Melisa Massinelli, de Fundación Reciduca, y la vocación de acompañar a estudiantes de zonas vulnerables para “que logren una vida con proyectos”

La directora de Educación de Fundación Reciduca habló en el auditorio de Ticmas acerca de cómo la organización trabaja con una propuesta que combina apoyo académico, desarrollo personal y vínculos con el mundo laboral

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La directora de Educación de Reciduca habla de las oportunidades que buscan generar en los estudiantes con los que trabajan

Hace más de dos décadas que Fundación Reciduca trabaja con jóvenes en situación de vulnerabilidad con un objetivo claro: que cada estudiante pueda imaginar y sostener un proyecto de vida propio.

“Somos una organización sin fines de lucro que acompaña a chicos entre los 16 y 24 años para que finalicen sus estudios, tengan más oportunidades laborales y sean responsables con el medio ambiente”, explicó para abrir la charla Melisa Massinelli, directora de Educación de Fundación Reciduca, en el auditorio de Ticmas en la Feria del Libro.

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La propuesta se centra en los dos últimos años del nivel secundario, un momento clave en el que muchas trayectorias educativas se interrumpen. Ahí, Reciduca interviene a través de tres ejes de trabajo: el acompañamiento educativo, el desarrollo personal y las capacitaciones.

En el primero, se fortalecen herramientas académicas como la organización, la planificación, la comunicación y el trabajo en equipo. En el segundo, el foco está puesto en el autoconocimiento y la gestión emocional. Finalmente, las capacitaciones abren una puerta hacia el “mundo real”, conectándolos con estudios superiores y experiencias laborales.

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Melisa Massinelli
Melisa Massinelli

Una red que crece con los jóvenes

Actualmente, la fundación tiene presencia en 19 localidades, alcanza a 936 estudiantes y acumula una trayectoria de 23 años. En ese tiempo, cerca de 8.000 jóvenes pasaron por el programa.

Uno de los datos que más destacan desde la organización es el nivel de permanencia: “Los chicos eligen quedarse. El año pasado terminó el 93% de los estudiantes que empezaron”, subrayó Massinelli.

Para la directora, el diferencial está en la posibilidad de ampliar horizontes: “Cuando abrís la posibilidad a los chicos a que vean diferentes realidades, que las transiten y que tengan un roce con el ámbito laboral, estás abriendo puertas. Son oportunidades que habitualmente no tienen a lo largo de la escuela secundaria”.

Elegir participar: el valor del compromiso

El ingreso al programa también marca una diferencia. “Lo lindo es que los chicos nos eligen”, señaló Massinelli. Si bien en algunos casos la fundación define territorios de trabajo junto a escuelas o empresas, la inscripción es voluntaria.

El programa se desarrolla en contraturno escolar y se apoya en la figura clave de los tutores. “Son las personas más importantes para nosotros. Son quienes llevan adelante los valores de la fundación y quienes están en el día a día de los chicos”, explicó.

Ese vínculo cercano se traduce en transformaciones concretas. Durante la jornada se proyectó el testimonio de una estudiante, quien relató cómo logró superar su timidez, mejorar su comunicación y ganar confianza. También destacó que la experiencia la ayudó a proyectar su futuro académico y personal con mayor claridad.

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El 93% de los estudiantes que acompaña Reciduca termina el programa

Del aula al mundo laboral

Uno de los pilares del programa es la articulación con el mundo del trabajo. En este sentido, Reciduca ofrece espacios de orientación vocacional y educación financiera, y genera instancias prácticas junto a voluntarios de empresas.

En ese sentido, Massinelli destaca el acompañamiento realizado para afrontar situaciones reales, como armado de currículum, entrevistas laborales, entre otras. A su vez, cuentan con un área de empleo y egresados que conecta a los jóvenes con becas y oportunidades laborales. Algunas empresas, incluso, buscan y contratan lo que denominan “talento Reciduca”.

El acompañamiento no termina con la escuela: la fundación continúa trabajando con los jóvenes hasta los 24 años, acercándoles propuestas de formación, empleo y crecimiento profesional. “Nuestro objetivo es que logren desarrollar una vida con proyectos”, afirmó.

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A lo largo de su historia, Reciduca ha acompañado a casi 10.000 estudiantes a cambiar su vida

Las dificultades que persisten

A pesar de los avances, los desafíos son profundos. “Vemos mucha tristeza, poca esperanza”, advirtió Massinelli. En algunos casos, la organización debe articular con otras instituciones para abordar problemáticas específicas.

Las razones de abandono, tanto del programa como de la escuela, suelen estar vinculadas a cuestiones económicas. “Algunos tienen que salir a trabajar, otros se quedan en sus casas cuidando hermanos o familiares mayores, algo que se visibiliza más en las chicas”, explicó.

Frente a este escenario, la directora destacó que hay múltiples formas de colaborar con la fundación: desde donaciones individuales o corporativas hasta la participación en programas de voluntariado empresarial.

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