
Apenas un día le duró al Banco Central la tranquilidad. Sólo el martes consiguió terminar con un saldo levemente comprador en el mercado cambiario. A partir del miércoles volvieron las ventas, a razón de USD 30 millones diarios, a pesar del estricto cepo cambiario y también a pesar de que los ahorristas a esta altura del mes llegan con los bolsillos flacos para seguir comprando el límite mensual de USD 200. La proyección confirma, tal como calculó Infobae la semana pasada, que el mes podría terminar con una intervención total de USD 1.000 millones.
Seguir perdiendo reservas a este ritmo es un verdadero lujo que se permite el Gobierno. Si bien el stock informado se mantiene casi inmóvil en USD 43.200 millones, los dólares líquidos para intervenir no superan los USD 5.000 millones. Luego habría que vender el oro (hay un equivalente a USD 4.000 millones) o gatillar el swap con China para que pueda aplicarse a la intervención del mercado cambiario. Por ahora no se optó por ninguna de las dos.
El Gobierno sigue indeciso sobre qué hacer con el mercado cambiario. El ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, alienta la “sustitución de importaciones” para que la industria demande menos divisas, incluso para la compra de materias primas para la producción. Y al mismo tiempo la idea es incentivar a sectores que pueden “producir” dólares a través de exportaciones. Empezando con el campo, las economías regionales, pero eventualmente también la energía y la industria del conocimiento.

Estas ideas de promover al sector exportador y crear cadenas de valor locales para abastecer a la industria son el larguísimo plazo para la Argentina. El mercado cambiario atraviesa un momento muy acuciante y los tiempos para tomar definiciones son cada vez más cortos.
Esta semana habrá novedades que serán relevantes para la evolución del tipo de cambio. El viernes es el último plazo para entrar al canje de deuda. Todo indica que la adhesión será masiva y el Gobierno se anotará un triunfo, ya que no quedarán fondos buitre o “holdouts” con posibilidades de litigar en tribunales neoyorkinos.
La expectativa oficial es que un buen cierre en al reestructuración de la deuda mejore el clima con la Argentina y lentamente permita ir recuperando la confianza de los inversores. Ese escenario llevaría al ingreso de dólares para comprar bonos y acciones argentinas, lo que a su vez achicaría la elevada brecha cambiaria. Esta semana el dólar informal tocó los $138 y el “contado con liquidación” superó los $130.
La apuesta del ministro de Economía, Martín Guzmán, es que el mercado se calme “por las buenas”, sin necesidad de nuevas medidas restrictivas. Pero en los últimos días la ansiedad continuó creciendo y hubo rumores de todo tipo. Desde el BCRA aclaran que no habrá modificaciones en el cepo cambiario, pero al principio de la frase se ocupan de aclarar: “Por ahora”.

La sensación es que el margen es cada vez más estrecho para seguir sin actuar. Pero las opciones no son fáciles. Cuanto más se corte el acceso al dólar “solidario” mayoría sería el aumento del tipo de cambio informal, es decir alentaría a un incremento aún mayor de la brecha. Y esto desataría más inflación y presiones devaluatorias.
El titular del BCRA, Miguel Pesce, dejó en claro esta semana a través del informe de Política Monetaria que el aumento del tipo de cambio oficial continuará siendo “acotado”. En los últimos meses, el dólar aumenta a un ritmo de 2,6% mensual y las subas diarias hacen recordar a la “tablita” que implementaron otros gobiernos en el pasado. Los finales de estas historias nunca han sido buenos, pero en esta ocasión hay algo que juega a favor: la cotización de $77 no luce tan atrasada como en otros episodios.
Evitar una nueva crisis cambiaria es, por lo tanto, la prioridad que tiene por delante el Gobierno. No será una tarea sencilla, en un contexto de recesión, gran emisión de pesos para hacer frente a la pandemia y un Banco Central con una debilitada última línea de defensa, que son las reservas. Un nuevo episodio de devaluación brusca generaría un fuerte impacto sobre la inflación, con una caída adicional de los salarios.
Mientras tanto el equipo económico avanza con una serie de medidas para que la incipiente reactivación no tenga vuelo corto. Se apunta a llegar con una recuperación más consolidada en 2021 y que deje atrás el derrumbe generado por la pandemia y el cierre de fábricas y comercios.
Los pilares del plan serían básicamente tres. Por un lado impulsar el “consumo reprimido”, luego de un año atípico en el que sólo se gastó básicamente para la compra de productos esenciales. Además, habrá nuevas líneas de crédito a mediano y largo plazo para apuntar a las empresas que quieran invertir. Esto sería acompañado por programas que premien la creación de empleo. Además habrá un fuerte impulso a la construcción, que se percibe como uno de los sectores con mayor potencial para alentar la recuperación económica. Los costos en dólares para construir por metro cuadrado ya son tan bajos como en 2002.
Las miradas están puestas en el proyecto de Presupuesto 2021. Allí no sólo estarán explicitadas las principales medidas del plan, sino también cuál será el déficit fiscal proyectado. Por lo pronto, Alberto Fernández aseguró que su intención es alcanzar el equilibrio presupuestario “lo antes posible” aunque no habló de plazos.
Pero en la Argentina aparecen todo el tiempo nuevos desafíos. La decisión del Presidente de definir como “servicio esencial” a la telefonía celular e Internet genera nuevos interrogantes sobre el rol del Estado y el famoso clima de negocios. ¿Quién invertirá si todas las tarifas están congeladas? ¿Cuál será el incentivo para seguir mejorando o expandiendo la red con estos cambios permanentes de las reglas de juego?
La rapidez de la banda ancha y la conectividad son hoy más importantes que nunca para el desarrollo de cualquier negocio. El teletrabajo, por ejemplo, no podría desarrollarse adecuadamente si las conexiones son inestables. Si ya el servicio actual mostraba deficiencias, no es difícil imaginar qué puede suceder en 12 o 24 meses si las empresas no tienen incentivos para invertir. Y esto es válido para casi todos los sectores de la economía.
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