
Como el propio Sergio Massa expresó, el canje de deuda en pesos que se lanza formalmente el jueves próximo y finaliza el lunes tiene como objetivo “despejar los fantasmas de un nuevo reperfilamiento”. Un nuevo default de bonos en moneda local, como el sucedido en 2019, hubiera resultado catastrófico para el sistema financiero y seguramente hubiese sacudido en forma peligrosa la confianza de los ahorristas.
Más allá de las críticas de la oposición, tanto desde el equipo económico como desde el sistema financiero coincidían en que “algo había que hacer” antes de enfrentar la pared de vencimientos que se estaban acumulando antes de junio, o sea justo antes de las PASO, que tendrán lugar en la segunda semana de agosto.
Los mercados reaccionaron favorablemente y era esperable: se eliminó o se redujo sustancialmente el peligro que implicaba la millonaria acumulación de deuda en pesos previo a las PASO. Los tipos de cambio cotizaron a la baja. El dólar libre cayó casi 1% hasta $ 372 y los dólares financieros también aflojaron.
Justamente uno de los mayores peligros radica en que los tenedores de títulos en moneda local busquen dolarizarse en los meses previos a las elecciones. Para reducir ese riesgo, la mejor (y tal vez única) opción disponible que tenía Massa era llevar adelante un canje que alargue sustancialmente los plazos. A eso apunta la operación anunciada ayer, con títulos que vencerán en forma escalonada: 30% en abril de 2024, 40% en octubre de 2024 y 30% en febrero de 2025.
Como era esperable los títulos en pesos subieron a lo largo de todo el tramo de la curva. Incluso hay inversores que compraron los más cortos para entrar en el canje y quedar invertidos a mediano plazo en un bono que ajusta por inflación o que directamente ofrece cobertura en caso de un salto devaluatorio.
Pero además también treparon 1,8% en promedio los bonos dolarizados, lo que llevó el riesgo país a una caída de 44 puntos, hasta 2.047 unidades. Esto significa que la noticia generó una lectura favorable entre los inversores, que veían la acumulación de deuda en pesos como una cuestión de alto riesgo en el corto plazo. Ahora sigue siendo un tema de riesgo, pero que claramente pasó para más adelante.
Si bien el frente de pesos ahora luce más destacado, el verdaderamente acuciante que el Gobierno tiene por delante está relacionado con el mercado de dólares. Allí se dará la verdadera batalla de este 2023 y es lo que ya está complicando el panorama económico y también el político.
Las últimas estimaciones agregaron incluso más dramatismo. Según la estimación de CREA, las pérdidas totales que podría generar la sequía llegarían a los USD 20.000 millones, una cifra dramática para un país como la Argentina, que sigue teniendo una enorme dependencia de su sector agroexportador.
La merma en el ingreso de divisas ya se siente en la caída de las importaciones y su impacto negativo en la actividad económica. Todos los indicadores ya revelan que la economía entró en recesión, de la que resultará muy difícil salir en los próximos meses. Las nuevas estimaciones de consultoras locales indican que el PBI podría terminar el año con una caída del 1,5%.
También se vio resentida la recaudación. En febrero se notó fuerte la disminución de ingresos por derechos de exportación, lo que provocó que los ingresos aumentaran un 82%, casi 20 puntos menos que la inflación.
Pero todavía queda la peor parte: el impacto de la merma de dólares en el balance cambiario. La caída de reservas brutas, según estimó Delphos Investment, podría llegar a los USD 10.000 millones a fines de 2023. Por eso, el equipo económico está terminando de definir en Washington cuáles serán las nuevas metas de reservas que habrá que cumplir con el FMI. El organismo aceptó flexibilizarlas, ante el efecto negativo que esta sequía histórica traerá aparejada en las exportaciones argentinas.
Ésa es la pelea de fondo que tendrá que dar Massa en los próximos meses. Y para eso no hay negociación con bancos ni canjes posibles. El impacto sobre la actividad y el nivel de reservas ya es un hecho. Solo queda minimizar los efectos negativos y conformarse con mantener cierta estabilidad cambiaria en los meses que se avecinan, lo cual ya es bastante pedir.
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