El “árbol de la muerte”, la planta más peligrosa del mundo, según el libro de los récords Guinness

Aunque sus ramas invitan a resguardarse del sol ardiente y sus frutos parecen apetitosas manzanas enanas, la interacción con cualquier parte de esta planta puede desencadenar consecuencias fatales

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Un gran árbol de la muerte con follaje verde y pequeños frutos se erige en una playa tropical al atardecer. Sus raíces están expuestas en la arena húmeda.
Un árbol de la muerte (Hippomane mancinella) se alza imponente en una playa tropical durante un espectacular atardecer, con sus raíces expuestas por la marea. (Imagen Ilustrativa Infobae)

A lo largo de las idílicas playas de arena blanca del Caribe y América central, se alza un imponente árbol que esconde un secreto letal detrás de su inofensiva apariencia. Conocido científicamente como Hippomane mancinella, este espécimen ostenta el temible título de ser el árbol más peligroso del mundo, un hecho documentado oficialmente en el Libro Guinness de los Récords. Aunque sus ramas invitan a resguardarse del sol ardiente y sus frutos parecen apetitosas manzanas enanas, la interacción con cualquier parte de esta planta puede desencadenar consecuencias fatales.

Según la Base de Datos de las Especies de Galápagos de la Fundación Charles Darwin, esta especie perenne pertenece a la familia de las euforbiáceas y puede alcanzar entre 15 y 20 metros de altura. Su hábitat natural se extiende desde las costas de Florida, en Estados Unidos, atravesando las islas del Caribe y Mesoamérica, hasta llegar a países sudamericanos como Colombia y Venezuela, incluyendo también las Islas Galápagos.

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Aunque es mejor que si la vez no te acerques a ella. Y es que según los expertos del Instituto de Ciencias de Alimentos y Agricultura de Florida advierten que la totalidad del árbol está cargada de toxinas. La corteza, las hojas y los frutos segregan una savia lechosa cuyo componente principal es el forbol, un compuesto altamente venenoso.

Una Hippomane mancinella (manzanillo) en Cabo Blanca, Nicoya Peninsula, Costa Rica (Wikimedia Commons)
Una Hippomane mancinella (manzanillo) en Cabo Blanca, Nicoya Peninsula, Costa Rica (Wikimedia Commons)

¿Qué te puede pasar si te acercas a él?

El simple roce con la piel genera quemaduras extremas y erupciones severas. Incluso buscar refugio bajo sus hojas durante una lluvia tropical resulta desastroso, ya que las gotas diluyen la savia y transportan el veneno, causando graves lesiones al contacto con los humanos. Tampoco es seguro intentar destruirlo con fuego, puesto que el humo emanado al quemar su madera irrita los ojos y puede provocar ceguera temporal, además de afecciones respiratorias graves.

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Debido a todo ello, el propio Cristóbal Colón bautizó a sus frutos amarillentos como “manzanillas de la muerte”. A pesar de tener un aroma atrayente y un sabor inicialmente agradable y dulce, ingerirlos desata un infierno médico. Comer la fruta genera una intensa sensación de ardor, desgarro y obstrucción en la garganta, seguida de episodios severos de vómitos y diarrea que pueden inducir una deshidratación mortal.

En 1999, un caso reportado en el British Medical Journal detalló la agónica experiencia de la radióloga británica Nicola Strickland, quien mordió la fruta en una playa de Tobago y sufrió dolores insoportables en el esófago. Ella y su amiga lograron mitigar los síntomas tras ocho horas únicamente gracias a la ingesta masiva de piñas coladas y leche. Más recientemente, en septiembre de 2023, la Fundación iO reportó que dos turistas fueron hospitalizados de emergencia en la Clínica de Blas de Lezo tras consumir el fruto en Playa Blanca, Cartagena, Colombia.

Ilustración botánica histórica de 1821 del "árbol de la muerte"
Ilustración botánica histórica de 1821 (Wikimedia Commons)

El nombre científico del género, Hippomane, proviene del griego antiguo y significa “caballo” (hippo) y “locura” (mane). Fue el filósofo griego Teofrasto quien utilizó estas raíces para una planta europea tras observar cómo los equinos enloquecían al comerla, y posteriormente el botánico Carl Linneo aplicó esta nomenclatura al peligroso árbol americano. En la antigüedad, los nativos utilizaban su savia para envenenar sus flechas de caza, e incluso se relata que el explorador español Juan Ponce de León falleció tras ser alcanzado por un flechazo contaminado con este tóxico al intentar conquistar Florida en 1521.

Cómo evitan que la gente se acerque al “árbol de la muerte”

Paradójicamente, a pesar de su letalidad, el manzanillo de playa tiene un valor ecológico incalculable. Sus densas ramas protegen las zonas costeras de la erosión provocada por el viento, y el árbol sirve como refugio y fuente de alimento para insectos especializados. Los artesanos incluso han logrado utilizar su madera para fabricar muebles, asegurándose de secarla pacientemente al sol para neutralizar su veneno.

Aun así, las autoridades de múltiples países suelen marcar sus troncos con cruces rojas o cintas de advertencia para alertar a los turistas. La gran lección que deja esta fascinante especie, que irónicamente se encuentra en peligro de extinción en el estado de Florida, es clara: en los idílicos paisajes naturales, no todas las cosas hermosas son inofensivas.

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