
En los últimos meses, los criterios para pasar de grado y año fueron noticia. Varias provincias, como Formosa, Santa Fe o Entre Ríos, facilitaron los parámetros para definir la promoción de los estudiantes y evitar una ola de repitencia. Los indicadores de paso de curso, no obstante, muestran una mejora sostenida desde antes de la pandemia, lo cual conduce a una pregunta: ¿ese avance representa una buena señal del sistema o se trata solo de una simplificación ante la crisis de aprendizajes?
Entre 2011 y 2019, aumentó la cantidad de estudiantes que pasan de grado o año en todo el país, con excepción de Santa Cruz y Tucumán. La tasa de no promoción cayó tanto en secundaria, que pasó del 18,4 al 13,7 por ciento, como en primaria, que cayó de 3,1 a 1,7 por ciento.
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Los datos surgen de un nuevo informe del Observatorio de Argentinos por la Educación, con autoría de Flavio Buccino (docente y especialista en gestión educativa), Gabriela Catri y Martín Nistal (Observatorio). El documento mide la evolución de la promoción escolar desde 2011 a partir de la información de los Relevamientos Anuales publicados por el Ministerio de Educación de la Nación.
En la secundaria es cuando ocurre el salto más grande en la repitencia en todas las provincias, más allá de si la primaria dura 6 o 7 años. El octavo año escolar (primero o segundo año según la jurisdicción) es el que presenta más altos niveles de no promoción, junto con el último año de secundaria. Sucede que allí deben aprobarse todas las materias para que el estudiante se considere “promovido”. Así, el incremento en la promoción entre 2011 y 2019 se refleja en todos los cursos.
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“Los sistemas educativos del mundo van abandonando la repitencia y adoptando la promoción pedagógica. Estos cambios son aceptados y hasta celebrados por la comunidad académica, pero encuentran fuertes resistencias tanto en las familias como en el cuerpo docente”, señaló Buccino, coautor del informe, quien también consideró a la repitencia como una “práctica nociva” que debe ser reemplazada por otros mecanismos más efectivos.
La evidencia tanto nacional como internacional muestra que la repitencia, en lugar de reforzar los aprendizajes pendientes, aumenta el riesgo de abandono y no trae aparejado mejores resultados en las pruebas. El meollo de la cuestión para radicar, entonces, en encontrar el equilibrio entre que repitan y que “pasen todos”.
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“La repitencia es un mecanismo pensado para garantizar que los aprendizajes respeten una secuencia y ocurran de una forma integral, dejando al egresado adecuadamente preparado para la experiencia siguiente, sea esta en la educación terciaria, universitaria o directamente el mundo del trabajo. Al manipular la tasa de repitencia, aún con los mejores argumentos pedagógicos, se está alterando la lógica del proceso escolar, dañando de manera dramática la atención puesta en la calidad y secuencia de los aprendizajes”, planteó Juan María Segura, consultor en innovación educativa, en diálogo con Infobae.
En la misma línea, Segura agregó: “Si la promoción de grado escolar está asegurada con independencia de lo aprendido en cada lapso de tiempo, entonces la escuela se transforma en una guardería. No tengo nada en contra de las guarderías, pero llamemos las cosas por su nombre. En este nuevo sistema en donde no se repite, el aprendizaje ocurrirá de forma aleatoria en el mejor de los casos, y las brechas de aprendizajes entre unos y otros estudiantes serán aún mayores que las actuales. En este nuevo sistema, el docente que exija y haga estudiar a sus alumnos en breve se convertirá en una incomodidad y un estorbo”.
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Al comparar entre escuelas estatales y privadas, se observa que los estudiantes “pasan más” en las privadas. En 2019 no promocionó el 6,9% de los estudiantes en las secundarias privadas, mientras que la cifra es 17,7% para los estudiantes de las secundarias estatales (2,5 veces más). En primaria también es mayor la tasa de no promoción en las escuelas estatales (2,1%) que en las privadas (0,4%).
Para Mónica Marquina, doctora en Educación Superior y miembro de la Fundación Alem, los números están lejos de reflejar una mejora. Al contrario, dice, exponen dos momentos claves en la trayectoria de los estudiantes: uno al empezar el secundario y otro al finalizarlo. Allí el sistema no puede esconder más una realidad que se vuelve evidente.
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De hecho, cuando se observan los últimos datos de Aprender 2019, antes de la pandemia, los saberes son muy pobres. No hay correlación entre la mejora de los indicadores de promoción y los resultados de las evaluaciones. El 42,8% de los chicos del último año de secundaria estaban por debajo del nivel básico en matemática y el 18,6 % por debajo del nivel básico en lengua.
“Los datos de este informe, si los analizamos bien, nos están diciendo que hay que superar el debate entre extremos, y pensar en una escuela que debe asumir que enseña a estudiantes diversos, que debe acompañar trayectorias, que debe brindar oportunidades razonables de mejora y que, si no fuera posible avanzar en nuevos aprendizajes, recurre a la revisión de lo no aprendido, cuando aún hay tiempo, y no cuando los estudiantes creen que están terminando un nivel educativo y de golpe se enteran que el sistema los engañó”, concluyó Marquina.
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Las provincias de mayor y menor repitencia


Entre 2011 y 2019, la provincia que más aumentó sus niveles de promoción en secundaria fue Chubut: la tasa de no promoción cayó 11,3 puntos porcentuales. En 2019, las provincias con menores tasas de no promoción en secundaria (es decir, donde más estudiantes pasaron de año) fueron Santa Cruz (3,4%), San Luis (9,5%) y La Rioja (10,1%). Las provincias con mayores tasas de no promoción fueron Jujuy (19,7%), Salta (18,7%), Chaco y Neuquén (18,2%).
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En primaria, la provincia que más aumentó sus niveles de promoción entre 2011 y 2019 fue Santiago del Estero: la tasa de no promoción cayó 6,6 puntos porcentuales. En 2019, las provincia donde más estudiantes pasaron de año fueron Neuquén (0,3%), Jujuy y Chubut (0,2%). En cambio, las provincias con mayores tasas de no promoción fueron Corrientes (5,3%), Santiago del Estero (3,5%) y San Juan (2,9%).
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