Los últimos años demostraron que, en distintos puntos del país, los incendios forestales en Argentina son cada vez más frecuentes y voraces. Durante el 2020 y el principio del 2021, las noticias llegaron desde Córdoba, el Litoral y la Patagonia. Sin embargo, el problema no se percibe solo en nuestro suelo, sino que también se vieron muchos fuegos alrededor de todo el mundo.
Desde el avance de la frontera agrícola, pasando por el calentamiento global y la desertificación, hasta la propia conservación a ultranza de los bosques, todo podría ser una posible explicación para el aumento del número de incendios. Ante este hecho, la pregunta es: ¿cómo puede detenerse el fuego?
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TIEMPOS CALIENTES
En el 2020, se registraron temperaturas promedio por encima de lo normal, con vientos fuertes, heladas inesperadas y una ausencia contundente de precipitaciones que marcó el peor registro de lluvias de la última década. Estos factores climáticos favorecieron incendios en 14 provincias argentinas, lo que hizo que se perdiera una enorme cantidad de ambientes naturales y productivos. Para fin de año, Argentina ya había superado el millón de hectáreas dañadas.
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Pero la situación de emergencia no terminó en el 2020. A principios de este año, los problemas comenzaron en el sur del país, más precisamente en Río Negro, en las zonas de Bariloche, Cuesta del Ternero y El Bolsón; más tarde, fue el turno de Chubut. El escenario era crítico y fue necesario evacuar zonas habitadas: se calcula que las llamas arrasaron con unas 30.000 hectáreas en lo que va del año.
Según un informe de Alejandro Pezzola, un especialista en sistemas de información geográfica del INTA Hilario Ascasubi, se estima que en el sur de Buenos Aires, hay 1,4 millones de hectáreas en riesgo, mientras que, en Río Negro, se calcula otro 1,1 millón de hectáreas. En total, el número asciende a más de 7 millones de hectáreas en alerta.
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INCENDIOS FORESTALES: EL MODELO CALIFORNIANO
Argentina no está sola ante la realidad de incendios voraces y masivos. Basta con repasar las noticias que llegaron durante 2020 desde California, uno de los estados más grandes de EE. UU. Según el Departamento de Bomberos californiano, 9 de los 15 incendios más destructivos en la historia del estado ocurrieron en los últimos cinco años y, en el 2020, se produjeron 6 de los 20 más grandes de los que se tienen registro.
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El escenario no es alentador y todo parece conspirar para que esa tendencia se mantenga: un artículo publicado en la revista Environmental Research Letters señala que, durante los últimos 40 años, las fuerzas combinadas de temperaturas más altas y niveles más bajos de precipitación duplicaron el riesgo de condiciones extremas de incendios forestales durante el otoño.

A pesar de que el estado de California tiene uno de los sistemas más profesionales de combate al fuego, todos estos datos y proyecciones abrumadores llevaron a los especialistas a preguntarse si no es hora de replantearse los métodos con los que hacen frente a las llamas: por eso, lo que proponen diversos especialistas son quemas sistemáticas y controladas, y no simples cortafuegos para detener el avance del incendio una vez que se provocó, sino incendios previos que prevengan incendios sorpresivos descontrolados.
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¿ES POSIBLE UNA SOLUCIÓN PARA DETENER EL FUEGO?
Lo que busca el método antes mencionado es dejar que el bosque se “limpie” naturalmente con incendios que afectan solo a los árboles pequeños y la maleza; aunque no todo es fuego, porque según este “tratamiento” se podrían talar ciertos sectores del bosque. Un extenso informe publicado por la organización ambiental internacional The Nature Conservancy aborda puntualmente esta problemática y brinda una hoja de ruta para pensar los métodos para combatir el fuego.
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El artículo se llama “California: dejemos de hacer historia”. Ahí se citan más de 130 estudios científicos para demostrar que la forestación ecológica es la mejor solución para combatir los megaincendios y dice que “un bosque saludable debería tener incendios más frecuentes y menos intensos para eliminar árboles pequeños y arbustos”.
De todos modos, es importante aclarar que el raleo ecológico no hace referencia al talado uniforme, a la explotación forestal de bosques maduros, ni a la explotación forestal intensiva después de los incendios. Sino que se centra explícitamente en la protección de los árboles más añejos y en la creación de una variedad de características naturales esenciales para la diversidad y la regeneración de los bosques.
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* Para saber más sobre este y otros temas, visite el canal de YouTube de DEF.
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