
“Murió el 17 de junio de 1821 en la Cañada de la Horqueta”, cuenta Felipe Pigna sobre Martín Miguel de Güemes. “El pueblo salteño concurrió en masa a su entierro en la Capilla de Chamical y el 22 de julio le brindó el mejor homenaje al jefe de la guerra gaucha: liderados por el coronel José Antonio Fernández Cornejo, los gauchos de Güemes derrotaron a «Barbarucho» Valdés y expulsaron para siempre a los españoles de Salta”, dice en un artículo en El Historiador.
De su muerte mañana se cumplen 204 años. Salteño, nacido en el entonces Virreinato del Río de la Plata, el 8 de febrero de 1785, la trayectoria militar de Güemes comenzó durante las invasiones inglesas, donde se destacó por su capacidad de organización y combate. Más tarde, integró el Ejército del Norte bajo el mando de Manuel Belgrano, participando en campañas decisivas para la independencia.
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Pero con Belgrano tuvo una relación compleja, sobre todo al principio. Cuenta Adrián Pignatelli: “Fue por un escándalo del que Manuel Belgrano se arrepentiría que fue separado del Ejército del Norte en junio de 1812. Es que convivía con una mujer casada y, aparentemente, vivían junto al esposo quien aseguraba que el salteño lo había amenazado de muerte si denunciaba la situación. Acusado por Belgrano de llevar una vida licenciosa, fue enviado a Buenos Aires. Muchos se habrían lamentado que, con el salteño al lado de Belgrano, posiblemente los resultados de Vilcapugio y Ayohuma hubiesen sido otros”.

Tuvo suerte: en ese destierro conoció a José de San Martín. Luego formarían una gran dupla y con Belgrano, tras este episodio, se volverían grandes amigos. Años después se reincorporaría al Ejército del Norte con San Martín como jefe. En 1814 fue llamado “benemérito” por San Martín cuando derrotó a los realistas en la ciudad de Salta. “Los gauchos de Salta, solos, están haciendo al enemigo una guerra de recursos terrible…”, escribió el Libertador.
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“Pero Güemes no olvidaba su Salta natal”, cuenta Pigna, “a la que volverá definitivamente en 1815. Gracias a su experiencia militar, pudo ponerse al frente de la resistencia a los realistas, organizando al pueblo de Salta y militarizando la provincia”. En 1815 fue electo como gobernador de su provincia. Durante su gestión, la provincia incluía las jurisdicciones de Jujuy, Tarija y Puna de Atacama, antes de que se declararan las autonomías provinciales. Su administración se caracterizó por la defensa del territorio frente a las fuerzas realistas, utilizando recursos económicos locales y la colaboración de gauchos y patricios de la región.
Quizás su mayor aporte fue el liderazgo que tuvo durante la llamada Guerra gaucha, que permitió que el noroeste argentino y el Alto Perú resistieran seis invasiones del ejército español, manteniendo así el control patriota sobre extensos territorios. El período se extendió entre 1814 y 1825. Estas milicias de “infernales” estaban formadas por gauchos, tanto del norte argentino, como de las republiquetas del sur Boliviano (republiqueta de Tarija, republiqueta de los Cintis, Republiqueta de la Laguna).
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La designación de Güemes como General en Jefe del Ejército de Observación se produjo cuando José de San Martín fue comisionado a combatir en Perú con el Ejército de los Andes. Esta responsabilidad colocó a Güemes al frente de la defensa y contención de los realistas en el noroeste argentino y el Alto Perú. Su estrategia militar, basada en la movilidad y el conocimiento del terreno, resultó fundamental para frenar el avance español y proteger el resto del actual territorio argentino de la ocupación realista.
Elsa Drucaroff lo abordó desde la ficción con Conspiración contra Güemes: una novela de bandidos, patriotas, traidores. En una entrevista con Télam dijo: “¿Por qué Güemes es el único en el Norte que arma milicias dispuestas a dar la vida? Porque les reconoce derechos concretos, arma una lógica de beneficio real de las clases oprimidas y por eso es amado y seguido y por eso también las milicias se vuelven invencibles”.
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Varios mitos giran alrededor de Güemes. Suele decirse que era un “gaucho puro”, pero en realidad pertenecía a una familia acomodada de Salta. Tampoco fue un líder unánimemente respaldado por el pueblo norteño: su gobierno tuvo detractores y muchos lo acusaban de abusos de poder, excesiva presión fiscal y autoritarismo. Y su relación con San Martín no fue una alianza perfecta: hubo tensiones y grandes diferencias tácticas y políticas entre ambos, aunque nunca desembocaron en ruptura abierta.

Murió el 17 de junio de 1821, a los 36 años de edad. Se cree que por hemofilia, luego de ser herido y agonizar durante diez días. Cuenta Pacho O’Donnell que “el sector complotado de la aristocracia salteña, dueña otra vez del poder, feliz de ya no ser obligada a apoyar la emancipación argentina, festejó su muerte e hizo desvergonzadamente pública su traición”.
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Rivadavia hizo publicar la noticia en el diario oficial La Gazeta de Buenos Ayres que “murió el abominable Güemes”: “Ya tenemos un cacique menos”. Pese a que la historia oficial quiso ocultarlo, su figura se hizo fuerte con el paso del tiempo. Hoy es considerado el máximo prócer de la historia de Salta y uno de los tres próceres nacionales que cuentan con un día feriado en su homenaje, en reconocimiento a su papel en la guerra de la Independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata.
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