“La hipótesis de la felicidad”: fragmento del nuevo libro del best seller Jonathan Haidt

El psicólogo social estadounidense, autor del aclamado “La generación ansiosa”, acaba de publicar un nuevo título que propone combinar ciencia y sabiduría para enfrentar los desafíos actuales. Infobae Cultura publica un adelanto

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"La hipótesis de la felicidad",
"La hipótesis de la felicidad", de Jonathan Haidt

Jonathan Haidt, reconocido como uno de los psicólogos sociales más influyentes en la actualidad y autor del best seller La generación ansiosa, acaba de publicar un nuevo libro. Se titula La hipótesis de la felicidad y es una obra que explora cómo diez grandes principios de la sabiduría antigua pueden aplicarse al bienestar en la vida moderna.

El autor es profesor de liderazgo ético en la Escuela de Negocios Stern de la Universidad de Nueva York, donde investiga la psicología de la moralidad y las emociones morales complejas. Su trabajo ha contribuido, entre otros ámbitos, al análisis de la ética empresarial y a iniciativas destinadas a fortalecer la diversidad de ideas en instituciones académicas, participando en proyectos como la Heterodox Academy, que agrupa a más de 2.300 profesores.

Seleccionado en 2012 por la revista Foreign Policy dentro de los 100 pensadores globales más importantes y por Prospect como uno de los 65 pensadores del mundo, Haidt ha publicado varios libros, entre ellos La mente de los justos y La transformación de la mente moderna.

La hipótesis de la felicidad ofrece una guía para comprender los fundamentos científicos detrás de la felicidad, integrando conocimientos de la psicología positiva y los aportes de la filosofía antigua. Esta propuesta invita a los lectores a beneficiarse de una combinación entre ciencia y sabiduría para enfrentar los desafíos actuales. A continuación, un fragmento del libro, la introducción, titulada “Demasiada sabiduría”.

Jonathan Haidt (Foto: Leigh Vogel/WireImage)
Jonathan Haidt (Foto: Leigh Vogel/WireImage)

Introducción: Demasiada sabiduría

¿Qué hacer, quién ser y cómo vivir? Somos muchos quienes nos hacemos estas preguntas y, dada la naturaleza de la vida moderna, no hay que ir muy lejos para hallar respuestas. La sabiduría es hoy tan barata y abundante que fluye hacia nosotros desde los calendarios, las bolsitas del té, las chapas de las botellas y los mensajes electrónicos masivos que nos envían las amistades bienintencionadas. En cierto modo, somos como los habitantes de la biblioteca de Babel del relato de Borges, aquella biblioteca infinita cuyos libros contenían todas las combinaciones de caracteres posibles y, por lo tanto, escondía en alguno de sus volúmenes la respuesta al porqué de la existencia de la biblioteca y la explicación sobre su modo de empleo. No obstante, los bibliotecarios del relato borgiano sospechaban que nunca la encontrarían entre tal inmensidad de sinsentidos.

Nuestras perspectivas son mejores. Hoy en día, pocas de las posibles fuentes de sabiduría son disparates, y muchas son indiscutiblemente ciertas. Aun así, debido a que nuestra biblioteca también es infinita, nadie llega a leer más que una ínfima parte de los libros que ésta contiene, de modo que nos vemos abocados a la paradoja de la abundancia: la cantidad de información va en detrimento de la calidad de nuestra atención lectora. Con tan vasta y maravillosa biblioteca a nuestro alcance, lo habitual es echarles un vistazo en diagonal, o leer sólo las reseñas. Quizá ya habríamos encontrado la Gran Idea, la revelación transformadora, si la hubiéramos saboreado, integrado y aplicado a nuestra vida.

Este libro trata acerca de diez grandes ideas. En cada capítulo reflexiono acerca de una idea común a varias civilizaciones del mundo, la cuestiono a la luz de los actuales conocimientos científicos y extraigo una serie de conclusiones aplicables a la vida moderna

Soy psicólogo social. Hago experimentos para tratar de explicar una pequeña parte de la vida social humana. Mi especialidad es la moral y las emociones morales. También soy profesor. Imparto una asignatura de introducción a la psicología en la Universidad de Virginia, en la que intento explicar a mis numerosos estudiantes una materia tan amplia como la psicología en veinticuatro clases. Durante el curso, presento al alumnado numerosos descubrimientos científicos de todo tipo, desde la estructura de la retina hasta el funcionamiento del amor, con la intención de que los comprendan y recuerden. Durante mi primer año de enseñanza, mientras luchaba por salir airoso de semejante suplicio, noté que ciertas ideas aparecían en distintas clases, a menudo formuladas con gran elocuencia por los pensadores antiguos. Es imposible expresar con mayor concisión que Shakespeare la idea de que las emociones, las reacciones a los acontecimientos y algunas enfermedades psicológicas tienen su origen en los filtros mentales a través de los que percibimos el mundo: «No hay nada bueno o malo; es el pensamiento el que lo convierte en lo uno o lo otro».1 Empecé a utilizar esas citas para que mis alumnos recordaran mejor las grandes ideas de la psicología y a preguntarme cuántas eran. Para averiguarlo, me sumergí en la sabiduría antigua, sobre todo en tres de las grandes zonas del pensamiento clásico: la India (por ejemplo, los Upanishad, el Bhagavad Gita y los dichos de Buda), China (las Analectas de Confucio, el Tao Te Ching y los escritos de Mencio) y las culturas mediterráneas (el Antiguo y el Nuevo Testamento, los filósofos grecorromanos y el Corán). También leí numerosos títulos filosóficos y literarios de los últimos quinientos años. Cada vez que hallaba un enunciado psicológico, es decir, una aseveración acerca de la naturaleza humana o el funcionamiento de la mente o del corazón, lo anotaba. Cuando una misma idea aparecía en varios lugares y épocas la consideraba una posible gran idea. Sin embargo, en lugar de elaborar una lista mecánica de las diez mejores y más conocidas ideas psicológicas de la humanidad, decidí que la consistencia era más importante que la frecuencia. Quería escribir acerca de un conjunto de ideas que encajaran entre sí, se complementaran y relataran la historia de cómo el ser humano es capaz de encontrar la felicidad y el sentido de la vida.

Ayudar a la gente a encontrar la felicidad y el sentido es justo el objetivo del nuevo campo de la psicología positiva,2 en el que estoy profundamente implicado.3 Este libro trata, en cierto modo, de los orígenes de la psicología positiva en la sabiduría antigua, así como de las aplicaciones de la psicología positiva a la vida moderna. La mayor parte de los datos científicos que aparecen en él proceden de profesionales de la ciencia que no se veían a sí mismos como psicólogos positivos. A pesar de ello, me he basado en diez ideas antiguas y en numerosos descubrimientos científicos modernos para explicar con la mayor claridad posible tanto las causas del desarrollo humano como los obstáculos que nosotros mismos ponemos a nuestro propio bienestar.

El libro comienza con un relato acerca del funcionamiento de la mente humana. Por supuesto, no es exhaustivo. Consiste sólo en dos antiguas verdades que hay que comprender antes de intentar servirse de la psicología moderna para mejorar la vida.

La primera es la idea central de la obra: la mente está dividida en partes que a veces entran en conflicto. Como el jinete a lomos de un elefante, el consciente, la parte de la mente que razona, controla al elefante hasta cierto punto. Hoy en día conocemos las causas de esas divisiones y disponemos de recursos para que el jinete y el elefante trabajen en equipo. La segunda es de Shakespeare y versa acerca de cómo el pensamiento convierte las cosas en buenas o malas (o, en palabras de Buda, «la vida es obra de la mente»).4 No obstante, hoy podemos reformular esa antigua idea explicando por qué la mente de la mayoría de las personas tiende a percibir amenazas y a perderse en preocupaciones inútiles. Asimismo, disponemos de recursos para cambiar esa tendencia mediante tres técnicas, una antigua y dos muy nuevas, que aumentan la felicidad.

El siguiente paso es dar cuenta de nuestra vida social, de nuevo, no de manera exhaustiva, sino tan sólo mediante dos verdades tan conocidas como poco valoradas. Una es la Regla de Oro. La reciprocidad es la herramienta más importante para llevarse bien con los demás. Te enseñaré a usarla para resolver problemas vitales y evitar que se aprovechen de ti quienes la utilizan en tu contra. Sin embargo, la reciprocidad es algo más que una simple herramienta. Es también un indicio de quiénes somos y qué necesitamos los seres humanos, un indicio que, más adelante, será clave para entender el final de la historia en conjunto. La segunda verdad es que todos somos, por naturaleza, hipócritas, y por eso nos resulta tan difícil ser fieles a la Regla de Oro. Estudios psicológicos recientes han descubierto los mecanismos mentales que nos permiten ver con tanta claridad la paja el ojo ajeno mientras que nos impiden ver la viga en el propio. Si eres consciente de los ardides de tu mente y de tu tendencia a percibir el mundo a través de una lente distorsionada del bien y del mal, podrás tomar medidas para moderar tu sentido de superioridad moral. De este modo, también conseguirás reducir la frecuencia de los conflictos con otras personas igualmente convencidas de su propia superioridad moral.

A estas alturas de la historia estaremos listos para preguntarnos de dónde viene la felicidad. Existen diversas «hipótesis de la felicidad». Una afirma que la felicidad consiste en conseguir lo que uno quiere, si bien todos sabemos —y la ciencia lo confirma— que esa felicidad es efímera. Una hipótesis más prometedora es que la felicidad viene del interior y no se puede obtener haciendo que el mundo se amolde a nuestros deseos. Esta idea era muy conocida ya en el mundo antiguo. Tanto Buda, en la India, como los filósofos estoicos de Grecia y Roma nos aconsejaban desprendernos de los apegos emocionales por las personas y los acontecimientos, siempre impredecibles e incontrolables, y cultivar una actitud de aceptación. Se trata de una idea tan antigua como respetable. Sin duda, cambiar la mente es con frecuencia una solución más eficaz a la frustración que cambiar el mundo. Sin embargo, más adelante presentaré pruebas de que esta versión de la hipótesis de la felicidad es incorrecta. Los estudios recientes demuestran que hay cosas por las que vale la pena luchar, así como circunstancias vitales externas que nos brindan una felicidad duradera. Una de ellas es la relación, es decir, los vínculos que formamos, y necesitamos formar, con los demás. Presentaré estudios que muestran de dónde viene el amor, por qué la pasión siempre se enfría y qué clase de amor es el «amor verdadero». También propondré una enmienda a la hipótesis de la felicidad que formularon Buda y los estoicos: la felicidad procede del interior, pero también del exterior. Para lograr el equilibrio necesitamos tanto de la sabiduría antigua como de la ciencia moderna.

El siguiente paso en esta historia sobre la búsqueda de la felicidad es analizar las condiciones del crecimiento y el desarrollo humanos. La conocida máxima de que aquello que no mata engorda es reduccionista y peligrosa. Buena parte de lo que no nos mata puede dañarnos de por vida. Estudios recientes sobre crecimiento postraumático revelan cuándo y por qué aprendemos de la adversidad y qué podemos hacer para prepararnos para el trauma o gestionarlo. Asimismo, todos hemos oído numerosos consejos acerca de la necesidad de cultivar la virtud, porque lleva implícita su recompensa, si bien esa afirmación también peca de reduccionista. Demostraré cómo ha cambiado y se ha relajado el concepto de virtud y de moral a lo largo de los siglos, y cómo las ideas antiguas sobre la virtud y la moral pueden resultarnos útiles hoy en día. También señalaré cómo la psicología positiva comienza a cumplir esa promesa ofreciéndote un método para diagnosticar y desarrollar tus puntos fuertes y tus virtudes.

La conclusión de la historia trata sobre el tema del sentido: ¿por qué algunas personas encuentran sentido, propósito y satisfacción en la vida, mientras que otras no? Mi punto de partida es la idea común a numerosas culturas de que hay una dimensión vertical y espiritual de la existencia humana. Ya se la llame nobleza, virtud o divinidad, ya exista o no Dios, la gente simplemente percibe lo sagrado, la santidad o una especie de bondad inefable tanto en los demás como en la naturaleza. Me basaré en mi propia investigación sobre ciertas emociones morales como la repulsión, la exaltación y el sobrecogimiento para explicar cómo funciona dicha dimensión vertical y por qué es tan importante para entender el fundamentalismo religioso, las guerras culturales que vemos en la actualidad y la búsqueda humana del sentido. También hablaré de qué quieren decir las personas cuando se preguntan por el sentido de la vida, y ofreceré una respuesta basada en las ideas antiguas sobre el propósito, pero que utiliza estudios muy recientes para trascender tanto dichas ideas como cualquier otra que probablemente ya habrás oído alguna vez. Con ello, reformularé la hipótesis de la felicidad una última vez. Podría resumirla aquí mismo, pero explicarla en esta breve introducción sería desvalorizarla. Las palabras de sabiduría, el sentido de la vida o incluso la respuesta que buscaban los bibliotecarios de Borges: quizá nos pasen delante a diario, no obstante todo nos servirá de poco si no lo saboreamos, nos involucramos en ello, lo cuestionamos, lo mejoramos y lo integramos en nuestra vida. Ése es el objetivo del presente libro.