Con una mirada que recupera los elementos más contemporáneos y frescos de los cuentos de Katherine Mansfield y que los pone a dialogar con el ambiente artístico porteño de la generación que nació y creció en los noventa, la obra Fiesta en el jardín vuelve al Cultural San Martín en una segunda temporada para recuperar y actualizar la obra.
Los cuentos más conocidos de Mansfield, como “Matrimonio a la moda”, “Felicidad”, “Fiesta en el jardín”, “Una taza de té“, son adaptados y llevados por primera vez al teatro porteño en una puesta que permite traer su obra al presente.
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“La mirada de Mansfield sobre los suyos me permitía mirar a los míos y hacer un retrato crítico sobre y desde mi generación. En la obra, ese retrato se condensa en una fiesta de año nuevo en Buenos Aires, entre las 4 y las 5 de la mañana, entre ocho personajes nacidos en los noventa”, cuenta la dramaturga Mora Monteleone, quien nació en 1993 y está dispuesta a darle voz a su generación.
Mansfield (1888-1923), a quien Virginia Woolf no dudó en calificar como “dueña de una inteligencia extremadamente sensible”, nació a fines del siglo XIX en el seno de una familia acomodada de Nueva Zelanda, pero sedienta de un mundo cultural que no encontraba en la colonia, logró que sus padres la enviaran a estudiar a Londres, donde conoció la música, los círculos literarios de la época y la introspección. Tras regresar a su país de forma involuntaria, se instaló definitivamente en Europa y construyó una obra de novelas cortas y cuentos en los que va desde la exterioridad sociológica de la época hasta una interioridad refinada de la sensibilidad femenina.
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“Cuando leí los cuentos de Katherine Mansfield, escritos hace cien años, sentí que hablaban sobre el presente de mi generación, especialmente sobre quienes vivimos en Buenos Aires y somos parte de, o frecuentamos, el ambiente artístico. Los personajes de Mansfield vivían como vivimos: haciendo lo posible por sostener y destruir relaciones en las que querían y no querían estar, organizando fiestas a las que preferirían haber ido como invitados, desesperándose por conseguir el reconocimiento de alguien, o al menos el propio”, recupera la directora de Fiesta en el jardín.
Cree, además, que en la obra de Mansfield hay una mirada sobre su contemporaneidad distinta a la que plantea la literatura de la época: “Ella no se había interesado por retratar lo que ya era certero o claramente denunciable. Mansfield se había permitido observar lo agudo, los agujeros negros, los misterios. Y lo había expuesto de una forma terrible y hermosa a la vez”.
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Sobre la posibilidad de traer aquellos textos al presente, Monteleone se considera parte de una generación con “conquistas y debates saldados”: “Quise ofrecer una obra no para reconfirmar lo que ya pensamos, sino para dar un espacio a esas preguntas que nos perturban cuando dialogamos con nosotros mismos en la intimidad. Por eso tomé situaciones y personajes de los cuentos más conocidos como para llevarlos por primera vez al teatro”.

—¿Qué cuestiones literarias creés que condensan sus cuentos e intentaste llevar a la sala?
—Cuando leí a Mansfield me impresionó la honestidad con que se podía exponer a sí misma y a su entorno. Yo creo que esa honestidad, esa agudeza, es la que hace hoy a su actualidad. En sus cuentos sobre dinámicas de pareja y el mundo social del arte logró reflejar problemas que no se resolvieron en estos cien años que pasaron. Lo que exponen sus cuentos no es fácil porque no estamos a salvo de ninguna de sus acusaciones. El modo en que sus personajes se ríen de sentimientos ajenos y luego se avergüenzan en silencio de los propios. La manera tortuosa en que se relacionan con la mirada ajena. A qué miradas le dan valor y a cuáles no. La preocupación por la imagen sobre sí mismos que le devuelven los demás, y lo que les pasa cuando eso que les devuelven no es lo que querían producir. La sensación insoportable de no estar viviendo como quieren pero al mismo tiempo no estar seguros de cómo les gustaría vivir.
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Estas sensaciones aparecen condensadas en los cuentos de Katherine Mansfield. Nunca se nombran, pero parecen ser las que atraviesan a sus personajes mientras viven, actúan, organizan fiestas, se confiesan amor, rompen relaciones, se relacionan con extraños para buscar el reconocimiento de los íntimos. En esa ansiedad, esa perturbación, reconocí las dinámicas de mi generación. Una generación nacida en los 90 que hoy hace equilibrio entre el deseo de libertad y el miedo a la soledad. Y que se asoma al mismo agujero negro en el que evidentemente Mansfield, cien años atrás, también vio perderse a sus contemporáneos.

—La obra tuvo diez funciones a sala llena durante el primer ciclo ¿Qué cuestiones del texto y de la puesta sentís interpelaron más al auditorio?
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—El público habla de la profundidad del retrato crítico que ofrece la obra. Quienes vienen a verla agradecen el riesgo. El riesgo de exponernos a nosotros mismos, como generación, y a nosotros mismos como artistas, y con una mirada crítica y poética. Impacta la tensión sostenida por las actuaciones y por la puesta en escena. La relación de la pareja protagonista suele ser el tema más debatido entre público al salir de la función: asisto o me cuentan largas conversaciones y debates al respecto, qué está fallando, de quién es la culpa, si quizás en cambio ambos puntos de vista son válidos (son debates que se siguen dando al interior del elenco).
El público agradece que mostremos tantas cosas que solemos mantener en silencio, pero que no las expliquemos, sino que dejemos que el espectador reúna y, si quiere, decida. También se repara en la puesta en escena: el dinamismo compuesto por la escenografía, el juego entre la escena y lo que ofrece la pantalla, el juego con la luz, la pieza de arte visual (un árbol metálico sin raíces que flota sobre los personajes), el diseño sonoro que instala rápidamente la atmósfera festiva pero desesperante. También divierte el hecho de que cada función sea distinta: entre el elenco de ocho actores y actrices que hacen de escritores, siempre hay un/a escritor/a de la escena contemporánea invitado/a.
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Fiesta en el jardín, con dirección general de Monteleone y María Sevlever, se presenta en una segunda temporada en el Cultural San Martín, los viernes y sábados a las 21, hasta el sábado 11 de febrero.
Fuente: Télam S. E.
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