
Cuando Natalia Oreiro entra a una habitación, la energía cambia. No es solo el brillo de su mirada ni la risa rápida que estalla en medio de una frase, es esa calidez que la acompaña, esa mezcla de espontaneidad y respeto que hace fácil cualquier conversación. Aunque nació en Montevideo, el público argentino la siente propia. Natalia lleva la “charrúa en la sangre”, como le gusta decir, pero también en el gesto de abrir la puerta con afecto y sentarse dispuesta a hablar de todo lo que la atraviesa: su carrera, su familia, sus pasiones, la memoria que la une al cine, la televisión y las historias que elige contar.
En este momento, Natalia tiene agenda llena. Estrena película, prepara una comedia, filma para plataformas y recibe premios que celebran su recorrido. Pero cuando se apagan las luces del set, la actriz se transforma en madre de Atahualpa, esposa de Ricardo Mollo, mujer que preserva su intimidad y cuida cada palabra sobre los suyos. Es franca y cercana, pero también atenta a los límites de la vida privada.
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—¿Cómo llegó la propuesta de la película La casaca de Dios?
—Fue, por supuesto, a través de su director, Fernán Mirás, del que soy amiga y compañera, no solo como actriz, sino que me ha dirigido ya en su segunda película, que fue Reloca. Ahí trabajamos como actor y como actriz, hacíamos pareja y en Casi muerta él me dirigió por primera vez. Su primer película, El peso de la ley, a mí me había encantado. Me parece que es una persona súper sensible que toca temas de muchísima profundidad y los vínculos, sobre todo entre las relaciones familiares, las hace de una fragilidad muy grande todas sus obras.
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La admiración por Mirás trasciende lo profesional. Natalia cuenta que él le envió la adaptación del guion y la atrapó enseguida. “Me gustó la temática, pero sobre todo la mirada que él tiene para trabajar los vínculos familiares. Y por supuesto que el hecho de que fuera con (Jorge) Marrale para mí era un sí rotundo, porque es uno de mis actores favoritos. Es un actor con una profundidad en su mirada, en su interpretación, con una sutileza también, con una entrega... Tiene de los mejores ojos y miradas que yo he visto en el cine", asegura.
En la película, que primero se estrenó en cines y desde el 3 de junio se puede ver a través de la plataforma Amazon, Natalia interpreta a la hija de Marrale. Entre ellos, el desencuentro surge tras la pérdida del hermano, un joven que muere en la guerra de Malvinas. La herida se agranda, no solo por la ausencia del hijo, sino por el modo en que la guerra y el fútbol atraviesan la relación entre padre e hija.
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“Uno como padre no está preparado para perder un hijo y menos de esa forma tan dolorosa y tan injusta, ¿no?. La hija, siente que perdió no solo a su hermano, sino también a su padre, porque su padre a partir del momento de esa gran pérdida, es tan enorme ese vacío que se desconecta de todo vínculo familiar. Y ella siente que la guerra de las Malvinas le robó a su hermano y a su padre. Y el fútbol de alguna manera también le robó a su padre, porque su papá se la pasó viajando con el equipo como utilero con la selección y pasó más tiempo con los jugadores de fútbol que con su hija. Conoce más los deseos, los gustos y los miedos de ellos que de su propia hija”.

—¿Cómo sentiste que te atravesó la historia en el contexto de la guerra y el Mundial de fútbol?
—En realidad, a mí con la historia me pasó que por supuesto que no puedo olvidar el contexto, porque el contexto es todo en todos los ámbitos de la vida. Pero siento que traspolada a otro momento, lo fundamental allí es la desconexión de estos personajes, ¿no? Pero por supuesto que toda la película está teñida por la gran pérdida del hijo del protagonista y se trata del personaje de mi hermano, de un joven inocente que va a una guerra injusta, y que muere en ella.
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El guion retumba con esa orfandad. Hay un momento en el que su personaje le reclama al padre: “Vos no sabés por qué estoy enojada, porque no sabés cómo es ser padre”. Natalia confiesa que ese es el núcleo de la historia que más la conmueve y que siente desde su costado de madre y de mujer. “Aunque el fútbol es una pasión de multitudes, siento que este vínculo fraterno con su papá y estas pérdidas que tienen es para mí la gran trama de la película y a mí lo que más me interesaba poder contar”.
—En la película conseguir la camiseta de Diego se vuelve una épica. ¿Cuál crees que sería esa épica hoy?
—¡Lo que pasa es que Diego es insuperable, ¿verdad?! (risas) Y creo que todos los mundiales tienen algo de especial. Ese mundial de 1986 lo tenía de la forma en que se consiguió. Bueno, el contexto también, tremendo. Pero creo que el último mundial también fue épico, ¿no? Y eso, el argentino y el uruguayo, porque el uruguayo en mi corazoncito charrúa no puede quedar afuera, sabe mucho de la épica del fútbol. Es como que esa garra que tenemos los rioplatenses tan admirada y tan temida en el fútbol en el extranjero, nos hace grandes.
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En la conversación, Natalia intercala anécdotas, habla de su amor por el cine y la televisión, de cómo disfruta intercalar papeles dramáticos con comedias para escapar del peso de las historias duras y salir de su costado melancólico. “He tenido la dicha de poder interpretar mujeres que tenían algo para decir, mujeres que hicieron cosas y que tenían personalidades fuertes. Y eso para mí es una bendición, poder interpretar a mujeres reales, actuales, con convicciones, también con contradicciones, con claroscuros”.
—¿Te gustaría volver a hacer una tira diaria en televisión?
—No siento que sea un anhelo personal. Me encantaría poder ver como espectadora una ficción diaria en televisión. Yo siempre he seguido las ficciones estando o no en ellas. Como espectadora estoy hablando. Las ficciones siempre me han acompañado en la noche y no solo a mí, sino a millones de personas que han seguido noche a noche tantas y tan buenas ficciones en lo reciente. Por supuesto, las de Pol-ka y en lo no tan lejano, Rolando Rivas, Más allá del horizonte, Cosecharás tu siembra. Bueno, tantas, tantísimas. Yo creo que fui una de las últimas privilegiadas en poder hacer tiras diarias. La última mía fue Solamente vos hace diez años con Adrián (Suar). Pero por el otro lado siento que luego de un desierto, digamos, de cuando parecía que todo era un abismo, las plataformas de alguna manera han tomado con las series ese espacio y hoy la gente está llevando ese gusto de buscar su serie favorita en las plataformas.
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Natalia reconoce la asimetría sobre la disponibiidad a las producciones audiovisuales: “No todas las personas tienen acceso a pagar una cuota mensual para poder ver su serie favorita y antes eso lo tenían de alguna manera si tenías una antena de televisión. Entonces eso sí lo extraño, era más cercano. Ahora hay muchísimas opciones y entonces, por momentos puede ser un poco abrumador. Pero en lo personal no extraño hacer una tira en televisión diaria porque soy una privilegiada y una agradecida. Tengo posibilidades de hacer varios trabajos y muy diferentes entre sí en el cine y en la televisión, en plataformas. Entonces, no es que yo personalmente extrañe trabajar en ellas. Intenté, de hecho, en los últimos años y estuvimos a punto y no se logró, porque hoy realmente reconozco que es muy costoso poder realizar una tira diaria para televisión de aire”.
—¿Qué proyectos tenés en este momento?
—Estoy en cines con la película nueva de Juan Taratuto, que se llama Nada entre los dos, protagonizada junto a Gael García Bernal, que es un drama romántico actual que me gustó mucho. La historia de dos personas adultas que se encuentran en un momento difícil de sus vidas personales, y que no romantiza tampoco esa situación. Me gustó mucho trabajar, hacerla y el resultado. También estoy pronta a estrenar junto con Adrián Suar, Yo, Narciso, una comedia que se va a estrenar en agosto. Además filmé una peli el mes pasado para Netflix, bajo la dirección nuevamente de Martín Sastre y voy a filmar en unos meses con Martino Zaidelis una peli para Netflix. En eso estamos.
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La charla avanza y Natalia vuelve a lo esencial: los personajes pendientes, los sueños por cumplir. “Siempre digo que hay un personaje que me gustaría hacer, que ojalá pueda lograrlo en algún momento, que es Juana Azurduy. Es uno de esos personajes que anhelo poder interpretar”, afirma. Un papel que seguro abarcará sus sueños, su fuerza, su capacidad de superar obstáculos, su carisma. Ella, que hace de su identidad de mujer el sentido de su vida.
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