Hermanas de oro y plata, su victoria se produjo mucho antes de subirse al podio
Hermanas de oro y plata, su victoria se produjo mucho antes de subirse al podio

Cuando Dayana Sánchez vio la medalla de oro que ganó Rodrigo Marte de la Rosa el día previo a su pelea, se terminó el mundo. La conversación se silenció abruptamente por la reacción de la hermana más grande que se llevó la de plata al caer frente a Beatriz Soares Ferreira. "Mirá lo que es eso", dijo sin pensar. Con los ojos abiertos, las manos tapándose la boca y la mirada puesta en la presea que había conseguido el dominicano en su combate contra el cubano Yosbani Veitía Soto, la cordobesa volvió en sí con otra frase que no iba dirigida a nadie más que ella: "La voy a matar, quiero pelear ya"

Ella no tuvo promesas, ni cábalas, ni rituales. Sólo una verdad: "La voy a matar". Después de observar cómo Leonela se consagraba en el Coliseo Miguel Grau ante la brasileña Jucielen Cerqueira, Day fijó su objetivo en su rival. Si bien el resultado no fue el esperado, el segundo escalón del podio es un buen argumento para celebrar.

La pelea de las Sánchez comenzó mucho tiempo antes. Durante sus días de adolescentes en el barrio Juan Pablo II, su padre se convirtió en un adicto violento que atentó contra la estabilidad de la familia.

Desde chiquita, Dayana se sintió la protectora de Leonela
Desde chiquita, Dayana se sintió la protectora de Leonela

Víctor Hugo, el ex púgil que inició a sus hijas en su apasionado deporte cuando colgó los guantes, se había desbarrancado. "Mi mamá era muy dependiente de él. No sabía manejarse sola", explicó Day en diálogo con Infobae. A pesar de los reiterados intentos por ayudar a su papá, la situación no dio para más cuando a los excesos se le sumó la infidelidad. "Mami, nosotras no queremos esta vida. Vas a tener que hacer algo", le dijo Dayana a Rosa después de sufrir otro oscuro capítulo en su hogar.

Además del rol protagónico que tomó la hermana mayor, gracias a su personalidad protectora, la religión fue otro de los factores determinantes para contener a las chicas. Rosa, Dayana, Leonela y Tania (la menor de las tres) se ampararon en la iglesia para olvidar las escenas más dolorosas que se produjeron en el humilde barrio de Córdoba.

La lectura de la Biblia (incluso antes de subir al ring) fue la clave para salir adelante. "Si te portás mal, no te dejo ir a la iglesia", era la advertencia de la mamá cuando sus hijas amagaban con cometer alguna desobediencia.

"Cuando cortamos la relación con mi viejo, fue también terminar el vínculo con mi entrenador", aclaró Day. Sin embargo, el sacrificio y la perseverancia fueron su esencia para continuar ligadas al boxeo.

Nada como ir juntas a la par
Nada como ir juntas a la par

Sin su coach, Dayana y Leonela continuaron yendo al gimnasio. No tenían ninguna rutina por seguir, ni recibían indicaciones de los más experimentados. "Nos poníamos cuarteto en el celular, y cuando terminaba cada canción teníamos que cambiar el ejercicio. Era la forma de llevar el control del tiempo", reveló entre risas la más grande.

"Se complementan muy bien. Cuando no está su hermana, a Leo le cuesta un poco más y no consigue los mismos resultados. Por suerte las dos se van de Lima con una medalla cada una", le dijo a Infobae Fabricio Nieva, entrenador actual del binomio que gestó la hazaña.

Hoy la realidad es totalmente opuesta. La felicidad por las medallas forman parte del cierre de una etapa extraordinaria. Incluso Leonela se atrevió a bromear con la presentación de los locutores cuando se preparó para su último combate: "¿Cómo me van a decir Leonela Rosa? Qué nombre fiero me puso mi vieja, ¿no? Faltaba que dijeran el tercero y me mataban"

Leonela festeja la histórica medalla de oro en los Juegos Panamericanos de Lima
Leonela festeja la histórica medalla de oro en los Juegos Panamericanos de Lima

Leonela Rosa Noemí Sánchez se convirtió en la primera argentina en ganar una medalla dorada en la historia del boxeo de los Juegos Panamericanos. "Seguro que mamá pensó en mi futuro. Ahí me van a decir Doña Rosa", continuó La Monita a plena carcajada y tonada cordobesa.

Tras su retorno al país, cada una seguirá su camino por rumbos diferentes. Aunque la escala será la misma: el deseo de Tokio 2020.

Una vez finalizada la cita en la capital japonesa, Dayana continuará preparándose en su nuevo ciclo olímpico con la meta puesta en París 2024. En cambio, Leo dejará el amateurismo para incursionar en el profesionalismo. Más allá del destino en que concluya cada una, ellas ya ganaron. Y lo hicieron mucho antes de subirse al podio.

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