La muestra más esperada: Maximiliano Tomas y cómo “hacer un Borges para todos y no decepcionar a ninguno”

El director del Centro Cultural Recoleta pasó por el streaming de Infobae para conversar sobre la exposición que se inaugura en ese espacio porteño sobre el gran autor argentino. La pasión por transmitir cultura marca el proyecto

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A 40 años de la muerte de Jorge Luis Borges, el Centro Cultural Recoleta apostó por una muestra que busca resolver una tensión poco habitual en el mundo literario: volver accesible al autor más citado de la literatura argentina sin reducirlo a un producto escolar ni a una rareza para especialistas. “Tenemos que hacer un Borges para todos. Para todos los públicos. Y no decepcionar a ninguno”, dijo Maximiliano Tomas en su paso por el streaming de Infobae, al presentar la exposición Borges: Ecos de un nombre, que abre hoy, jueves, a las 18:00 con entrada gratuita.

La exhibición ocupará durante tres meses la sala Cronopios, de 800 metros cuadrados, y permanecerá abierta hasta fines de agosto, de martes a domingo. Tomas, director del Recoleta y crítico literario, sostuvo que se trata de una de las muestras “más completas” dedicadas al escritor y remarcó que incluye recursos que antes no estaban disponibles.

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Entre esas novedades, señaló dos como centrales: un holograma construido con inteligencia artificial a partir de la voz original de Borges y la reconstrucción de su habitación de la calle Maipú al 900 con objetos prestados por la Fundación Internacional Jorge Luis Borges. “Por primera vez desde la muerte de Borges vamos a poder ver una serie de objetos. Y una serie de mobiliario. Que no se vio nunca antes”, dijo Tomas.

Fotografía en blanco y negro de Jorge Luis Borges, un hombre mayor de traje, sentado con un bastón. Un gato blanco se recuesta en el suelo de parqué, bajo una mesa de madera con objetos y un cuadro grande
Jorge Luis Borges posa pensativo en su hogar, acompañado por su gato y un ambiente lleno de arte, en una fotografía de Julie Méndez Ezcurra, hoy expuesta en el Centro Cultural Recoleta

Borges murió el 14 de junio de 1986, en pleno Mundial de México. Tomas recordó que aquel contexto desplazó su fallecimiento del centro de la agenda pública: “Durante esos días, por el fervor mundialista, la muerte de Borges no ocupó todas las primeras planas. Estaba el Diego”. La decisión más delicada de la exposición fue tecnológica y, a la vez, documental. El equipo evitó recrear digitalmente la voz del escritor y optó por trabajar con registros auténticos. “Lo que hicimos fue tomar la voz verdadera de Borges y acomodar la silueta de un cuerpo a distintas situaciones”, dijo Tomas.

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La recreación lo muestra en escenarios asociados a su biografía y a su imaginario: el Zoológico de Buenos Aires, la Biblioteca Nacional y calles del sur porteño, entre ellas San Telmo. Para Tomás, ese dispositivo será una de las grandes atracciones de la propuesta.

El otro núcleo de la muestra es la vida material de Borges, un aspecto que discute con la imagen repetida sobre el escritor. La exhibición reproduce su dormitorio con la cama, la mesa de luz, la biblioteca y los libros que tenía en su departamento. “Borges vivió siempre una vida casi monacal”, dijo Tomas. La frase resume una lectura que atraviesa la muestra: desmontar la idea de un Borges aristocrático o millonario y recordar, en cambio, a un autor que trabajó para mantenerse y sostener a su familia.

Una fotografía en blanco y negro muestra a un niño y una niña, ambos vestidos con atuendos de estilo marinero vintage, mirando al lado
Una fotografía en blanco y negro de los hermanos Borges: Jorge Luis y Norah

El préstamo de esos objetos surgió de un acuerdo con la fundación que administró María Kodama y que hoy conducen sus cinco sobrinos. Según explicó Tomas, esos materiales salen por primera vez de la institución para integrar una exposición pública. La reconstrucción dialoga con una anécdota que el director recuperó para ilustrar el contraste entre la celebridad internacional de Borges y su vida doméstica. Recordó una entrevista de 1981 de Mario Vargas Llosa, sorprendido por las goteras y la austeridad del departamento; y la réplica irónica del autor argentino fue que decía que lo había visitado “un peruano” que parecía tener “una inmobiliaria” porque quería mudarlo.

Tomas describió al Recoleta como un espacio distinto de un museo tradicional, con público masivo y heterogéneo. Sobre esa base, planteó que la exposición debía responder a dos públicos al mismo tiempo: lectores formados y visitantes que apenas tendrán un primer contacto con el autor. “Debe haber muchos chicos menores de veinte o de quince años que no saben quién es Borges. No es que no lo han leído. No saben quién es”. Esa observación ordenó el criterio de trabajo curatorial: evitar el didactismo simplificador y la hiperespecialización pensada solo para coleccionistas.

La exposición fue organizada por una tríada de curadores integrada por Tomas, Rodrigo Alonso y Daniel Fischer. A ese esquema se sumó un grupo de 10 especialistas convocados para desarrollar núcleos temáticos sobre Borges y la poesía, Buenos Aires, el amor, las mujeres, la amistad, su faceta de orador y su influencia en el cine, el cómic y la cultura digital. Ese último cruce aparece condensado en una pared dedicada a Memes Borgianos, una cuenta de Instagram que la muestra incorpora como parte de la persistencia pop del escritor. Para Tomas, esa convivencia entre piezas únicas y apropiaciones contemporáneas permite una mirada “integral”.

Centro Cultural Recoleta temporada 2026
Centro Cultural Recoleta

Entre las piezas documentales, Tomas destacó un original de 1940 de “Las ruinas circulares”, al que definió como probablemente el manuscrito de Borges más importante que hoy se conserva en la Argentina. El material permite ver su caligrafía y también un aspecto menos difundido de su trabajo. “Tienen dos ilustraciones de Borges que creo que no se vieron nunca”. Añadió que el escritor “dibujaba muy bien” y recordó la relación familiar con las artes visuales a través de su hermana Norah Borges.

La inclusión de ese documento refuerza la apuesta doble de la muestra: ofrecer piezas de alto valor para quienes ya conocen la obra y, al mismo tiempo, construir una entrada sensible y visual para nuevos públicos. Tomás también subrayó un rasgo de Borges que la exposición busca recuperar: su disponibilidad para hablar con cualquiera. “No negaba nunca una entrevista. Jamás”: atendía periodistas, estudiantes secundarios y especialistas extranjeros en su departamento de Plaza San Martín.

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