“Sin un hijo, cada día termina con un hambre insaciable”: un libro sobre cambiar de sexo, volver, y todas las formas de la maternidad

En “Detransición, baby” una mujer trans que volvió a ser varón le ofrece a su ex novia compartir un bebé con su actual mujer. Pero hay mucho más

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Torrey Peters y "Detransición, baby"
Torrey Peters y "Detransición, baby"

Claro que hay algunas cuestiones que el paso adelante de las personas trans le han planteado a toda la humanidad. Básicamente, qué es ser una mujer, qué es ser un varón. Si durante décadas se peleaba para que ser varón o ser mujer fuera exactamente lo que a uno le diera la gana -una periodista mexicana decía: “No reconozco ninguna función específicamente masculina aparte del aporte de espermatozoides para la reproducción-, acá llegaban personas que querían ser, sobre todo, mujeres clásicas, preocupadas por la belleza como marcaban las revistas femeninas, con tacos, lencería, en fin.

El enfrentamiento no fue un tema de odio pero sí una distancia ideológica importante. Hay incluso teorías que afirman que las lesbianas no son mujeres porque no están sujetas al deseo masculino, en cambio una mujer trans si lo es. Lo que, claro, es distinto de pensar que una mujer puede ser heterosexual o lesbiana, bailarina o camionera, que puede ser una camionera delicada, que puede ser una bailarina brutal. O camionera brutal además de bailarina delicada. O lo que sea, sin dejar de ser mujer. Y lo mismo corre para los varones.

Por cosas como estas, cordilleras de agravios nos han puesto de un lado y del otro a quienes se supondría que tendrían que estar más o menos juntos.

"Detransición, baby", un libro con
"Detransición, baby", un libro con belleza y complejidad.

¿Y la maternidad? ¿Es “una mujer verdadera” la que puede y no quiere ser madre o la que -mujer trans- quiere y no puede?

Con estas ideas en el aire se puede leer Detransición, baby, la novela de una autora trans estadounidense, Torrey Peters, que todavía jugaba en el recreo cuando ya se daban esos debates: nació en 1981.

Lo primero que salta es la palabra “Detransición”. Así que Peters iba a contar la historia de alguien que nació con cuerpo de varón, se sintió mujer, hizo la transición y más tarde volvió a su cuerpo original. A primera vista, “baby” puede aparecer como un vocativo, como una forma de provocación. Pero no, “baby” es acá tan importante como “detransición”, y tal vez más. “Baby” es “baby”, un bebé real en camino. Pero vamos más despacio.

Contado simple, como de contratapa, esta es la historia de Ames, Katrina, Reese y el anuncio de un embarazo. Ames es el personaje que nació varón, transicionó a mujer y luego volvió a ser varón. Reese es una mujer trans que fue su pareja en el período en que Ames era Amy. Katrina es la mujer cis que ahora tiene una relación con Ames y a la que él dejó embarazada. También es jefa de Ames. Y no sabe nada de su vida anterior como Amy.

Pero cuando Katrina queda embarazada, Ames siente que se lo tiene que contar y más: siente que no sabe si puede ser padre salvo que Reese esté con ellos, que hay algo de la paternidad que le pesa demasiado y ese algo es aliviado por Reese. Eso les propone a Katrina y a Reese: que críen al bebé entre los tres. Ser madre es lo que Reese más quiere en la vida, pero ¿así?

La  maternidad y sus
La maternidad y sus múltiples formas

Hay que saber que Amy, cuando todavía estaba con Reese y llevando un coqueto vestido, un día se enojó mucho con un hombre que la cortejaba, levantó la mano y le rompió la cara al grito de “Salí de acá, amigo”. Y después de eso y después de sentirse muy frágil muy frágil decidió volver a ser un hombre. Porque algo de su masculinidad le había salido de adentro pero, también, porque ser hombre era una manera de poner freno a esa fragilidad. Entonces, ¿dejó de ser una mujer trans para siempre? Eso no lo puede jurar.

Como se puede esperar, Katrina se enfurece cuando se entera de que su Ames había sido una Amy. No sabe si quiere tener ese bebé, no quiere tenerlo sin padre y si Ames no quiere tomar ese lugar... está lista para abortar. Pero lo piensa. Habla con su madre, que debe ser una mujer de los 60 y que la anima: cuantas más madres haya, mejor, le dice. Mejor para la carrera de Katrina, para la crianza, para el bebé. Así que Katrina quiere conocer a Reese. Y vemos.

Pero la anécdota, que es interesante, no es todo en Detransición, baby. La novela está llena de sutilezas que nos sacan del lugar común. Como cuando un jovencísimo James -el primer nombre de Ames/Amy- va a acostarse con una chica y sólo encuentra una manera de excitarse: poniéndose en el lugar de la chica: “Empezó a inventarse una fantasía. Algo que encajaba con lo que estaba pasando, pero que en realidad no era lo que estaba pasando. Era la mascota de Delia. Su dueña quería que se pusiera dura, y ella no quería decepcionarla. Pasaría quisiera o no. Su dueña pensaba que era guapa. Miró uno de los corpiños que había en el suelo y se dijo: ‘Ese es mi corpiño, me lo ha quitado ella’“. (La traducción es mía)

"Detransición, baby" explora la identidad
"Detransición, baby" explora la identidad trans pero va más allá de eso. ( Caribe Afirmativo)

Funciona. James puede estar ahí, excitarse, excitar a la chica, pero solamente si piensa que las cosas son al revés de lo que son. Ahí, hablando “sucio”, como aprendió que se espera que un hombre haga, comprueba cómo se gana el respeto de la mujer que está con él. Pero entiende que eso que le pasa se llama “Disociación”. Y que puede doler: estar teniendo relaciones pero estar en otro lado. Y el dolor no es únicamente para quien se disocia: “Le llevó un tiempo comprender la soledad cíclica de desaparecer en la disociación durante el sexo. Que las personas tienen relaciones sexuales por un placer compartido que mantiene a raya la soledad existencial, por lo que cuando ella desaparecía dentro de sí misma, sus parejas más experimentadas percibían esa ausencia y su desaparición les hacía daño." La soledad se multiplicaba.

Entonces, bueno, va a transicionar y enseguida va a conocer a Reese, que es mayor que ella, y entre que la cuida y que la desea, va a terminar teniendo una pareja en serio con Reese. Dos mujeres trans, sí. Con subjetividades -¡no podía ser de otra manera!- muy diferentes.

Ese es el tipo de complejidad que trae Detransición, baby. James-Amy-Ames no es una maqueta, es un personaje con matices, y tampoco lo es Reese ni, ah, ah, Katrina. Katrina puede burlarse de los argumentos de identidad que le dan -esto pasa porque soy trans, las trans somos así, nos discriminan así, queremos esto- porque su madre es china y sabe correr “por izquierda” el discurso de la segregación con el discurso de la “racialización”. Los derechos no son iguales para todos, ojo, dice. Y les tira a Ames y Reese: “Todas mis amigas blancas dan por sentado automáticamente que los derechos reproductivos se refieren al derecho a no tener hijos, como si la maternidad fuera algo natural y un derecho adquirido. Pero para muchas otras mujeres de este país, ocurre justo lo contrario. Pensemos en las mujeres negras, las mujeres pobres, las mujeres inmigrantes." Katrina habla de esterilizaciones forzadas, de las acusaciones de embarazarse para cobrar un plan social. Esas posiciones, dice, refuerzan “la idea de que no todas las maternidades son legítimas.”

La versión original del libro
La versión original del libro de Torrey Peters.

La novela -que en la Argentina publica Caja Negra- tiene muchísimas zonas de construcción de lo trans. La elección de la ropa, la familia, el día en que la mamá se enoja porque su nene le pide, con una excusa, que le preste un corpiño, los golpes de ese hombre que le va a enseñar a ser mujer, la solidaridad trans. Muchas zonas que dan espesor a estos personajes, y ninguna es obvia. Torrey Peters se atreve a avanzar, profundizar, meter el dedo en todas las llagas, mostrar que todo el mundo tiene llagas que hacer arder.

Pero tal vez uno de los momentos más conmovedores ocurra cuando Katrina le pregunte a Reese por qué quiere ser madre. Y la respuesta de Reese (la traducción es mía): “Quiero ser madre por las razones habituales. (...). A las mujeres de las que hablas, las mujeres marginadas, se les dice que no deben tener hijos, no que no deben desearlos. El deseo de tener hijos parece ser un hecho universalmente aceptado para las mujeres de todo el mundo. No quiero jugar la carta de la excepción trans, pero lo siento, no es lo mismo para las personas transexuales. No se considera natural cuando digo que mi reloj biológico está corriendo, porque en primer lugar no se me concede un reloj biológico. Me duele ver a otras madres con hijos. Siento mucha envidia. Es una envidia de mi cuerpo, como el hambre. Quiero tener niños cerca de mí. Quiero la misma validación que tienen otras madres. Esa sensación de feminidad que se encuentra en una familia. Esa validación está bien para las mujeres cis, pero en mi caso se considera pervertida. Como si la única razón por la que ‘un hombre con vestido’ quisiera estar cerca de niños no fuera buena".

Y dice más: “Salgamos del armario y admitámoslo: todo el mundo actúa como si las madres fueran mujeres de verdad y las mujeres de verdad se convirtieran en madres. Las mujeres que nunca tienen hijos son tratadas como putas tontas, obsesionadas consigo mismas, carentes de la capacidad básica para amar".

Y, sin vueltas: “Lo diré en primera persona: creo que sin un hijo, siempre seré una puta tonta. Y tengo la capacidad de amar a un niño. Y sin un hijo al que amar, cada día termina con un hambre insaciable”.

Peters tiene una maestría en Bellas Artes y otra en Literatura Comparada. Detransition, Baby ganó el premio PEN/Hemingway en 2021 a la mejor novela debut y fue elegida como una de las mejores novelas del siglo XXI por el New York Times.

¿Lo van a hacer? ¿Va a nacer ese bebé en esa familia hecha a mano? ¿Va a tomar Ames el papel de padre, va a seguir siendo varón? Algo de esa intriga recorre el libro de punta a punta, y es lindo responderla pero créanme: hay muchísimo más que eso.

Es una novela de 417 páginas que abre ideas y donde hay momentos de enorme cercanía entre personas muy diferentes. Hay buena gente, hay ganas de que la vida sea buena, hay amor. No es una canastita rosada llena de mermelada, pero le da una tregua al corazón.

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