La pizarra del 25 de marzo en la city porteña parecía que quedaba en la historia, tras haber cambiado hasta casi $45 luego de 8 alzas sucesivas. Pero la city se calmó y retomó un sendero bajista (Franco Fafasuli)
La pizarra del 25 de marzo en la city porteña parecía que quedaba en la historia, tras haber cambiado hasta casi $45 luego de 8 alzas sucesivas. Pero la city se calmó y retomó un sendero bajista (Franco Fafasuli)

En la última semana de marzo el humor de los mercados financieros parecía anticipar que lo peor estaba por venir: devaluación, aumento del costo del dinero, alza del riesgo país, más recesión e inflación; mientras que en la arena política se multiplicaban la difusión de encuestas que vaticinaban un cuadro negativo para el Gobierno nacional, y alentador para quienes gobernaron en los 12 años previos.

Eso era lo que reflejaba el movimiento diario, en el que se repetían las crónicas: volvió a subir el dólar, el Banco Central pagó más por las Leliq, se mantuvo en alza el índice de riesgo soberano de JP Morgan; pese a que se sabía claramente de antemano que la Argentina volvería a contar con los fondos derivados de una nueva aprobación del cumplimiento de las metas por parte del FMI; las estimaciones de cosechas anticipaban el inicio de las liquidación de los exportadores; y desde la Tesorería aseguraban que desde el lunes 15 comenzaría la licitación diaria de USD 60 millones para hacer frente a los pagos de vencimiento de la deuda pública en pesos.

Sin embargo, una vez más se cumplió con una de las grandes máximas de los mercados: "Se compra con el rumor y se vende con la noticia".

Una vez más se cumplió con una de las grandes máximas de los mercados: “se compra con el rumor y se vende con la noticia”

El rumor claramente era que el FMI iba a poner condicionantes a la ejecución del programa económico para desacelerar la inflación, y eso fue aprovechado para "dolarizar" carteras, vender bonos y cancelar parte de las colocaciones a plazo fijo. De ahí la suba persistente del tipo de cambio, y también de las tasas de regulación monetaria, y su efecto inmediato sobre el índice de riesgo país.

Pero con la llegada del cuarto desembolso del FMI por USD 10.835 millones, junto con un mensaje que pese a tener más ingredientes negativos y de llamados de atención para el Gobierno que elogios por la marcha del programa, se intentó mostrar como observaciones "cosméticas" que no afectaban la relación entre el equipo económico y los técnicos del Fondo, aparecieron las liquidaciones de divisas de los exportadores; mejoró la liquidez en pesos y las entidades comenzaron a exigir menos tasa en cada licitación de Leliq.

Esos movimientos determinaron que una paridad cambiaria promedio vendedor para el público minorista  que había pasado de $41,02 el 18 de marzo hasta un pico récord nominal de $44,92 el 27 de ese mes; y la tasa promedio de corte las licitaciones de Leliq consolidaran en ese período un salto hasta 68,35% anual a 7 días, desde un mínimo de 43,94% anual a mediados de febrero, iniciaran un claro recorrido descendente, que los devolvió a niveles de 3 semanas antes: la cotización del dólar minorista se derrumbó a $43,29 para la venta; y a $42,18 para el comercio exterior; y la tasa de referencia del Banco Central bajó levemente, a 66,86% anual.

Dolarización de carteras 

En el circuito de las colocaciones a plazo fijo del sector privado esos movimientos del dólar y de las tasas de la Leliq, mientras se mantuvo alta la tasa de inflación, determinaron desde marzo un nuevo deterioro de la renta mensual en términos reales que se tradujo en cancelaciones netas y compra de divisas, principalmente de inversores extranjeros, pero también de residentes.

Desde marzo un nuevo deterioro de la renta mensual en términos reales que se tradujo en cancelaciones netas y compra de divisas, principalmente de inversores extranjeros, pero también de residentes

Los primeros volvieron con sus fondos a países con menor riesgo, al parecer porque el miedo superó a la avaricia, y los locales optaron mayoritariamente por depositarlo en una cuenta bancaria, como lo reflejó el sostenido aumento de esas imposiciones a un rango cercano a USD 30.000 millones.

La respuesta inicial pasó por un endurecimiento adicional de la política monetaria y el consecuente aumento de la tasa de interés en pesos, incluyendo la remuneración de los depósitos a plazo fijo, pero desde el inicio de la segunda semana de abril el cuadro pareció cambiar, aunque no mucho. Eso fue aprovechado por el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, y el presidente del Banco Central, Guido Sandleris, en reunión con inversores en Washington, en el contexto de la reunión de Primavera del FMI.

De ahí que para los analistas de Quantum Finanzas, la consultora que dirige el ex secretario de Finanzas, Daniel Marx, consideren en su informe semanal: "Las turbulencias cambiarias de las últimas semanas dejan en evidencia que en esta etapa estabilizar utilizando exclusivamente como instrumentos de política la tasa de interés y el control de la cantidad de dinero podría no alcanzar por sí solo en un futuro inmediato más complejo".

Más allá de que hasta agosto se espera un escenario de cierta fluidez de divisas por parte de los exportadores del complejo maicero y oleaginoso, junto con los efectos de las ventas que realice el Tesoro en el mercado de cambios.

Pero también cabe esperar mayor demanda para formación de "activos externos", como se denomina formalmente al atesoramiento de dólares por parte de empresas y público en general, si la economía real no logra consolidar la leve reactivación que en el mes a mes comenzaron a mostraron los indicadores de la industria y de la construcción; y el oficialismo no logra mejorar las intenciones de voto que captan las encuestas de las consultoras más reconocidas.

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