
Tras los malos datos de actividad de junio, que volvieron a marcar un retroceso respecto de la mejora que se había detectado en mayo, llegó julio con mejores noticias e indicadores. A los datos preliminares de diferentes sectores como construcción o industria automotriz, que marcaron notables subas respecto al mes anterior, se sumó un dato que marcaría un punto de inflexión en el proceso recesivo en el que está sumida la economía argentina.
Por primera vez en 10 meses, es decir, desde septiembre del año pasado cuando, precisamente, se señala el inicio de la recesión, crecieron las importaciones. Por supuesto, lo hicieron desde niveles muy bajos, y respecto al mes anterior -medidas sin estacionalidad-,mientras que siguen cayendo respecto del mismo mes del año pasado. Pero aún así la suba fue marcada con 14% de variación.
Es importante destacar que, si bien las importaciones de energía también se redujeron en julio respecto de junio, el rubro está eliminado de la cuenta para identificar precisamente la correlación con el aumento de la actividad al margen de las condiciones climáticas.
“Valores y cantidades importadas que continúan deprimidos en cuanto a nivel, pero que finalmente comienzan a dar señales de recuperación. Es decir, otro rebote abajo, pero rebote al fin. En particular si bien las cantidades importadas de los principales rubros siguieron cayendo en términos interanuales en julio (a saber:-10,7% para bienes de capital, -9,2% para bienes intermedios y -26,8% para partes y piezas de bienes de capital, entre
los más importantes), la serie con ajuste estacional de las cantidades importadas sin energía mostró la primera suba mensual desde septiembre de 2023 y la misma fue bastante significativa: +14%. Dicho valor se suma a otros datos primarios positivos que se vieron durante dicho mes”, apuntó la consultora Outlier, donde destacaron que, en definitiva, el saldo comercial positivo que se anunció el martes está basado no sólo en el bajo nivel de compras al exterior sino también en el salto de las exportaciones y el superávit de la balanza energética.
Respecto a la dinámica de las exportaciones, contribuyó la recuperación de los valores exportados, aun a pesar de la caída de los precios externos, A diferencia de lo que ocurre en otros rubros, como el consumo masivo, donde la alta base de comparación del año pasado hace imposible en el actual contexto moderar la variación interanual, en esta estadística la relación se invierte. Sin sequía, el buen resultado de las exportaciones llega de la mano de la mejor cosecha gruesa, que apalancó el desempeño del rubro productos primarios (38,4% anual en cantidades) y manufacturas de origen agrícola (41,9% anual en cantidades).

El otro factor clave en la dinámica de las exportaciones es la venta de energía, con un desempeño que mejoró casi 27% real anual. Incluso algunos rubros de exportaciones industriales anotaron subas, empujando a todo el sector. “También hay que resaltar que, en línea con los datos del sector automotriz, en julio volvieron a crecer en términos interanuales las cantidades exportadas de manufacturas de origen industrial 3%”, destacó Outlier.
La balanza energética es un capítulo aparte en el saldo comercial y también en la disponibilidad de divisas. A diferencia de junio, cuando se anotó el primer déficit del rubro, en julio volvió el superávit al sector con una balanza positiva de USD 214 millones. Eso lleva al saldo de los primeros 7 meses a rozar los USD 3.000 millones, casi el doble del déficit de USD 1.560 millones que se registró en el mismo período del año pasado. Con las cifras actuales, todo indica que se superarán las proyecciones de superávit de unos USD 3.500 millones.
El resultado de julio contrasta con el déficit de USD 369 millones del mismo mes del año pasado y alcanza así un promedio mensual algo por debajo de los USD 450 millones. De sostenerse el promedio en esos niveles hasta fin de año, ingresarían al mercado más de USD 1.500 millones más, la mejor noticia para el Banco Central.
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