
Las belugas han demostrado capacidad de autorreconocimiento en presencia de un espejo, un fenómeno que hasta ahora solo se había documentado en algunas especies de primates, cetáceos y elefantes.
En el estudio difundido por la revista National Geographic, se señala que estas ballenas blancas interactúan de modo particular con su reflejo, realizando movimientos y posturas que sugieren conciencia de su propia imagen.
La observación mostró que, además de mirar su reflejo, las belugas ejecutan acciones dirigidas hacia partes de su cuerpo visibles únicamente a través del espejo. Entre los comportamientos registrados se incluyen giros sobre su eje, inspección del interior de la boca y la producción de burbujas que luego intentan atrapar. Para los investigadores, estos datos constituyen pruebas de que las belugas comprenden que la imagen en el espejo corresponde a sí mismas, y no a otro animal.
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Antecedentes sobre autopercepción en animales
La capacidad de reconocerse en el espejo se consideró durante mucho tiempo exclusiva de los seres humanos, pero desde la década de 1970 se han realizado pruebas con otras especies. Los primeros experimentos con chimpancés, impulsados por el psicólogo Gordon Gallup, abrieron el debate sobre la autoconciencia en el reino animal.
Posteriormente, se sumaron a la lista especies como delfines, elefantes, bonobos, orangutanes y algunas aves, que también demostraron conductas de autorreconocimiento ante un espejo.
Entre quienes han estudiado este fenómeno destaca la especialista en cognición animal Diana Reiss, quien ha analizado la cognición en mamíferos marinos y su relación con la vida social y la empatía. Según el artículo, especies sociales con cerebros complejos tienden a mostrar este tipo de autopercepción. No obstante, la reacción frente al espejo varía considerablemente entre individuos, lo que indica que factores como la personalidad o la experiencia pueden influir en los resultados.
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Experimento realizado en el Acuario de Nueva York
En 2001, Diana Reiss y una exalumna llevaron a cabo experimentos con cuatro belugas cautivas en el Acuario de Nueva York: Kathy, Marina, Natasha y su cría Maris.
Se instaló un espejo en la piscina y se documentó el comportamiento de las ballenas durante sesiones de 2 horas. Como control, se empleó una lámina de plexiglás transparente en el mismo sitio, para comparar la respuesta de las belugas con un objeto sin reflejo.
Por motivos laborales, el análisis de los videos se postergó casi 20 años, hasta que en 2020 el investigador Alexander Mildener los recuperó y digitalizó en el contexto de la pandemia. El trabajo permitió observar con detalle las reacciones de las belugas y comparar sus respuestas ante el espejo y el objeto transparente, identificando comportamientos que sugieren autopercepción y diferencias individuales entre los ejemplares.
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Comportamientos y resultados observados en las belugas
El análisis reveló respuestas diversas: mientras dos ejemplares apenas mostraron interés por el espejo, Natasha y Maris ejecutaron conductas destacables desde la primera sesión. Ambas comenzaron con chasquidos de mandíbula frente al espejo, una señal de intimidación en belugas.
Con el tiempo, sus comportamientos evolucionaron hacia movimientos de cabeza, giros y acciones autodirigidas, como observarse en el reflejo y manipular burbujas frente al espejo.
Los científicos señalaron que estos comportamientos solo ocurrían en presencia del espejo y no con el plexiglás transparente, lo que refuerza la interpretación de autorreconocimiento. En la segunda sesión, Natasha y Maris incrementaron las conductas autodirigidas, examinando el interior de sus bocas y adoptando posturas inusuales ante el espejo. Esta progresión se interpretó como un indicio de que al menos parte de las belugas eran conscientes de que veían su propio reflejo.
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Prueba de la marca y hallazgos científicos
Para confirmar el autorreconocimiento, los científicos emplearon la “prueba de la marca”, que consiste en colocar la marca visible solo mediante el espejo.
Natasha identificó la marca y se orientó de manera específica para verla y presionarla contra el espejo, mientras que Maris no la detectó. Estos resultados respaldan que al menos una de las belugas posee autopercepción, aunque la diferencia entre individuos sugiere que esta habilidad no es universal en la especie.
El hallazgo amplía el grupo de animales capaces de reconocerse a sí mismos e impulsa nuevas preguntas sobre la evolución de la conciencia en mamíferos marinos. Los investigadores planean continuar con pruebas en otras belugas para confirmar estos resultados y examinar su vínculo con la vida social y la inteligencia. El conocimiento de este tipo de capacidades puede contribuir a la conservación de las belugas y promover mayor empatía hacia la especie.
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