este grupo.
El trabajo recoge testimonios de adultos mayores que refuerzan esta relación y aboga por el fomento del autocuidado, revisiones médicas regulares y acceso a servicios multidisciplinarios, especialmente para quienes ya presentan comorbilidades.
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Factores de riesgo y prevención en la vejez
Entre los principales factores de riesgo, la tesis señala la deshidratación, las caídas, la polifarmacia, las malas condiciones de higiene, la discriminación y la violencia, así como las dificultades derivadas del entorno, tales como la inseguridad alimentaria y la falta de acceso a servicios sanitarios. La hidratación insuficiente puede causar complicaciones serias como síncopes, alteraciones del ritmo cardíaco y deterioro cognitivo.
En lo referente a la salud mental, el estudio documenta síntomas de depresión, soledad y ansiedad asociados al aislamiento social, la jubilación o la pérdida de seres queridos. La intervención oportuna por parte de la red de apoyo, el acompañamiento emocional y el acceso a atención psicológica o psiquiátrica se consideran recursos efectivos para mitigar esos riesgos.
Salud mental y soporte psicosocial
La salud mental ocupa un lugar preponderante en el análisis de Gómez Ramírez, quien destaca la importancia de promover espacios de socialización y redes afectivas, así como garantizar el acceso igualitario a servicios de apoyo emocional para contrarrestar problemas como la depresión y la soledad. El autocuidado emocional se ilustra en las voces de los entrevistados: “Es valorarte como persona, estar bien para poder ayudar a mi familia”.
La autora también resalta la relevancia de la resiliencia, la autonomía personal y la participación en actividades recreativas, culturales o de aprendizaje como medios para mantener el bienestar psicosocial y fortalecer una autoimagen positiva en las personas adultas mayores.

Gómez Ramírez concluye que la promoción de estilos de vida saludables —incluyendo actividad física, alimentación balanceada, socialización, acceso a servicios médicos y defensa de los derechos humanos— resulta esencial para prevenir enfermedades crónicas y mejorar la calidad de vida en la vejez. Propone también reforzar la educación en salud, fortalecer las políticas públicas para favorecer a la población mayor y facilitar el acceso a servicios de acompañamiento profesional.
El cuidado de la higiene personal, la reducción del uso indiscriminado de medicamentos, el impulso al ahorro personal como medida ante imprevistos y la utilización de la cartilla nacional de salud para el control de vacunación y detección precoz de enfermedades son algunas de las recomendaciones específicas presentadas en la tesis como herramientas de autocuidado y bienestar integral.
En última instancia, la autora subraya la capacidad de las personas adultas mayores para realizar elecciones informadas y adaptar sus rutinas, reafirmando su derecho a vivir con satisfacción y autonomía durante esta etapa de la vida.
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