
Cuando Bruno Schröder salía de trabajar se dedicaba a leer. Era ingeniero y se ganaba la vida en las minas de Ibbenbüren. Cuando terminaba la jornada laboral, manejaba durante no más de media hora hasta su casa, que quedaba en Mettingen, un pequeño pueblo alemán que, según el censo de 2016, allí viven 11.829 personas. Uno de ellos era este minero que vivía entre dos mundos: bajo la tierra y entre libros.
En su casa lo esperaba una enorme biblioteca que creía semana a semana. Compraba novelas, textos de no ficción, de todo. Pasaron los años y, casi sin saberlo, se volvió un coleccionista. Su casa llegó a albergar 70 mil libros. Según las fotos y los testimonios, no había pared libre. La casa entera, que nadie podría definir como una mansión o un hogar gigante, estaba “empapelada” de libros: sólo se veían lomos y lomos de distintos colores con nombres y títulos.

El año pasado Schröder falleció —tenía 88 años— y de pronto se develó su secreto, su “tesoro oculto”. Su mujer ahora vive en un hogar de ancianos. Desde entonces, buscan qué hacer con los libros. La historia la cuenta Daniel Winkelkotte en el portal WDR, la empresa de radio y televisión pública creada en 1956 que presta servicio al estado Renania del Norte-Westfalia, al que pertenece el pueblo de Mettingen.
“Podría ser la biblioteca privada más grande de Westfalia”, dice Winkelkotte. Quitando las bibliotecas públicas o los museos privados y centros de investigación, ¿cuántas personas anónimas en el mundo, cuya actividad laboral nada tiene que ver con la literatura, han albergado tantos libros en sus casas? “La casa es bastante discreta en medio de una urbanización. Pero bajo el techo, y hasta el techo, hay un verdadero tesoro: un tesoro oculto de libros”, escribe Winkelkotte.

Renate Abeln es una amiga de la pareja. Ella es la encargada legal de la esposa de Bruno. De él ha dicho que “era una persona especial, muy reservada”. “Sus libros eran sagrados para él. Los registraba todos en la computadora y registraba cada detalle”, agregó. Renate es, además, la que está buscando personas interesadas en los 70 mil libros: “Nos encantaría regalar toda la colección. Tal vez también sea adecuado para un propósito social o cultural”, le dijo a WDR.
Una sola habitación de la casa no tenía libros: el ático. Allí tenía un pequeño taller donde confeccionaba él mismo las bibliotecas. “Era muy hábil con las manos”, dice Renate. En las fotos se lo ve con sus bigotes y anteojos, en la mina o en un sillón con los libros: siempre sonríe. Una sonrisa simple, auténtica, espontánea.

Otro testimonio es el de Silke Meyer, que tiene una librería en el pueblo a la que Bruno iba muy seguido. “Fue nuestro mejor cliente habitual durante muchos años. Sus libros eran muy importantes para él. Los guardaba como un tesoro”, aseguró. Efectivamente lo era. Y en esos 70 mil libros están sus marcas de lector. ¿Anotaciones, frases subrayadas, manchas de tierra y carbón provenientes de la mina? En esa gran colección Bruno Schröder sigue presente.
Seguir leyendo
Últimas Noticias
7 libros de cozy fiction japonesa para leer despacio y sin culpa: librerías de barrio, gatos sabios y cartas que pesan
Un subgénero que prefiere la calidez a los giros estruendosos gana terreno entre lectores en español. Historias mínimas, duelos discretos y refugios cotidianos que esconden más de lo que dicen

La policía brasileña recupera los grabados de Matisse robados en una biblioteca de San Pablo
Las ocho piezas, pertenecientes a la serie ‘Jazz’, fueron halladas en un suburbio de la megalópolis. En tanto cinco grabados de Cândido Portinari, sustraídos en el mismo asalto, permanecen sin rastro

Murió Carlos Silveyra, una voz clave de la literatura infantil
El escritor, editor y docente falleció tras una internación por problemas respiratorios, poco después de una aparición en el gran encuentro dedicado a los chicos que él mismo definió como su adiós profesional

Una noche récord de arte y solidaridad: la subasta a beneficio del Hospital Churruca Visca recaudó más de 160 mil dólares
Cuarenta obras de arte argentino salieron a remate en la sede de Colección Amalita, en una actividad organizada por la Fundación Policía Federal Argentina con el objetivo de adquirir nuevo equipamiento para el centro médico

Neruda, Lacan y el olvido imposible: así construí una obra para hablar del duelo y la memoria
Una sala, una puerta sin abrir y tres historias de pérdida. La autora de ‘Es tan largo el adiós: Sesión en espera’ cuenta el proceso creativo de la pieza teatral que se pone en escena los sábados 15, 22 y 29 de agosto



