Fabricio Nieva junto a una de las hermanas Sánchez (@dayanasanchez515)
Fabricio Nieva junto a una de las hermanas Sánchez (@dayanasanchez515)

Todavía está exultante. Sus ojos vidriosos son una muestra de la emoción que le provocó la histórica victoria de Leonela Sánchez en los Juegos Panamericanos de Lima, la primera medalla de oro argentina para el género femenino en la disciplina que ama.

"Somos el segundo mejor equipo de los últimos 50 años. Desde 1969 que no se lograban estos resultados, salvo por los Juegos del 99 en Winnipeg", le dijo a Infobae Fabricio Nieva, el entrenador de las hermanas que aportaron dos preseas en la cita incaica.

Para llegar al éxito el cordobés apostó por la contención familiar. Como las chicas del barrio Juan Pablo II padecieron una infancia complicada, producto de los excesos de su padre, Dayana, la mayor que hoy peleará por llegar a lo más alto del podio ante la brasileña Ferreira Soares, ocupó el rol de protectora. "Se complementan muy bien. Cuando no está la hermana, a Leo le cuesta un poco más y no consigue los mismos resultados. Por suerte las dos se van a ir de Lima con una medalla cada una", analizó Nieva.

Fabricio Nieva escapó a Suecia porque su padre era un exiliado político (@alaveradelring)
Fabricio Nieva escapó a Suecia porque su padre era un exiliado político (@alaveradelring)

Las protagonistas fueron ellas, pero la historia que hay detrás del coach que lideró al equipo argentino en Perú no puede pasar desapercibida. "Soy cordobés, criado en Suecia, instalado en La Matanza", afirmó con una frase que emitió a una velocidad tan pronunciada que las palabras se tropezaron en una mezcla idiomática.

¿Suecia? El país escandinavo llama la atención y su estadía en Europa se remite al pasado oscuro que atravesó la Argentina durante la década del setenta. "A los 5 años me tuve que ir con mis padres, porque mi viejo es un exiliado político", explicó con una naturalidad ajena a la esperada.

Su niñez, adolescencia y juventud se formaron en una cultura muy distinta a la que tenía planeada, aunque el boxeo siempre estuvo en su esencia. "Viví 18 años allá. Empecé como juvenil y fui consiguiendo buenos resultados", aseguró el ex púgil que en su pasado cuenta con dos campeonatos nacionales del país nórdico.

Su talento le permitió representar a Suecia en el Mundial, "pero siempre tiraba la sangre para volver", dijo con una clara muestra de afecto que supera cualquier rencor que se le pudo generar durante el gobierno de facto. "Nunca nos planteamos quedarnos instalados definitivamente ahí", continuó.

(@eneldeportengo1)
(@eneldeportengo1)

A pesar de las ventajas y la notable diferencia en la función del Estado, Nieva nunca le tomó bronca a la tierra que lo vio nacer. "Extrañaba mucho los afectos. Hay costumbres que cuando uno las tiene, no las valora. Y cuando las deja de tener, se le viene el mundo abajo", analizó.

"Es una sociedad perfecta que vive en un país muy lindo, pero la sangre tira más", insistió el entrenador que se educó bajo el sistema del reino de Escandinavia. "Mi hermano y yo aprendimos muy rápido. En 10 meses ya estábamos hablando sueco, pero la vuelta estaba siempre en la cabeza", advirtió el coach sin olvidar la complejidad del idioma. "Son todas consonantes", bromeó.

Después de casi dos décadas se produjo el ansiado regreso. Salir de su zona de confort fue otro de los aspectos más valorados por Nieva. "La vuelta fue difícil porque allá tenía la vida ordenada y acá no teníamos bien en claro lo que pasaba en Argentina. Con mi hermano nos propusimos ir a los Juegos Olímpicos de Atlanta en el 96, pero un año antes volví a Suecia y desde ahí hice contacto con la Federación Argentina de Boxeo", explicó.

Su estilo cautivó a los responsables que conducían al seleccionado albiceleste. "Se interesaron en mi regreso y a los 6 meses ya estaba trabajando con ellos", recordó Nieva en el viaje que cambió el destino de las hermanas Sánchez.

Instalado en Córdoba, Fabricio se preparaba para desarrollar su técnica sobre los cuadriláteros del interior. Después de meses de entrenamiento, consiguió su primer combate en Cosquín, la misma noche que Evander Holyfield le ganó a Mike Tyson en Las Vegas. "En una de las peleas de fondo había un tal Hugo Sánchez, que después de ganar su contienda festejó arriba del ring con sus dos hijas en brazos". Eran ellas. Las pequeñas gigantes que se hicieron valer a base del esfuerzo, sacrificio y dedicación. Otra historia que quedará para más adelante.

Seguí leyendo