Tras el concurso, el dueño de Peabody asegura que es ingrato ser empresario en Argentina y advierte: “La ilegalidad tomó el mercado”

El empresario apuntó a distorsiones vigentes, caída de rentabilidad y expansión de prácticas irregulares que, según describió, modificaron el funcionamiento del negocio de electrodomésticos. El futuro de la compañía

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peabody, dante choi
El dueño de Peabody, el coreano Dante Do Sun Choi, dialogó con Infobae a semanas de haber pedido el concurso preventivo

Dante Do Sun Choi es dueño de la firma de electrodomésticos Peabody y a comienzos de marzo tomó la decisión de avanzar con la reestructuración de sus pasivos y pedirle a la Justicia entrar en concurso preventivo. Su situación no escapa a la de muchas firmas del sector, y de muchos otros rubros también.

En una entrevista exclusiva con Infobae en el bar de un hotel boutique del barrio de Palermo, el empresario coreano, quien llegó a Buenos Aires con su familia a los 12 años y vivió indocumentado en Fuerte Apache durante varios años, expuso una “profunda tristeza” por el devenir del sector industrial y remarcó que, a pesar de estar agradecido por lo que le dio el país, “es muy ingrato ser empresario en la Argentina“.

Evitó referirse al pedido de concurso porque se encuentra en medio de las negociaciones, pero espera poder resolver la deuda que tiene con sus acreedores en el menor tiempo posible y mientras tanto evalúa de qué manera continuar operando en el país.

En la charla, el empresario repasó los factores que, según su visión, destruyeron la competitividad de la industria local y llevaron a su compañía a una situación límite. Responsable de una marca con más de veinte años de historia, relató que la asfixia impositiva, la presión regulatoria, la apertura de importaciones y el avance de la economía informal se combinaron para dejar a la firma al borde del colapso.

Antes de referirse a las políticas del actual gobierno, Choi cuestionó a la gestión anterior y la culpó de muchos de los problemas que arrastra la empresa. Tiempos de reuniones con la Secretaría de Comercio y adhesión a Precios Cuidados para obtener los permisos de importación. En ese momento, sumó el empresario, la empresa producía 800 artículos e importaba 200. Ése, para él, fue el “primer golpe”.

“Yo me pregunto en este momento si vale la pena seguir con mi negocio realmente”

A ese primer episodio le siguieron otros impactos que, según describió, profundizaron el deterioro de la compañía. Señaló que hacia fines de 2023 la empresa acumuló crédito fiscal retenido por IVA por unos $1.500 millones, que se licuó tras la devaluación y la inflación, y que recién pudo utilizar meses después. Luego, durante el primer semestre de 2024, enfrentó dificultades para pagar deudas con proveedores de China por las restricciones vigentes, lo que derivó en la pérdida de crédito y en la necesidad de cancelar obligaciones a costos mucho más altos.

Indicó que, tras una mejora de la demanda en la segunda mitad de ese año, el escenario volvió a cambiar a partir de 2025 con el aumento de importaciones y la caída de la rentabilidad. En ese contexto, sumó el impacto de la presión impositiva, los reclamos pendientes con el Estado y, principalmente, la expansión de la informalidad, que, según definió, terminó por alterar las condiciones de competencia en el mercado. En ese marco, el empresario sintetizó su diagnóstico sobre la situación actual del sector: “La ilegalidad tomó todo el mercado argentino”.

— ¿Cómo impacta esa situación en la competencia diaria?

— Impacta en todo. Porque ya no es solo competir con importados en condiciones normales. Es competir con productos que entran subfacturados, que no cumplen normas, que no pagan impuestos. La competencia se volvió imposible por la doble imposición de IVA y los altos costos, lo que lleva a la subfacturación.

— ¿Tiene ejemplos concretos?

— Hace diez años desarrollamos un ventilador de techo retráctil. El costo era 35 dólares, mientras en China costaba entre 55 y 100 dólares. Registramos el modelo y fuimos exclusivos nueve años. El año pasado aparecieron más de 200 marcas importando el mismo producto desde China, a 15 dólares.

peabody, dante choi
Según Choi, "la subfacturación y el contrabando eran marginales, ahora dominan el mercado”

— ¿A qué atribuye esa diferencia?

— Esa diferencia de costo se debe a que incumplen con la norma IRAM. La obligatoriedad de presentar el certificado para importar desapareció; ahora solo piden un QR posterior que muchos no cumplen. Son productos peligrosos.

— ¿Pudieron bajar costos?

— Bajamos el costo a 20 dólares, pero ahora los importan a 5 dólares. Es inviable. El 90% de los productos en el mercado no tiene certificación y hay subfacturación generalizada. Y se venden tanto en grandes retailers como en Mercado Libre y otros canales.

— ¿Sólo producían ventiladores?

— No, también hacíamos hornos eléctricos, licuadoras, pero todos los productos sufren dumping.

— ¿Ve lo mismo en otros sectores?

— Claro. Cuando Carrefour anunció su venta, Federico Braun, dueño de La Anónima, dijo que podía competir contra la cadena francesa, pero no contra la ilegalidad. El hipermercadismo perdió 20 puntos de market share en manos de la ilegalidad. A esto yo lo llamo la bolivarización de la economía argentina: en Bolivia, el 70% de la industria de electrodomésticos es contrabando. Ahora ocurre lo mismo aquí. Nuestro ventilador más barato se vendía a $199.000; el producto contrabandeado se comercializa a $65.000. Hoy la producción dejó de convenir, ni siquiera importar conviene, salvo subfacturando.

“En Bolivia, el 70% de la industria de electrodomésticos es contrabando. Ahora ocurre lo mismo aquí”

— ¿El modelo chileno es comparable?

— En Chile, la apertura es ordenada, no hay subfacturación ni ventas en negro. El consumidor paga más por marca y garantía. Pensé que la Argentina iría a ese modelo, pero adoptó el boliviano, donde la ilegalidad domina.

— ¿Hicieron denuncias?

— Sí, ante varios organismos oficiales, pero el sistema es tan lento que cuando aplican sanciones, el daño ya está hecho y las multas se apelan.

— ¿Cuál es la situación actual de la empresa en este contexto?

— Estamos en una etapa de reestructuración. En los últimos años invertí en tres fábricas: primero en Ezeiza, luego la mudé a La Tablada, y después abrí una en Paraguay. En la Argentina los costos son mucho más altos que en Paraguay, donde los impuestos y cargas son menores. Hoy la producción local es muy limitada, de trescientas personas pasamos a ciento cuarenta.

“No sé qué va a ser de mi vida en este momento. Estoy evaluando; depende de las circunstancias que ofrezca este país”

— ¿Considera solo importar?

— Yo me pregunto en este momento si vale la pena seguir con mi negocio realmente, porque en un país donde no hay reglas claras, tenés que competir contra la ilegalidad. Yo construí equity de una marca en base a innovación, diseño y calidad. Y en este momento la sociedad argentina valora otra cosa.

Sí, pero eso tiene un límite. En algún momento el consumidor se da cuenta si un producto es de mala calidad.

— Está bien, pero el problema es que siempre existió subfacturación y el contrabando en la Argentina, pero eran negocios marginales para el 10 o 15% del mercado; ahora es del 70 u 80 por ciento.

— ¿Cuál será el futuro de Peabody entonces en la Argentina?

— El problema es que acá en la Argentina ningún proyecto industrial es viable. Pero no es solamente eso, sino que ningún negocio regular dentro de la legalidad es viable, si esto sigue así. No sé qué va a ser de mi vida en este momento. Estoy evaluando; depende de las circunstancias que ofrezca este país. Mientras tanto, me da mucha tristeza, porque el equity de marca, el equity de la empresa que construí no es para este país. En otro, valdría muchísima plata. Eso es lo que me da una gran tristeza y depresión.