
Era uno de los emprendimientos argentinos más prometedores y con mayor proyección global. Pero no. Bluesmart, la valija inteligente criolla que deslumbró a Usain Bolt, Manu Ginóbili, Shaquille O'Neal y muchas otras celebrities, fue vendida y dejó de existir como tal.
A fin del año pasado, las principales líneas aéreas prohibieron este tipo de valijas, con baterías de litio no removibles, algo que impactó de lleno en el negocio de este proyecto que había conseguido más de USD 5 millones de financiamiento por medio de crowdfunding y había vendido 70.000 unidades desde su lanzamiento, en 2014.
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Esos cambios fueron un verdadero mazazo para esta operación, con oficina en Silicon Valley y fabricación en Shenzhen, China.

"Algunas noticias agridulce para compartir: Travelpro Products está adquiriendo los activos de Bluesmart y las operaciones están siendo interrumpidas", anunció hoy en las redes sociales el tucumano Diego Saez-Gil, uno de los fundadores y CEO de la compañía.
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"Lo hemos dado todo y hemos sido capaces de crear algo de lo que estar muy orgulloso. Creemos que Travelpro será un gran administrador de ella y seguirá empoderar a los viajeros para explorar nuestro mundo aún más, que siempre fue nuestra misión", agregó.
Infobae se comunicó con Sáenz-Gil, quien vive en California y no será parte del equipo que pasa al comprador, la marca de valijas que usan los pilotos de avión. "Estamos orgullosos de haber creado a una empresa como Bluesmart desde la Argentina. Yo me voy, no voy a seguir. Se quedan con gente nuestra de diseño y tecnología. Voy a meditar, a leer y a ver qué hago de mi vida de acá en más", asegura. No trascendieron ni el monto ni otros detalles de la venta.
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El CEO y los motivos de la crisis
– ¿Cómo te sentís con el anuncio?
– Me siento bien. Se hicieron las cosas bien y dejamos todo en la cancha. Hay cosas que suceden y hay que aceptarlas. Por estas horas pienso y pienso en una frase de Kipling: "Al éxito y al fracaso, esos dos impostores, trátalos siempre con la misma indiferencia".
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– ¿El gran error fue hacer equipos con baterías no removibles?
– Las hicimos así porque lo sugirieron la FAA y el DOT (los organismos estadounidenses que controlan la aviación y el transporte). Nos juntamos con ellos y las diseñamos así por eso, por un tema de seguridad. Pero pasó lo de Samsung, con el smartphone que se prendía fuego, y hubo mucha paranoia con las baterías de litio. Se prohibieron algunos productos, también las valijas, y eso impactó de lleno en el negocio. La compañía entró en una situación muy complicada, hubo que hacer devoluciones. Exploramos alternativas y se llegó a la conclusión de que tenía que haber un socio estratégico que se hiciera cargo. Apareció TravelPro, una empresa grande del rubro basada en la Florida, y se quedaron con la operación.
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– ¿Ellos van a seguir haciendo valijas Bluesmart?
– Tiene la marca y los activos de la empresa, van a contratar gente del equipo, pero por ahora no revelaron sus planes.
– ¿Te imaginabas un final así?
– No, jamás. Pero pasa. Es el final de un capítulo que no queríamos que terminara así: habíamos lanzado nuevos modelos, teníamos planes. Igual, es el mejor final, dentro de todo. Ellos van a poder navegar esta crisis que creo que es temporal y se va a resolver, nosotros no podíamos.
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Viajar smart
La idea nació en 2013, cuando Sáenz-Gil, que había creado y vendido la aplicación hotelera WeHostels, perdió una valija regresando a la Argentina desde el exterior.
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Muy rápido se asoció con Tomás Pierucci, Alejo Verlini, Martín Diz y Brian Chen y un año después, previa campaña de crowfunding en la que levantaron USD 2,2 millones para concretar su idea, entregaron la primera valija. Fue un boom: hicieron otra campaña para agrandar la familia de productos, que fabricaban en China, y consiguieron otros USD 2,4 millones. Se sumaron inversores y la empresa creció.

Los modelos venían con cargador inalámbrico para la notebook y el celular, balanza digital, conectores USB, conexión bluetooth y GPS para controlar todo el tiempo donde estaba la valija.
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En 2015, habían anunciado una inversión de $100 millones al ministro de Producción Francisco Cabrera para abrir un centro de desarrollo en Buenos Aires. Un año después, Sáenz-Gil y Pierucci visitaron la Casa Rosada para "compartir ideas, innovaciones y visiones sobre el futuro" con el presidente Mauricio Macri.
Las valijas tenían un valor de entre USD 250 y 500, según el modelo, y prometían solucionar el problema de los 25 millones de maletas que pierden las aerolíneas por año. No pudo ser.
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