
“La espera es como la niebla: alargada, informe. Como si ambas llegaran para quedarse; escondedoras, inciertas. La espera plantea mil hipótesis: quién, cuándo, cómo, por qué, para qué. En uno y en otro caso, la incertidumbre. Qué hay más allá cuando la espera se acabe, cuando la niebla se disipe.” Tensión. Inquietud. Desconfianza. Lo nuevo de José Salem, Cuarenta y nueve días bajo la niebla (Editorial 4 Letras, 2026), recrea el clima de las invasiones inglesas a través de intrigas políticas, amores contrariados y personajes que parecen reales.
Es un fresco de la Buenos Aires, de principios del siglo XIX, donde proingleses, proespañoles e independentistas se entremezclan en una trama de misterio, donde todos sospechan de todos y el sálvese quien pueda es la moneda corriente. La niebla, como telón de fondo, es protagonista.
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El escritor argentino, residente en París, la elige como la metáfora de un clima que no deja ver lo que verdaderamente está sucediendo, de una atmósfera viciada por la efervescencia, los complots y las confabulaciones, en medio de la primera invasión inglesa de 1806. ¡Seguime!.
“A esta altura de los acontecimientos, sabemos que los ingleses están muy cerca de nuestra estancia, y que pronto comenzarán a desembarcar para intentar tomar la ciudad. (…) Es importante que tomemos las precauciones del caso. Por eso y hasta nueva orden, nadie puede poner un pie fuera de esta casa, a menos que sea autorizado por mí. (…) Estamos en presencia de una situación inédita; habrá violencia en las calles y solo yo cuento con la información necesaria para evaluar qué conviene hacer y qué no.”
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El que habla es Eustaquio Etcheverry, el pater familia, a partir del cual Salem, construye su obra. No voy a decirles de qué lado está o qué cosas andaba organizando a escondidas, pero sí puedo adelantarles que paralelamente a sus planes y dentro de su propio núcleo familiar, pasan cosas que ni él sospecha y que cambiarán nuestro modo de ver y entender a los protagonistas. Y el de él también. Pero mientras eso sucede, como unas trescientas y pico de páginas después, Eustaquio tejerá sus redes con la tranquilidad e impunidad que le confiere su personalidad ególatra y machista, propia de la época.
Así las cosas, hay un toque de realismo mágico y humor que salpica gratamente la narración. Y aparece de la mano de Teodora, la esclava negra, oriunda de Carabuctú, África y sirvienta de la familia Etcheverry. “Había oído que se llevaban negros a un lugar llamado América; no sabía por qué, no sabía para qué. Sí que esas cosas se acordaban, o que se llevaban a deudores, ladrones o asesinos. No había conocido un caso en el que los negros fuésemos robados. No, hasta ese día.” Teodora, junto con Melchora y otros tantos en su misma situación, representan muy bien el rol de los esclavos y el momento histórico, el cual aceptaba la esclavitud como una práctica normal.
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Ella es la que aporta las pinceladas adorables y tiernas, de una persona criada entre supersticiones y costumbres que nada tienen que ver con la burguesía porteña pero que las transmite en cada paso que da en la casa de sus dueños.
“Qué es eso que dijiste acerca de que tu corazón sabe que el peligro está cerca de mí? - No se lo puedo explicar mi niño, solo lo sé. Mi sangre habla, ella le cuenta todo a mi corazón y él me dijo que usted necesita protección. Créame, las entrañas de Teodora son de fiar- concluyó, y empezó a persignarse.”
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Ama y malcría a los hijos de Etcheverry -Antonia, Ignacio y José- y los cuida casi como si fueran de ella y lo hace, aunque sean adultos. Lo mismo sucede con la esposa, María, aunque ésta la haya descubierto espiando detrás de las puertas y haya querido echarla. Como sea, Teodora es la persona que todos quisiéramos tener cerca pero que a la vez se mete donde no la llaman y habla de lo que no debe. Pero bue. La queremos.
Impreso en España y con diseño de portada de Marta Kinney y Alejandro Criollo, el texto del abogado y escritor, que estudió en La Sorbona, se divide en 3 partes. la primera: La invasión, la segunda: La convivencia y la tercera: La reconquista. Editada en febrero de 2026, tiene tapa dura, un detalle que hace de su presentación un libro-objeto.
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José Salem sabe combinar la investigación histórica con la ficción y juega con el suspenso y la intriga, enfocándose en la psiquis humana y sus miles de aristas. Cuarenta y nueve días bajo la niebla, segunda novela del autor, promete un prosa elegante y cuidada, un desarrollo que cautiva. Es un retrato perfecto de las luces y sombras del devenir humano y sus consecuencias.
¿Quién es José Salem?
Nació en Buenos Aires y está radicado en París. Es escritor de narrativa y poesía en español y francés. Es autor del libro de relatos Donde la vida nos lleve (Paradiso Ediciones ,2021) y de la novela Dominó (Fagus Editorial, España, 2024). De profesión abogado, ha sido docente universitario. Estudió Periodismo, Historia del arte, en la Fundación del Museo de Bellas Artes de Buenos Aires y Lengua y civilización francesas en la Universidad de La Sorbona. Cuarenta y nueve días bajo la niebla es su segunda novela.
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