
Febrero empezó con el sinsabor de la expectativa de continuidad de la aceleración de la inflación que se observa desde octubre-noviembre 2020, acicateada por la suba de los combustibles y de autorizaciones de aumento de diversos precios regulados, tanto de servicios públicos como privados.
Además, muchas familias se encontraron con incrementos muy superiores al de sus ingresos en la canasta escolar, al confirmarse la reapertura de las clases presenciales, aunque de modo parcial, en particular en los casos de los sistemas educativos con doble escolaridad.
Y para peor, el Gobierno no logra agilizar el proceso de llegada al país de las vacunas contra el COVID-19, y consecuentemente la logística de la vacunación de la población objetivo en la primera etapa.

Todos esos factores confluyeron para que el índice de confianza del consumidor que para la Escuela en Finanzas de la Universidad Torcuato Di Trella elabora la consultora sociopolítica Poliarquía registrara en febrero la tercera caída consecutiva, en este caso de 1,1%, en línea con el índice complementario de baja de la Confianza en el Gobierno por parte de la población.
Una vez más, el componente determinante del aumento del mal humor de la sociedad argentina que se manifiesta en el peor índice desde mayo de 2019, es el deterioro de la situación macroeconómica, porque la fuerte baja del PBI, la pérdida de puestos de trabajo y la consecuente disminución del poder de compra de los salarios e ingresos de los trabajadores independientes y de las empresas se agrava con la aceleración de la inflación, la cual no ofrece perspectiva de desaceleración en el corto plazo.

Y si bien la crisis sanitaria que comenzó sobre fines de marzo de 2020, cuando el Gobierno asumió el fenómeno y dispuso el inicio de una larga cuarentena para la mayor parte de la sociedad fue el disparador del declive, aunque desde junio comenzó un proceso de subibaja, para recuperar la confianza, lo cierto es que la caída del 11,6% acumulada en comparación con un año atrás, con un desagregado muy heterogéneo: bajó 15,2% en el Gran Buenos Aires; 9,3% en el interior del país y apenas 2% para el caso de los habitantes en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, llevó el índice general al nivel más bajo desde mayo de 2019, cuando la inflación era más alta que ahora, pero la recesión era notablemente menor.
De ahí que no se trata de un fenómeno aislado, el día anterior, la misma casa de altos estudios había comunicado que el índice de confianza en el Gobierno había registrado en febrero una baja de 20% en comparación con el momento previo a la irrupción del covid-19 en la Argentina.

“Desde que comenzó la pandemia, el Índice de Confianza del Consumidor (ICC) tuvo un primer período de claro declive, con una caída de 10,7% a julio del año pasado, en comparación con febrero de 2020. Luego, coincidente con las flexibilizaciones de la cuarentena, vino un período que, con altibajos, deja al índice a noviembre de 2020 un 7% por encima de julio. Pero desde noviembre se observan tres meses consecutivos de caídas, acumulando una contracción, a febrero de 2021, de 7,6 por ciento”.
El sondeo de opinión fue realizado entre el 1 y el 17 de febrero, antes que surja el “Vacunagate”, por lo que la medición de febrero no está afectada por este evento, aclara el Informe del Centro de Investigación en Finanzas, sobre la base de la medición de Poliarquía a un universo de 1.205 personas que residen en 40 ciudades de todo el país.
“En la comparación regional se vienen observando movimientos heterogéneos mes a mes, pero hay una tendencia clara: desde que asumió el presente gobierno nacional, la confianza del consumidor cayó mucho más en el interior. Si se compara febrero de 2021 con diciembre de 2019, el índice bajó 9,5% en la Ciudad de Buenos Aires y 7,4% en el Conurbano, y se acentuó a 17,3% en el interior del país”, revela el informe privado. Aunque si la referencia es febrero 2020 la brecha regional muestra mayores bajas en GBA e interior que en CABA.
Expectativas de compra de bienes durables
“En cuanto a los componentes del índice, como se viene observando desde el comienzo de la pandemia, los hogares creen que es un buen momento para comprar bienes durables, sobre todo inmuebles y rodados. Este componente sube 4,7% respecto a enero, y 52,8% respecto a febrero de 2020. El aumento de este mes en bienes durables que, a excepción de los inmuebles, suelen tener un elevado componente importado, podría explicarse por la apreciación del tipo de cambio oficial, ya que la devaluación viene a un ritmo más lento que la inflación, así como la anticipación de restricciones futuras a la importación”, estiman los analistas del CIF de la Di Tella.

Y agregan: “En el otro extremo la percepción sobre la Situación Macroeconómica sigue siendo mala y en retroceso. El subíndice de Situación Macroeconómica baja 6,2% respecto a enero, y 26,5% interanual. La Situación Personal se mantuvo estable en febrero, pero este subíndice muestra una contracción de 18,3% en la comparación interanual”.
Y como suele ocurrir en los procesos de aceleración de la tasa de inflación por nivel educativo, al que se toma como una aproximación al nivel de ingresos del individuo, se observó en febrero que para ambos grupos disminuyó la confianza, pero más para los de nivel inferior. “En la comparación interanual, son los hogares de nivel bajo los que muestran una mayor caída en la confianza, 16,4%, mientras que entre los más altos la disminución fue de 6,2 por ciento.

Las expectativas presentes bajaron a un nivel muy débil de 29,4 puntos, aunque resultó 2,5% mejor que en enero y 18,2% respecto de la que se tenía un año antes; pero por el contrario, y previo al episodio de la crisis que afecta al Gobierno por el proceso de vacunación contra covid-19, las expectativas hacia adelante, con un índice de 46,2 puntos, acusaron sendos caídas de 3,3% en el mes y 23,8% en comparación con las que se tenían antes del inicio de la crisis sanitaria.

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