
Por Matías Palacios, desde España
Kazán, 30 de junio de 2018. Ya son las 19:30. El clima es pesado, molesto. Hay inquietud en la zona mixta del estadio mundialista a la espera de la palabra de algún jugador del seleccionado argentino. La derrota y la eliminación en Rusia son un hecho. Se terminó muy pronto el sueño y se sabe que a una persona en particular, más que a todos, le duele el alma por la caída. Comienza a verse movimiento en el costado derecho de ese salón, personas que portan el logo de AFA caminan por unos pasillos en zig zag marcados por la organización FIFA. Nadie habla. Ninguno mira a aquellos que les preguntan, que les piden una opinión sobre lo que acaba de ocurrir. En eso se ve al hombre en cuestión. Camina acelerado, mira al suelo y luego hacia la nada misma para abstraerse de todo lo que sucede a su izquierda: ruido, gritos, movimientos bruscos. No hay respuestas de su parte. Se va. Esa será la última vez que se lo vea con la indumentaria de la Selección argentina. A unos 10 metros detrás de él pasa también raudamente un hombre robusto, vestido de traje. Pide disculpas al menos y dice que no va a realizar declaraciones. Será en otro momento, en otro contexto.
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Han pasado 5 meses y 10 días. También en suelo europeo, los dos protagonistas de esta historia vuelven a verse. Aunque ahora ya no está uno detrás de otro. Están juntos, se abrazan, se miran a los ojos, dialogan, se dejan fotografiar. Hay una empatía entre ellos desde hace muchos años, cuando superaron adversidades, desorganizaciones, obstáculos cercanos. Hablan sobre el futuro, sobre lo que viene. A uno de ellos el rostro se le ilumina, el otro sabe lo que genera cuando se muestra abierto. Todo era cuestión de tiempo piensan ambos.

Esta es la historia de un regreso. De cómo con gestos, con aceptar que se le acerquen, Lionel Messi le demostró a Claudio Tapia su intención de volver a la Selección. ¿Cuándo? En marzo, de ser posible, a partir del día 18. ¿Dónde? Muy probablemente en Asia. ¿Cuál será el marco? Dos partidos amistosos previos a la Copa América de Brasil, que se realizará en junio.
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Primero en Barcelona, el último sábado, y luego en Madrid, el presidente de la AFA y el mejor jugador del mundo se juntaron para seguir compartiendo lo que para ambos es una amistad. En ese contexto se dio también la participación del ya confirmado director técnico del seleccionado, Lionel Scaloni, quien se ganó la continuidad a base de buenos resultados. El 10, se sabe, muchas veces habla con gestos, con su rostro, con su mirada. Y si bien esta vez no fue la excepción, tanto el entrenador como el dirigente entienden que la vuelta será un hecho, hasta tres meses antes del certamen oficial que le fue esquivo en dos finales seguidas al astro del Barcelona.
La sed de revancha y ese hambre por ganar algo con la albiceleste que no ha cesado pese a los disgustos, lo ubican a Leo en una posición de disponibilidad. Su temporada actual, como es su costumbre, es espectacular. Ha marcado 17 goles en 17 partidos jugados entre Liga, Champions y Supercopa española. Tiene un promedio de 1 gol cada 83 minutos. Ha dado 9 asistencias. Anota de tiro libre cuando se le antoja. Su equipo lidera en el campeonato español y su grupo de la máxima competencia europea.
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¿Qué le falta? Ganar algo con Argentina. Y aunque se planteó primero volver a conseguir la famosa orejona con su club tras cuatro años, sabe bien que de seguir así en el nivel en el que está, puede ayudar mucho a saldar una deuda.
Es cierto que las cosas han cambiado. Que ha comenzado una renovación en el seleccionado, y la mayor parte de su grupo de amistad ya no será convocado. Eso no importará. Lionel Scaloni, junto con Chiqui Tapia, es otro de los factores fundamentales para el regreso. El hoy DT conoce a Messi desde cuando compartían concentración en Alemania 2006. Lo adora, sabe cómo y cuándo hablarle. Fue una columna de sostén en la dura convivencia que se dio en Rusia. Scaloni lo ha llamado lo justo y necesario en los últimos cuatro meses. Entendió el ánimo del mejor jugador del planeta. Declaró públicamente como correspondía ante este caso. Por lo que todo ese comportamiento le dará sus frutos.
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A su vuelta al país, ni bien terminó el River vs. Boca en Madrid, Tapia le confesó a su grupo más cercano que el 10 seguramente volverá. Es la misma sensación que tuvo durante los últimos meses pero ahora más firme tras haberlo visto. Esa foto, ese abrazo y esa mirada en el palco del Bernabéu, significan mucho. Por eso el mensaje de proyectar un nuevo año juntos. El 2019 entonces mostrará nuevamente a la camiseta 10 de la Argentina reluciente sobre la espalda de quien corresponde, el mejor.
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