
Un animal pequeño, de cola larga y ojos brillantes se desplaza entre la leña apilada cerca de una cabaña patagónica.
Su presencia suele pasar inadvertida, pero el ratón colilargo, cuyo nombre científico es Oligoryzomys longicaudatus, puede ser reservorio del hantavirus Andes, la única cepa del mundo con transmisión de persona a persona, con una tasa de mortalidad que puede superar al 50%.
La circulación del virus Andes cobró relevancia esta semana cuando el crucero MV Hondius, con bandera neerlandesa y partida desde Ushuaia, Argentina, reportó siete casos de enfermedad respiratoria grave entre sus pasajeros.
Tres personas fallecieron. Las muestras de al menos dos pacientes resultaron positivas para el virus Andes, confirmado primero por el Instituto Nacional de Enfermedades Comunicables de Sudáfrica y luego monitoreado por la Agencia Europea para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC).
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Los primeros pasajeros afectados habrían adquirido el patógeno antes de embarcar, aunque aún todo está en estudio.
Un habitante discreto de los bosques

Oligoryzomys longicaudatus es un roedor silvestre de tamaño pequeño con una cola que supera en longitud al resto del cuerpo.
Tiene pelaje pardo grisáceo, patas finas y agilidad para moverse tanto en el suelo como entre arbustos y ramas bajas.
El ratón colilargo no habita zonas urbanas, sino áreas rurales y periurbanas próximas a bosques andino-patagónicos.
“Puede instalarse cerca de las viviendas, como depósitos de leña, galpones y corrales, especialmente cuando el frío o la escasez de alimento lo llevan a buscar refugio y recursos próximos a los humanos”, señaló la bióloga Karina Hodara, quien realizó una tesis de maestría en la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires sobre la dinámica de transmisión del hantavirus en la zona andino-patagónica.
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Esta proximidad no ocurre por intención del animal, sino por cambios en el entorno o en la disponibilidad de alimento.
En 2011, un estudio de investigadores del Centro de Ecología Aplicada de Neuquén y otras instituciones reveló que los ejemplares de roedores que se encuentran en ambientes peridomésticos presentan 2,44 veces más probabilidades de estar infectados con el virus Andes que aquellos que viven en zonas silvestres alejadas de las viviendas.
El mecanismo de transmisión

La transmisión del hantavirus no requiere contacto directo con el animal. Basta con inhalar el aire de un espacio cerrado donde el colilargo dejó heces, orina o saliva. Esas partículas pueden entrar por las vías respiratorias.
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El virus Andes se diferencia de otras cepas por su capacidad de transmitirse entre personas, a través de saliva o estornudos. Esto se observó en los brotes de El Bolsón (1996) y Epuyén (2018), que fueron investigados por el Instituto ANLIS/Malbrán, y ahora vuelve a cobrar relevancia en el caso del crucero.
Cómo varían las poblaciones del roedor

El comportamiento y la presencia del colilargo están fuertemente influenciados por los ciclos ambientales y las condiciones del entorno
La abundancia del roedor colilargo varía a lo largo del año. Primavera y verano son los períodos de mayor reproducción y dispersión del roedor, lo que incrementa la circulación del virus en el ambiente.
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A este ciclo natural se suma el fenómeno de la “ratada”: cuando la caña colihue (Chusquea culeou) florece —con lapsos de entre 25 y 70 años—, produce gran cantidad de semillas y la población de colilargos crece de manera explosiva.
En el brote de El Bolsón de 1996, la sequía y los incendios en los bosques forzaron a los animales a buscar refugio y alimento en cabañas turísticas, lo que incrementó el contacto con personas.
“Cuando se producen aumento en la población del colilargo y aumenta la circulación del virus en el ambiente, el riesgo de exposición para las personas también crece. Ante este escenario, resulta clave conocer cómo se manifiesta la enfermedad y qué medidas ayudan a reducir la posibilidad de transmisión”, resaltó en diálogo con Infobae Teresa Strella, médica infectóloga y epidemióloga de la Sociedad Argentina de Infectología (SADI).
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Cuáles son los síntomas y las precauciones

Los síntomas del hantavirus se parecen a los de una gripe: fiebre alta, dolores musculares, cefalea y cansancio. En pocos días puede progresar a insuficiencia respiratoria grave.
Por el momento, no existe vacuna ni tratamiento específico aprobado, solo cuidados intensivos para sostener al paciente mientras su sistema inmune responde.
Quienes viajan o viven en zonas de riesgo deben ventilar espacios cerrados antes de ingresar, evitar tocar roedores o sus rastros, y no acumular leña o materiales cerca de la vivienda.
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