
¿Cuánto podría valer el sofá tapizado en el que Roy Lichtenstein se sentaba tras realizar algunas de sus obras pop? Lo que alguien quiera pagar sería la respuesta más lógica. Y ese algo fueron USD 25.600. Por otro lado, una butaca de pino, salpicada de pintura y utilizada en el estudio del artista, multiplicó por más de veintisiete su estimación inicial y se vendió por usd 10.880.
De la reciente subasta de la colección personal que compartía con Dorothy Lichtenstein en Southampton no se salvaron ni los libros, que se fueron por USD 1.664. Esta gran venta “de garage” revela uno de los aspecto más tristes sobre el mundo de la cultura, no solo del arte: la destrucción y rotura de lazos del patrimonio material -no creativo- que hace a la vida de un artista.
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Por supuesto, este no es un mal solo de las artes plásticas, sucede detrás de cualquier personalidad que, una vez muerto, no haya quien le desee cuidar este tipo de legado. Hace no mucho, de hecho, los hijos de David Lynch sacaron a la venta desde su silla de director y objetos personales, que superaron expectativas de precio en una subasta millonaria. Y es que las migajas de una gloria ajena heredada parecen tener aún más sobre.

Sumido en una crisis global de precios, el mundo del arte posee tantas aristas que nada parece escapar al profundo pozo del postcapitalismo. En un documental de 2018, El precio de todo, Nathaniel Kahn exploró esa tensión entre el valor artístico y el valor de mercado, un dilema que atraviesa el mundo del arte contemporáneo.
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Mientras por un lado se entrevista a Jeff Koons, considerado el artista vivo más exitoso en términos económicos, cuyas esculturas de acero inoxidable inspiradas en globos han alcanzado cifras multimillonarias y cuyas piezas son elaboradas por un equipo de asistentes, por otro el pintor Larry Poons, quien en el pasado fue equiparado a figuras como Frank Stella y Jasper Johns, continúa su carrera alejado de la fama y la riqueza, dedicado a sus abstracciones coloridas en su estudio de Nueva York, junto a su esposa. Incluso, una aparición de Gerhard Richter, otro best seller de precios estratosféricos, se averguenza por los valores que las subastas ponen a su obra.
El filme pone en escena una serie de conflictos entre artistas y mercado que existen y siempre existirán, una paradoja entre el amor al dinero y el amor al acto creativo, una Bella y Bestia que suelen ir de la mano.
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Sin embargo, el infrmundo de los papeles, las investigaciones, las anotaciones al margen y bocetos suelen, en el mejor de los casos, ser adquiridos o donados a universidades o algunos museos en particular. En el caso del arte, el ICAA, dependiente del Museo de Houston, posee un fondo extraordinario de arte latinoamericano de los siglos XX y XXI. En Argentina, ese lugar lo ocupa la Fundación Espigas, el primero de la región -incluso antes que el ICAA- con su Centro de Documentación para la Historia de la Artes Visuales en la Argentina.
Sin embargo, no todo parece digno de ser guardado o estudiado. O al menos, hay objetos que es mejor sacarlos a la venta. En ese sentido, al legado de Roy Lichtenstein no le quedan ni los muebles porque, en el arte, aunque cuando no se trate de obra per se, todo tiene un precio.
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La venta de más de 170 piezas procedentes de la residencia de los Lichtenstein en Southampton recaudó un total de usd 1,12 millones. El evento, celebrado el miércoles bajo la modalidad “white-glove” —donde todos los lotes encuentran comprador—, demostró la vigencia del atractivo que despierta el legado de la pareja. El 60 % de los lotes superó su estimación previa, impulsado por el valor simbólico y artístico de las obras y objetos personales.
El catálogo incluyó desde obras de arte de amigos y contemporáneos, como Jasper Johns, Ellsworth Kelly y Robert Rauschenberg, hasta mobiliario antiguo y elementos de uso diario. Entre los lotes más codiciados figuró un dibujo de Henri Matisse de 1937, Portrait de femme accoudée, que duplicó su estimación más baja y se adjudicó por $89.400.
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La pintura Flag (Moratorium) de Jasper Johns (1969) también duplicó su base y alcanzó los $51.200. Destacaron especialmente dos esculturas de Yoko Ono: Family Album (Blood Objects), Exhibit C: Mind Box (1993), que multiplicó por veinticuatro su estimación y se vendió por $46.640, y Family Album (Blood Objects), Exhibit M: High Heel Shoes (1993), que llegó a $43.520, veintiuna veces su precio de salida.
La casa de los Lichtenstein fue durante años un refugio para el matrimonio y un punto de encuentro para artistas. El propio Roy Lichtenstein describió su arraigo al lugar con la frase: “Vinimos varios veranos y un otoño simplemente no nos fuimos”, según recogió Curbed. La propiedad, que salió al mercado el otoño pasado a través de Sotheby’s con un precio cercano a los USD 20 millones, albergaba el estudio del artista en un granero y una selección ecléctica de arte, muebles y libros.
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La subasta de Bonhams, celebrada en línea entre el 20 y el 30 de julio, ofreció piezas que iban desde un dibujo de Matisse hasta libros de arte sobre figuras como Jean-Michel Basquiat, Wayne Thiebaud y Andy Warhol, con estimaciones que partían de los USD 300.
La colección también reunía obras de amigos cercanos, como la serigrafía Colored Paper Image XVI (Blue Yellow Red) (Axsom 156) de Ellsworth Kelly (1976), estimada entre 10.000 y 15.000, y su pieza Blue Curve, con la misma valoración. Un grabado de Robert Rauschenberg, Still Life Stash (Anagram), se ofrecía con una estimación de 8.000 a 12.000.
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La figura de Dorothy Lichtenstein resultó clave en la preservación y difusión del legado de su esposo tras su fallecimiento en 1997. Fundó la Roy Lichtenstein Foundation en 1999 y donó más de 1.000 obras, bocetos y archivos personales a instituciones culturales, con especial atención al Whitney Museum of American Art de Nueva York.
En paralelo a la subasta de Bonhams, Sotheby’s Nueva York ofreció más de 40 obras de Lichtenstein procedentes de la colección del matrimonio. Todas encontraron comprador y sumaron USD 29 millones, superando la estimación máxima de 25 millones. La pieza más valiosa fue Reflections: Art (1988), que se vendió por 5,5 millones, dentro del rango previsto.
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