
La primera palabra que le sale a Víctor Malumián para definir el trabajo conjunto de los más de 330 sellos que participaron de la Feria de Editores es “felicidad”. Corrió mucha agua bajo el puente desde aquella primera edición en 2013, en el bar de La Tribu, con un puñado de editoriales independientes. Este fin de semana, en el C Art Media, se hizo la edición quince y volvió a superar la convocatoria: “Más de 40.000 personas nos acompañaron”, dice este editor, organizador de la FED, y suspira, alegre y agotado.
Los números relevados dicen que el jueves asistieron 3150 personas, el viernes 9500, el sábado 15200 y el domingo más de 12000. Esas 40000 personas representan un crecimiento del 30% respecto del año pasado, cuando fueron 30800. Pero, ¿a qué se debe realmente ese salto exponencial si el lugar era el mismo y la cantidad de editoriales y charlas se mantuvo prácticamente invariable? ¿Acaso no era un argumento en contra la crisis económica? ¿O será que la complejidad del contexto jugó a favor de la FED?
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“El crecimiento habla de la consolidación de la FED”, dice del otro lado del teléfono Hernán López Winne, uno de sus organizadores y editor del sello Godot. “La feria viene creciendo todos los años y seguro va a crecer el año que viene y el otro año, porque se fue consolidando como un evento, si no el más importante, por lo menos uno de los más importantes de la edición independiente latinoamericana”, agrega en esta mañana soleada de lunes, desde algún café porteño, con el ánimo de la tarea cumplida.

“También hay un boca en boca por parte de los lectores y las lectoras. Del lado de las editoriales también hay un acompañamiento mancomunado para entre todos difundir el evento. Si cada edición hay más editoriales difundiendo y más boca en boca, si seguimos haciendo las cosas bien, la feria va a crecer. Te diría que es natural que así sea. Venimos sosteniendo los premios, el programa de librerías”, dice López Winne y agrega: “A veces no hay que agregar más cosas, sino seguir consolidando las que ya hay”.
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Se mantuvo la entrega de premios, que fueron tres: el que distingue a la labor librera fue para Volcán Azul de Córdoba, el “Rumbo a la FIL Guadalajara” a Gourmet Musical y el Afiche del año a Ornella Pagliaruolo. También el libro gratuito, este año el tema elegido fue el trabajo. Las charlas fueron catorce, una más que el año pasado. El jueves y el viernes unas 485 librerías participaron del Programa Librerías Aliadas que, en un horario exclusivo, recorrieron la feria y compraron con el 50% de descuento.

Los números de ventas no están afinados pero Maximiliano Papandrea, del sello Sigilo, arriesga que “fue más o menos como el año pasado, por ahí un poco por abajo”. “La FED estuvo preciosa, la organización impecable como siempre y después la disposición de la gente, que es el corazón de la FED: la buena onda y la afinidad que hay entre las editoriales y la gente que se acerca a comprar o a escuchar recomendaciones. Yo siempre elogio la FED, para mí es una maravilla y un privilegio que tenemos”, agrega.
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Sin embargo, para profundizar en los matices, este editor señala algo clave: “Este año noté que la economía de la gente está muy golpeada. Cuidaba mucho más a la hora de comprar. Había como ánimo de compra, pero no hay plata como en años anteriores. Esto ya estaba pasando el año pasado y el anterior, y se va como acentuando esta sensación de falta de poder adquisitivo. Antes se llevaban de a tres o de a cuatro, ahora uno, con suerte dos. Pero bueno, por lo demás, estuvo todo maravilloso”.
La pregunta por la masividad de la FED se abre paso año a año. Nuevo récord de asistencias, colas en la vereda, el lugar explotado de gente. ¿Se necesita un espacio más grande? ¿Qué perdería la FED con ese salto? “Yo confío mucho en los organizadores. Me parece que hasta ahora vienen haciendo todo muy bien”, dice Papandrea, y agrega: “Lo deben estar pensando. Quizás una ampliación más no le vendría mal. Confío en los organizadores: a ellos les preocupa mucho cuidar el espíritu de la feria”.
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La incorporación de varios sellos nuevos explica la ampliación y consolidación de la FED. Uno de ellos es Ediciones Las Guachas, de la Patagonia, que por primera vez participa de este encuentro. “Fue algo tremendo, matador y hermoso”, resume Tamara Padrón Abreu, una de sus editoras, al día siguiente del cierre. Tuvieron el apoyo del Fondo Nacional de las Artes, lo que le permitió costear parte de esta participación. “Las ventas estuvieron muy bien. Había mucho interés genuino”, cuenta.
“Causaba algo como de extrañeza o curiosidad el imaginario Patagonia. Y ahí empezaba la mediación, porque si bien tenemos autoras prestigiosas y premiadas internacionalmente en el catálogo, también tenemos autoras que son nuevas o están empezando su carrera. Entonces empezó el desafío de mediar, de contar cada propuesta, cada proyecto de libro, de buscar esas estrategias que tienen que ver con instalar autoras en el ecosistema del libro y la circulación de Buenos Aires”, explica.
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“La FED hoy más que nunca es un espacio de resistencia ante el desmantelamiento de las industrias culturales y de las políticas públicas del libro, sobre todo cuando se está discutiendo la Ley del Libro”, dice y menciona esas “pequeñas escenas” que se dieron dentro de la feria —diferente de lo que ocurre en la Feria del Libro, un lugar más ligado al “entretenimiento”—: “Aplausos espontáneos que tenían que ver con defender la Ley del Libro. Eso se defiende en actos y uno de esos actos es la FED”.

La FED cierra una edición con buenos números de concurrencia y la certeza de que el contexto puede ser adverso pero la literatura es para siempre. Ahora, y desde hace varios años, la literatura argentina se apoya en la Feria de Editores, su mejor plataforma, el saco que mejor le cabe. “Seguro hay mucha gente que todavía no la conoce. A esa gente se puede llegar. Si ahora crecimos 30%, el año que viene podemos volver a crecer sin ningún problema”, dice López Winne, aún reponiéndose de la avalancha.
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