
Con el arranque a partir de hoy de la segunda versión del dólar soja, Sergio Massa busca fortalecer las reservas del Banco Central y así ponerle un freno o al menos suavizar la escalada del tipo de cambio. Pero esta medida tiene efectos colaterales que también habrá que seguir de cerca: la emisión monetaria adicional por la compra de divisas a $230 versus un dólar oficial de 170 pesos.
La expansión de dinero por la compra de dólares a un precio más caro no estaba en los cálculos previos y será un dato a monitorear para lo que resta del año. Sucede que diciembre es un mes de alto déficit fiscal, lo que requerirá alrededor de un billón de pesos de emisión por parte del BCRA cubrir el agujero del Tesoro.
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Por lo tanto, entre la compra de divisas a un tipo de cambio diferencial y la emisión para cubrir el rojo fiscal de fin de año sumaría un piso de expansión monetaria de $ 1,2 billones. A eso habría que sumarle otros $ 500.000 millones mensuales correspondientes a los intereses de las Leliq, lo que haría un total de $ 1,7 billones.
Semejante cantidad de pesos que se volcarán al mercado quedará en manos del público y de las empresas, considerando que en diciembre aumenta la demanda de dinero por el pago del medio aguinaldo, las fiestas y las vacaciones.
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Sin embargo, ya a mediados de enero este efecto se va suavizando y obligará al BCRA a salir a absorber en forma agresiva esos pesos excedentes. Se trata de un aspecto delicado, ya que en varias oportunidades de la historia argentina los primeros dos meses del año suelen ser turbulentos a causa de esta fuerte expansión de la cantidad de dinero.
El peligro de semejante aumento de la cantidad de dinero es que la demanda de pesos del sector privado se mantenga baja o incluso siga cayendo. En ese escenario, el Central debería actuar rápidamente absorbiendo ese dinero que “sobra”.
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Si no lo hace adecuadamente, la consecuencia puede ser una mayor presión sobre los dólares financieros, la brecha cambiaria y por ende también sobre la inflación.
El ministro de Economía eligió lo que en este momento considera el mal menor, es decir poner como prioridad el fortalecimiento de las reservas, aunque arriesgando a una mayor presión sobre la inflación en el futuro cercano.
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El economista Diego Giacomini explicó así los peligros que se avecinan: “Un dólar soja que cohabite con la emisión monetaria de fin de año. Solo potencia aún más los desequilibrios monetarios que redundarán en más problemas del dólar e inflación en la película”.
En ese sentido, agregó que “Massa ya lleva los pasivos monetarios a casi 14 billones de pesos y a 210% de la base monetaria. Y el próximo dólar soja los aumentará exponencialmente”.
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La licitación de bonos que tiene por delante el Tesoro esta semana también refleja la situación delicada relacionada con la demanda de pesos. Con vencimientos por $ 260.000 millones, mayoritariamente en manos privadas, los cinco nuevos títulos a colocar vencen antes de las PASO del año próximo, es decir antes de agosto 2023.
La acumulación de deuda en pesos se agrava de manera notable a partir de abril del año que viene, porque los inversores no parecen dispuestos a refinanciar deuda que venza más allá de las elecciones. La incertidumbre sobre los pasos del futuro gobierno y el temor a que la millonaria deuda en pesos se vuelva imposible de pagar pesan cada vez más entre los inversores.
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En la medida que los tenedores de títulos no estén dispuestos a refinanciar, el Central deberá salir a emitir para recomprar la deuda que vence. Según estimaron desde la Fundación Mediterránea, el BCRA estaría emitiendo a razón de $ 250.000 millones mensuales con ese objetivo, aunque lo hace directamente en el mercado secundario, es decir de manera más sigilosa.
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