
Las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte a nivel mundial y las estatinas, medicamentos que reducen el colesterol LDL (llamado vulgarmente “colesterol malo”), son una herramienta fundamental para disminuir el riesgo de infarto y accidente cerebrovascular.
A pesar de la sólida evidencia científica que durante varias décadas respalda su seguridad y eficacia, las estatinas enfrentan desde hace años una percepción negativa injustificada. Esta demonización proviene tanto de los mitos que circulan en redes sociales sobre sus efectos adversos como, de forma más reciente, de una interpretación errónea de las nuevas guías de lípidos de la American Heart Association (AHA) y el American College of Cardiology (ACC) publicadas en marzo pasado.
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El reconocido cardiólogo argentino Oscar Cingolani, profesor en la Universidad Johns Hopkins y director asociado de la Unidad de Cuidados Coronarios del Hospital Johns Hopkins en Baltimore, Estados Unidos, advirtió en diálogo con Infobae sobre el riesgo de interpretar de forma errónea las nuevas recomendaciones puede llevar a suspender o no iniciar el tratamiento con estatinas, con importantes consecuencias para la salud.
Según el especialista, el escepticismo que rodea a las estatinas, junto a una interpretación equívoca de estas nuevas directrices científicas, crea un combo explosivo para millones de pacientes con riesgo cardiovascular.
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“No hay drogas, en la historia de los últimos años que hayan bajado la mortalidad cardiovascular y la insuficiencia cardíaca, infartos agudos de miocardio y accidentes cerebrovasculares, como lo han hecho las estatinas”, enfatizó a Infobae desde Baltimore.
La preocupación de Cingolani se centra en el impacto que han logrado tener ciertos detractores de la ciencia al incentivar a abandonar o a no iniciar el tratamiento para el colesterol elevado en pacientes que sí cumplen criterios médicos: “Vemos a diario pacientes con hipercolesterolemia (colesterol alto) que no quieren tomar estatinas porque están convencidos de que les producen demencia, depresión o que gran parte de los síntomas que padecen son secundarios a estos medicamentos. Eso es un problema, ya que gran cantidad de éstos, son los pacientes que, al posponer el tratamiento, se presentan años después con un accidente cerebrovascular o un infarto agudo de miocardio”.
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El colesterol LDL (colesterol malo) es el factor principal en la formación de placas de aterosclerosis. Estas moléculas penetran las paredes de las arterias, y las obstruyen progresivamente hasta causar síntomas, como ser falta de aire u opresión en el pecho durante un ejercicio (llamada angina de pecho) o peor; se produce una ruptura de estas placas y tapa la arteria de manera abrupta, lo cual se ve en los infartos de miocardio.
Las guías actualizadas, publicadas en marzo de 2026, apuntan a una intervención cada vez más personalizada y temprana: el nivel de colesterol LDL se ajusta según el riesgo individual, y la terapia farmacológica se recomienda si los cambios de estilo de vida no resultan suficientes; o conjuntamente en pacientes con riesgo cardiovascular moderado o alto.
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Qué dice la guía actualizada para el manejo de lípidos y colesterol

Las directrices actualizadas de la American Heart Association y el American College of Cardiology, junto a otras nueve sociedades médicas, reúne recomendaciones para la evaluación y el tratamiento de las alteraciones en los lípidos sanguíneos, como el colesterol y los triglicéridos, con el propósito de reducir el riesgo de enfermedad cardiovascular aterosclerótica, principal causa de muerte a nivel global.
El documento fue publicado en marzo en las revistas JACC y Circulation, las principales publicaciones de ambas instituciones.
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Un avance central de la nueva guía es la introducción del algoritmo PREVENT-ASCVD, que permite estimar el riesgo de infarto y accidente cerebrovascular a 10 y 30 años en adultos de 30 a 79 años sin antecedentes de enfermedad cardiovascular y con LDL-C entre 70 y 189 mg/dl. Esta herramienta ajusta las intervenciones según el riesgo individual y, según las entidades médicas, mejora la precisión frente a métodos previos que sobrestimaban el riesgo real en un 40 a 50%.
El objetivo clínico es alcanzar y mantener niveles más bajos de colesterol LDL y limitar la exposición prolongada a lípidos no saludables, comenzando por cambios en el estilo de vida —como dieta, actividad física, control del peso, evitar tabaco y priorizar el descanso— y sumando medicación bajo indicación profesional si los valores no se normalizan.
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La guía enfatiza que el tratamiento con estatinas continúa siendo la base farmacológica para el manejo del colesterol elevado. Si, tras los ajustes en los hábitos, los niveles de colesterol LDL persisten elevados, la recomendación es considerar otros fármacos como ezetimiba, ácido bempedoico o anticuerpos PCSK9, siempre adaptando la elección al perfil del paciente, pero sin desplazar a las estatinas de su rol central, a menos que éstas no sean toleradas.
Según las entidades, “para prevenir un primer infarto, el objetivo de colesterol LDL debe ser inferior a 100 mg/dl en personas de riesgo intermedio y menor a 70 mg/dl en pacientes de alto riesgo”. Uno de los puntos principales de las nuevas guías insiste en el tratamiento precoz. Levar el colesterol a niveles bajos lo antes posible.
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Las falsas creencias sobre las estatinas y riesgos de abandonar el tratamiento
Si bien las estatinas como todo medicamento, pueden causar efectos adversos, éstos son mucho más infrecuentes de lo que antes se creía, y en casi todos los casos, éstos desaparecen luego de su interrupción.
La importancia de la continuidad del tratamiento es un punto crítico según Cingonali: “Existe una falsa creencia: que el uso de estatinas está impulsado por la Big Pharma. Y en realidad no solo hay evidencia científica respaldada por décadas de investigación, sino que hoy en día, la industria farmacéutica no tiene interés relevante en las estatinas. Ni siquiera tienen patentes activas y son en la actualidad drogas muy económicas, producidas por múltiples laboratorios”.
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Cingolani mencionó que, en la práctica clínica observa muchos pacientes reticentes al tratamiento con estatinas convencidos de síntomas que estos fármacos no causan. El especialista advirtió que “esto implica un riesgo grave, ya que quienes postergan o evitan el tratamiento del colesterol elevado terminan presentando complicaciones graves, como accidentes cerebrovasculares o infartos agudos de miocardio".
“También es clave el seguimiento médico regular, ya que suspender las estatinas sin indicación en pacientes con enfermedad coronaria diagnosticada puede representar un riesgo innecesario“, sumó el experto.
“Lo más importante, y lo que ha cambiado, es que teniendo el colesterol ‘malo’ bajo, y desde joven, es lo que hace la diferencia”, enfatizó Cingolani. Al tiempo que resaltó: “El colesterol cumple funciones fisiológicas solo en la niñez y juventud, y a valores muy inferiores a los que antes se consideraba normales. Luego de los 30 años de edad, cuanto más bajo, mejor".
“La evidencia muestra que en pacientes con placas de arteriosclerosis, bajar el colesterol LDL a niveles por debajo de 50 mg/dl se asocia con leve regresión del tamaño de la placa aterogénica, y estabilización de la misma, con menor posibilidad de que se rompa y produzca un infarto de miocardio”, completó Cingolani.
Riesgos de la mala interpretación del score de calcio coronario
El especialista describió el impacto que han tenido las nuevas guías de lípidos de la American Heart Association: “Se dio una recomendación muy alta para el score de calcio coronario, que se obtiene a través de una tomografía computada con baja radiación para ver si uno tiene calcio”.

Cingolani advirtió sobre las limitaciones de la prueba de calcio coronario: “El principal problema de este estudio es que solo detecta la placa calcificada (dura), sin identificar las peligrosas placas blandas que pueden romperse y provocar infartos”. Si bien considera que esta herramienta puede ser útil para evaluar el riesgo a largo plazo en pacientes asintomáticos, señaló que “no muestra el grado exacto de obstrucción ni detecta lesiones invisibles al escáner”.
En su experiencia clínica diaria, Cingolani observa que pacientes sin calcificación detectable pueden igualmente sufrir infartos, ya que las lesiones arteriales peligrosas no siempre se identifican con las técnicas actuales; sobre todo en los más jóvenes. Interrumpir el tratamiento bajo criterios insuficientes incrementa el costo humano de manera evitable, independientemente del resultado de un único análisis.
Cingolani remarcó: “Hay un uso indiscriminado del score de calcio coronario y muchas veces vemos ataques cardíacos, infartos de miocardio, en pacientes jóvenes o en quienes la placa todavía no está calcificada”. En ese sentido, fue contundente al afirmar que la ausencia de calcio en el examen no debería justificar la suspensión del tratamiento con estatinas, sobre todo en pacientes con otros factores de riesgo.
“Por otro lado, el score de calcio coronario no tiene ningún valor asociado en la mayoría de los pacientes que ya están recibiendo estatinas por años, sobre todo en ancianos. En muchos de estos pacientes es esperable la calcificación de las arterias, y saberlo no cambia el tratamiento”, repasó el experto.

“El score de calcio coronario solo está indicado en una minoría de pacientes con colesterol levemente aumentado y riesgo cardiovascular intermedio, quienes prefieren no tomar estatinas. En este grupo acotado, el no tener calcio, podría postergar por cierto tiempo el comienzo del tratamiento”, cerró Cingolani.
Las consecuencias para la salud pública de subestimar a las estatinas
Según el especialista entrevista por Infobae, la tendencia a abandonar o no iniciar las estatinas -cuando hay una clara indicación médica- ya sea por temor, desinformación o interpretaciones desacertadas de las guías amenaza con revertir los avances logrados en las últimas décadas en prevención cardiovascular.
Los ensayos clínicos demuestran que el tratamiento continuado con estatinas disminuye de forma comprobada el riesgo de eventos graves y muertes prematuras. En especial, iniciar el tratamiento de manera temprana puede reducir en un tercio el riesgo de infarto en pacientes con diabetes, lo que ilustra el daño potencial de interrumpir la medicación sin justificación clínica.

El especialista advierte que la difusión de información incorrecta puede convertirse en un verdadero peligro para la salud pública, por lo que insiste en la importancia de no basarse exclusivamente en resultados de pruebas aisladas o interpretaciones erróneas para suspender terapias preventivas.
Remató Cingolani: “No hay nada mejor para la salud cardiovascular que comer sano, no fumar, hacer ejercicio físico en forma regular y dormir al menos 7 horas por día. Pero si esto no es suficiente para mantener el colesterol en niveles aceptables o tenemos factores de riesgo cardiovasculares, siga las indicaciones de su médico especialista”.
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