El kéfir cambiará su norma: el 80% del que se vende en supermercados podría no ser auténtico

Estos productos fermentados han vivido un crecimiento del 120 % desde 2020, pero no existe aún una normativa armonizada en España que determine su calidad, descripción o ingredientes

Kéfir de leche y yogur líquido (Adobe Stock)
Kéfir de leche y yogur líquido (Adobe Stock)
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En los últimos años, un alimento similar al yogur está ganando popularidad hasta llegar a hacer sombra al lácteo por excelencia. Un producto lleno de beneficios y consumido por cada vez más españoles que ha atraído la atención de científicos, nutricionistas e incluso del Gobierno. Hablamos del kéfir, un producto lácteo de consistencia semilíquida y sabor amargo que se fermenta gracias a un conjunto de levaduras que le aportan propiedades únicas.

Son algunos de los motivos que han provocado que el consumo de productos fermentados haya experimentado un auténtico auge en los últimos años, con un incremento del 120 % desde 2020. Un crecimiento que, sin embargo, ha llegado sin que exista un control ni normativa armonizada que regule específicamente sus ingredientes, componentes, calidades o procesos.

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Y es que, aunque cada vez hay más kéfires en el súper, la realidad es que los consumidores no siempre pueden saber a ciencia cierta qué es lo que compran. Así lo mostraba un estudio de la Universidad Rovira i Virgili, que revelaba que 8 de cada 10 kéfires no indican que contienen levaduras en su etiqueta. Un dato relevante, ya que, según las normas alimentarias mundiales (Codex Alimentarius), un kéfir no puede denominarse como tal si no lleva levadura entre sus componentes.

La consecuencia es una situación que podría comprometer los derechos del propio consumidor. Aún hoy, en España, podemos ir a la compra, buscar un kéfir y encontrar productos que utilizan esa denominación, pero que no han sido elaborados mediante el tipo de fermentación que caracteriza a este producto. Aunque la etiqueta ponga kéfir, el producto puede no contener levaduras y el comprador difícilmente puede saberlo si esa información no aparece de manera clara en el envase.

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Mujer mirando yogures en un supermercado
Cómo elegir un buen yogur proteico (Shutterstock)

Para poner coto a esta situación, el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación trabaja este mes de octubre en la primera normativa específica sobre el kéfir, un real decreto que, por el momento, está sujeto a consulta pública. “La nueva regulación propone actualizar el marco normativo para adecuarlo a un mercado en el que este producto ha ganado protagonismo en los últimos años”, aseguran desde el departamento que abandera Luis Planas.

El objetivo final, explican desde el ministerio, es garantizar que el kéfir comercializado responda a unos estándares de calidad y a las expectativas de los consumidores, sin imitaciones ni irregularidades.

¿Qué es el kéfir y por qué beneficia a nuestra salud?

El kéfir de leche, originario del Cáucaso, ha sido valorado durante siglos como un elixir de salud. Se trata de una bebida fermentada hecha a base de leche, creada a raíz del proceso de fermentación de los granos de kéfir, una combinación de levaduras beneficiosas y bacterias.

Este lácteo es especialmente valorado por su gran contenido en probióticos, es decir, bacterias beneficiosas que ofrecen diferentes ventajas a la salud, principalmente en la digestión. Los probióticos son alimentos o suplementos que contienen microorganismos vivos que ayudan a mantener y mejorar la microbiota normal, o las bacterias “buenas” del cuerpo. El kéfir contiene hasta 30 de estos microorganismos, mientras que el yogur solo tiene entre dos y cinco. Es por ello que las bacterias del kéfir colonizan mejor el intestino y permanecen durante más tiempo en él, lo que contribuye al equilibrio de la microbiota intestinal.

Por otra parte, el kéfir resulta más digestivo que alternativas como el yogur, dado que las bacterias y levaduras ya han digerido parte de la lactosa, lo que lo hace más tolerable para personas con sensibilidad a este componente. Además, varios estudios científicos han avalado sus beneficios en la prevención de enfermedades como la diabetes, así como para mejorar la salud digestiva y fortalecer el sistema inmune.

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