
Los resultados argentinos de PISA 2025 mostraron un retroceso en las tres áreas evaluadas: el país obtuvo 393 puntos en Ciencias, 389 en Lectura y 367 en Matemática, con caídas de 13, 12 y 11 puntos, respectivamente, frente a la edición de 2022. Detrás de esos promedios nacionales aparecen comportamientos diferentes entre las tres jurisdicciones que participaron con muestras propias: la Ciudad de Buenos Aires, Córdoba y Mendoza.
Las tres fueron consideradas por PISA como “regiones adjudicadas”, una modalidad que permite a los gobiernos subnacionales ampliar la muestra para obtener resultados representativos de su jurisdicción. Son las mismas tres que habían utilizado ese mecanismo en 2022.
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Entre las tres jurisdicciones, CABA obtuvo nuevamente los puntajes más altos: 449 puntos en Ciencias, 432 en Lectura y 418 en Matemática. En las tres disciplinas quedó ampliamente por encima del promedio nacional: la diferencia fue de 56 puntos en Ciencias, 43 en Lectura y 51 en Matemática. El informe PISA estima que alrededor de 20 puntos pueden servir como referencia aproximada del aprendizaje que adquiere un estudiante durante un año de escolarización.
La comparación con los resultados porteños de 2022 muestra un deterioro, especialmente en Lectura. Los puntajes de 2025 representan variaciones de -2 puntos en Ciencias, -17 en Lectura y -6 en Matemática. En otras palabras, CABA tuvo una caída menor a la nacional en Ciencias y en Matemática, pero un retroceso mayor al nacional en Lectura (la caída de Argentina fue de 12 puntos).
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Los desempeños dejan a CABA cada vez más lejos de su mejor marca histórica: al comparar con los resultados de PISA 2015, hace diez años, la caída fue de 43 puntos en Lectura, de 38 en Matemática y de 25 puntos en Ciencias.
Los puntajes de 2025 ubican a CABA en niveles similares a los de los países de mejor desempeño de América Latina: quedó cerca de Uruguay y Chile en Ciencias, Lectura y Matemática. Al comparar con otras entidades subnacionales, se observa que CABA queda tercera en América Latina en Ciencias, detrás de Paraná (Brasil) y Bogotá; quinta en Lectura (detrás de Paraná, Bogotá, Santiago de Chile y San Pablo); y segunda en Matemática, detrás de Paraná (Brasil), según información difundida por el Ministerio de Educación porteño.
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En Córdoba la trayectoria fue distinta. La provincia obtuvo 434 puntos en Ciencias, 417 en Lectura y 393 en Matemática. También quedó por encima del promedio argentino en las tres áreas: por 41 puntos en Ciencias, 28 en Lectura y 26 en Matemática.
Pero el dato más llamativo aparece al mirar la evolución reciente. En un contexto nacional –y global– de retroceso generalizado, Córdoba logró mejorar 12 puntos sus resultados en Ciencias con respecto a 2022. En las otras disciplinas, la variación no fue estadísticamente significativa: tuvo una caída de 2 puntos en Lectura y de 1 punto en Matemática. Los resultados quedan por debajo de las marcas de PISA 2018 en Lectura y Matemática, pero por encima en Ciencias.
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Los estudiantes cordobeses de 15 años mostraron resultados comparables con los de varios sistemas educativos de la mitad superior de la tabla regional: en Lectura prácticamente igualaron a Costa Rica y en Matemática quedaron cerca de México y Costa Rica.

Por su parte, Mendoza obtuvo 403 puntos en Ciencias y 372 en Matemática, por encima de los 393 y 367 puntos del promedio nacional. En Lectura, en cambio, alcanzó 385: son 4 puntos menos que la media argentina.
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Al comparar con 2022, cuando la provincia participó con muestra propia por primera vez, se observa que Mendoza tuvo un retroceso mayor al nacional en Lectura (-17 puntos), mientras que tuvo caídas menores a las nacionales en Ciencias (-2 puntos) y Matemática (-6 puntos).
En otras palabras, Mendoza mejoró su posición relativa frente al país en Ciencias y Matemática, pero no porque sus resultados hayan aumentado, sino porque el retroceso nacional fue mayor.
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En un comunicado, la Dirección General de Escuelas resaltó que la provincia quedó por encima de la media argentina en Ciencias y Matemática y vinculó los resultados con una política de evaluación sostenida y con los cambios que viene impulsando en esas áreas. El ministro de Educación provincial, Tadeo García Zalazar, afirmó que obtener mejores resultados relativos que el país muestra que el esfuerzo de las escuelas y docentes “da frutos”.
Al comparar con los puntajes promedios de América Latina, los resultados de Mendoza se ubican en una franja similar a la de Perú y Brasil en Ciencias, Ecuador en Lectura y Brasil o Ecuador en Matemática.
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La interpretación del Gobierno nacional
Tras conocerse los resultados nacionales, el Ministerio de Capital Humano hizo una lectura política de la caída. Sin mencionar en ningún momento las cifras de los desempeños argentinos en 2025, el comunicado del Gobierno empieza con una acusación: “Como consecuencia directa de las políticas educativas aplicadas por las gestiones anteriores, se registró una caída de los aprendizajes en Ciencias, Lectura y Matemática”.

El comunicado oficial no menciona los resultados, pero sí habla del kirchnerismo: “El estado de la educación es consecuencia directa de una cultura educativa instaurada durante años por los gobiernos kirchneristas, que deterioraron cada sector del sistema”. Y afirma que “PISA 2025 refleja aprendizajes acumulados a lo largo de una trayectoria escolar iniciada en 2013”.
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El comunicado publicado este martes por el Gobierno asegura que “el Ministerio de Capital Humano implementa desde el primer día dos políticas de alcance federal: el Plan Nacional de Alfabetización y el Plan Nacional de Matemática”. Si bien es cierto que la discusión de los planes de alfabetización comenzó temprano –en mayo de 2024 se aprobó el Compromiso Federal por la Alfabetización–, el foco en Matemática llegó bastante más tarde: recién en marzo de 2026 se aprobó el compromiso federal en torno a esta materia.
La declaración omite que en mayo de 2025 el Gobierno nacional llevó al Consejo Federal de Educación una propuesta de marco federal para la “transformación de la escuela secundaria”. La propuesta apunta centralmente a flexibilizar el formato tradicional de la secundaria y a dar mayor “libertad” a las escuelas para reformularse. En septiembre de ese año se conformó una red de 400 “escuelas secundarias innovadoras” en todo el país.
La interpretación oficial de los resultados de PISA contrasta con la que el mismo Ministerio había realizado en junio pasado, cuando se difundieron los resultados de Aprender 2025 de sexto grado de primaria. Ante la mejora registrada en Lengua y Matemática, Capital Humano sostuvo entonces que los datos confirmaban “que las políticas educativas basadas en evidencia, evaluación y trabajo conjunto mejoran los aprendizajes”.
Sin embargo, también esos estudiantes (de 11 años en promedio) acumulaban la mayor parte de su trayectoria escolar antes del inicio de la actual gestión: ingresaron a la educación obligatoria en 2017 –según la lógica que el propio gobierno aplica para PISA, la mejora de Aprender debería atribuirse a las políticas educativas de las provincias y la Nación durante las gestiones de Mauricio Macri y Alberto Fernández–. Aunque el gobierno de Javier Milei atribuyó la mejora de Aprender en Lengua a los planes de alfabetización, los estudiantes de sexto grado no habían sido la población objetivo de esa política, enfocada en el primer ciclo de la primaria (de primer a tercer grado).

La lectura oficial sobre la mejora en Aprender fue presentada en un video por la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, unos días antes de que se conociera el informe completo. Para la caída en PISA, también hubo un video pero estuvo a cargo del secretario de Educación, Carlos Torrendell, y se publicó luego de que se conocieran los resultados.
El informe técnico nacional que acompaña PISA 2025, elaborado por la Subsecretaría de Información y Evaluación Educativa a cargo de María Cortelezzi, utiliza un lenguaje bastante más prudente y un criterio más riguroso que el comunicado político. Allí se sostiene que los resultados argentinos forman parte de una tendencia declinante observada a escala global y regional, y se señala el nivel socioeconómico como uno de los factores más fuertemente asociados con los aprendizajes.
“La desigualdad socioeconómica sigue constituyendo uno de los factores con mayor efecto sobre los resultados de aprendizaje, de manera transversal a los tres dominios evaluados. Estos datos no admiten atajos ni lecturas complacientes: son, ante todo, información necesaria para orientar con mayor precisión las decisiones de política educativa”, afirma Torrendell en la introducción del informe.
Al presentar los factores relacionados con los desempeños, la Secretaría de Educación advierte expresamente que esas asociaciones “en ningún caso deben interpretarse en términos causales”.
La misma cautela vale para las comparaciones entre jurisdicciones: los puntajes de PISA permiten describir diferencias y seguir su evolución, pero no permiten concluir por sí solos qué políticas produjeron esos resultados.

El peso de la desigualdad socioeconómica
Según el informe nacional, en PISA 2025 los estudiantes argentinos pertenecientes al 25% de mayor nivel socioeconómico obtuvieron entre 76 y 82 puntos más que los del 25% más desfavorecido, dependiendo de la disciplina: la diferencia equivale, según la fórmula que sugiere la OCDE, a unos cuatro años de escolaridad. Las diferencias son estadísticamente significativas y se verifican de manera parecida en Lectura, Matemática y Ciencias.
El informe llega a una conclusión similar cuando analiza las diferencias entre escuelas estatales y privadas. Aunque los alumnos del sector privado obtienen puntajes más altos, la Secretaría advierte que su matrícula está sobrerrepresentada entre los sectores socioeconómicos más favorecidos y que buena parte de la ventaja aparente está vinculada con esa composición.
La lectura oficial del informe técnico –no la del comunicado difundido en redes– reconoce la importancia de este factor. Torrendell sostiene allí que “el peso que el origen socioeconómico tiene sobre los aprendizajes no debe leerse como un techo insalvable. La historia y el presente de la escolarización demuestran que no hay determinismo social en materia educativa: los contextos influyen, y estos datos muestran cuánto, pero no explican por completo el aprendizaje de nuestros estudiantes”. Y concluye: “Los docentes y las instituciones educativas siempre pueden hacer una diferencia: allí se juegan la libertad, el compromiso y la responsabilidad profesional en comunidad”.
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