
Que no hubiera un libro dedicado a la trayectoria y la obra de Memphis La Blusera era una deuda que el periodismo musical tenía con una gran banda del rock nacional y, con seguridad, la más grande formación de blues de la Argentina. Este fue mi primer pensamiento cuando Adrián Otero, su cantante, falleció en un accidente automovilístico en 2012. Pero me llevó casi diez años decidir que yo mismo debía concretar esa idea inicial.
Lo único importante: la fantástica historia de Memphis La Blusera es un libro planteado desde la admiración, pero, ya sea por mi condición de periodista y al no haber sido un seguidor inclaudicable de la banda, el recorrido está más ligado a la investigación y los testimonios de los protagonistas que al fanatismo. Con un gran reconocimiento a la obra y al talento de sus integrantes, por supuesto, pero intentando contar lo bueno y lo malo que le ha sucedido a un conjunto que en la actualidad lleva más de 47 años en la ruta.
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Porque Memphis La Blusera, el grupo que nació en los barrios de Floresta, Paternal y Mataderos y llegó a actuar en el mismísimo Teatro Colón y en un escenario frente al mar en Miami, aún sigue tocando, grabando y girando, por Argentina y Latinoamérica. Liderados por Daniel “Ruso” Beiserman, único sobreviviente del trío histórico, tras el fallecimiento de Otero y de Emilio Villanueva, también en 2012, y con un nuevo cantante.

Una banda de blues, boogie woogie y rock and roll, pero que al momento de su fundación (su primer show fue en 1978) ofrecía un sonido nunca antes escuchado en nuestro país, porque si bien ya había habido algunas agrupaciones que tocaron este género, eran mayormente en formato de trío (Manal, Pappo’s Blues) influenciadas por el blues rock británico de la época, Cream más que nada.
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Memphis le sumó otros colores a su blues, el saxofón de Emilio Villanueva le dio un tono fácilmente identificable, pero también hubo pianos, armónicas, órgano Hammond, guitarra slide, y algunas influencias que pasaban por estilos más clásicos (de Chicago, Memphis, Texas y el Mississippi), pero también por las big bands de jazz y la lírica urbana que proviene del tango.
Precisamente fue Villanueva el primero que tuvo la idea de armar una banda, fue el que eligió el nombre de Memphis, el que puso su terraza como escenario de la primera zapada, y una propiedad que tenía enfrente de su casa, como precaria sala de ensayo inicial, y por eso se lo reconoce como el fundador original.
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Y claro, Otero/Beiserman fueron los Jagger/Richards, los Plant/Page de La Blusera, con las letras de Adrián Otero y las melodías del Ruso Beiserman. Juntos crearon el 90% de las canciones del grupo, y cada uno de los hits inolvidables que cualquiera podría cantar casi de memoria sin demasiado esfuerzo: Moscato, Pizza y Fainá, El Blues de las 6 y 30, La Bifurcada, Montón de Nada, La Flor Más Bella, etc.
Adrián Otero fue el líder carismático, con su voz aguardentosa, y una lírica que podía deambular entre la más bella poesía (Alma Bajo la Lluvia, Montón de Nada, Exactamente Medianoche, Blues en Fa) y letras más directas, con evidente destino de hit.
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Pero además Otero fue un personaje en sí mismo con historias que van desde el día de su nacimiento hasta el de su muerte, y estoy siendo literal en ambos casos, con cientos de historias y anécdotas, como su viaje por Latinoamérica, Europa y África antes de sumarse al conjunto, el accidente de adolescente que lo dejó rengo, su acercamiento a la masonería, sus idas y venidas con la política, su fanatismo por Vélez Sarsfield, sus adicciones.

A su lado, siempre, el Ruso Beiserman, creador de melodías maravillosas que se salían del molde del blues tradicional de doce compases, y que, al igual que Otero con las letras, disponía de un talento inusual para concebir canciones que se convertirían en grandes éxitos, pero llenas de originalidad, buen gusto, y sin caer en la repetición.
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El libro consta de 240 páginas, más de 100 entrevistas, cerca de 50 fotos, muchas desconocidas, biografía de los 30 músicos oficiales o semi oficiales que fueron parte de la banda, discografía completa, canción por canción, músico por músico (incluyendo los no acreditados en los discos), con reseñas de cada disco, un inspirado prólogo del periodista especializado en artes Humphrey Inzillo, edición de El Bien del Sauce, y la curiosidad que tiene dos tapas diferentes, dependiendo del lugar donde el lector lo consiga.
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