
La integración de actividad física y lazos sociales en la vida de los adultos mayores resulta clave para reducir el aislamiento, fortalecer el bienestar y mejorar la salud integral en la vejez. Un reciente estudio de la Universidad Texas A&M documenta que la combinación de ejercicio regular y relaciones de confianza genera un círculo virtuoso que favorece la autonomía y la calidad de vida de quienes envejecen.
Ejercicio y redes de apoyo: un círculo virtuoso
El trabajo, liderado por Jeong-Hui Park y publicado en el American Journal of Health Promotion, es una revisión sistemática basada en el análisis de 34 artículos revisados por expertos y centrados en personas mayores de 65 años sin enfermedades específicas. El equipo, que incluye a Tyler Prochnow, Jacqueline Vigil y Matthew Lee Smith, se enfocó en estudios cuantitativos que exploran la relación entre actividad física y redes de apoyo social.

Uno de los hallazgos principales es que las “redes de apoyo social” y la actividad física se refuerzan mutuamente. Mantener relaciones de confianza y recibir apoyo de familiares, amistades o la comunidad incrementa la motivación para moverse y adoptar estilos de vida saludables. Este refuerzo se traduce en mayor frecuencia y calidad de la actividad física, y en un impacto positivo sobre el bienestar emocional y funcional.
El estudio señala que la presencia de acompañamiento y palabras de aliento facilita la adherencia a rutinas de ejercicio y hace de la cohesión social un elemento crucial en los programas de salud para adultos mayores.
Participación social, influencia y sentido de pertenencia
La interacción social se asocia de forma clara con mayores oportunidades para relacionarse y mantenerse activo. Asistir a clases grupales, participar en iniciativas comunitarias o formar parte de actividades recreativas no solo promueve la movilidad, sino que también favorece la sensación de pertenencia y la satisfacción vital.
El análisis destaca el papel de la influencia social: las actitudes y conductas de familiares y conocidos pueden moldear la disposición de los mayores a iniciar o mantener rutinas de ejercicio. Sin embargo, este efecto no siempre es positivo; altas expectativas o presión social pueden ser contraproducentes en determinados contextos.

Respecto al sentido de pertenencia en el barrio, los resultados son dispares. En algunos entornos, la cohesión comunitaria motiva la práctica de ejercicio, mientras que en otros, las “reglas no escritas” pueden desincentivar la participación.
Soledad, autonomía y recomendaciones para la salud pública
La investigación profundiza en el vínculo entre soledad, aislamiento social y vida activa. Aunque la mayoría de los datos indica que llevar una vida activa ayuda a reducir la soledad, la relación no siempre es directa ni uniforme, ya que depende del contexto y de cómo se evalúe la interacción. Un elemento consistente es que la participación en actividades sociales promueve tanto el bienestar emocional como el funcionamiento físico.
El estudio también muestra que el escaso contacto con familiares o amistades suele asociarse a menor nivel de actividad física, aunque no es una regla universal. Quienes participan socialmente y se mantienen activos tienden a preservar mejor su autonomía y prevenir el deterioro cognitivo.

Estos resultados ofrecen orientaciones claras para futuras investigaciones y para el diseño de programas de salud pública eficaces. Prochnow enfatiza la importancia de comprender cómo las redes cercanas influyen en los mayores y cómo aprovechar esas conexiones para promover la movilidad y el bienestar.
Los especialistas advierten que no existe una fórmula única: las preferencias personales, las limitaciones físicas, las barreras económicas y el contexto cultural influyen en la efectividad de este tipo de propuestas. No todos los adultos mayores desean o pueden participar de actividades grupales, por lo que la accesibilidad y la flexibilidad resultan clave.

Se recomienda que las intervenciones sean personalizadas y adaptadas a las preferencias individuales y culturales, evitando propuestas generalizadas. La labor de la Universidad Texas A&M ha sido reconocida con el premio Editor-in-Chief Paper of the Year 2025, situando su trabajo como referente en políticas y prácticas de envejecimiento saludable.
La adaptación de programas que integren actividad física y redes sociales, con sensibilidad a las diferencias culturales y personales, facilitará un avance sostenido hacia una mejor salud física, mental y social en todas las etapas de la vida.
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