Las camisetas giran en círculos, en las manos de sus dueños, que saltan al unísono con los habitantes de las tribunas. "Sólo le pido a Dios, que se mueran todos los Bosteros", reza el cántico, que no persigue las mejores buenas intenciones. Pero River acaba de vencer 2-0 a Boca, su acérrimo adversario, se quedó con la Supercopa Argentina tras pisar el césped como punto, se despegó de la crisis futbolística. Las formas quedarán para otro momento. Allí sólo hay desahogo.

En los festejos desde adentro, que difunden camaritas indiscretas, hay abrazos en continuado para Rodrigo Mora, el hombre que derrotó a Boca y a las lesiones. El grupo se vuelve a encender cuando suena un clásico.

"Mirá, mirá mirá, sacale una foto, se van para la Boca con el culo roto", es el hit, y ahí todos los jugadores se arriman a la tribuna, vuelven a saltar.

La Copa, mejor dicho, la Supercopa, es testigo del delirio. Aguarda sobre el campo por el chapuzón colectivo en el césped. El malón se la lleva puesta, pero hasta el metal parece feliz. Hay un tímido "dale campeón", la foto colectiva, mientras los futbolistas de Boca son testigos mudos de lo que pudo haber sido de ellos.

(Twitter)
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"Palo, palo, palo, palo bonito palo eh', somos campeones otra vez", vuelve la mancomunión entre plantel y fanáticos, una sola voz. Hay una remera alusiva, pergeñada en secreto, que acompaña la fiesta. Tiene una leyenda. "14 del tres, campeones otra vez", dice. Es la fecha, con una rima. ¿el tres también alude a los mano a mano que, en la era Gallardo, River le ganó a Boca? La intimidad de un festejo superclásico.

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