Juan Ingaramo: “Por más nómade que parezca mi sonido, el punto de partida siempre es el pop”

#CulturaLadoB entrevistó al músico cordobés en plena efervescencia de su nuevo disco donde sigue coqueteando con distintos géneros populares. Además, una edición metaverso de #ImperdiblesLadoB en formato festival transgénero

Juan Ingaramo
Juan Ingaramo

La mística difusa del recuerdo infantil se suma a un modo probable para reconstruir el escenario de una epifanía. Por eso nos encontramos acá.

Haciendo un zoom in lento hacia un chico de 11 años que está sentado en el piso con su espalda apoyada sobre la pared, al costado del escenario. Parece dormir, pero no, porque su cabecita se mueve al ritmo de un oscuro compás. Abre los ojos y descubre su origen: cada uno de esos golpes profundos son provocados por la pierna de alguien (a quien llaman baterista) sentado detrás de un armatoste irregular con cilindros y pedales y caños y platos dorados que flotan y brillan al sonar. El chico sonríe, se llama Juan Ingaramo, vive en Córdoba desde que nació y a pesar de haber crecido en una familia de músicos, no puede creer esa magia percusiva saliendo de aquel artefacto.

Haciendo un zoom out lento nos alejamos de Juan con su expresión de amor eléctrico por la batería y vemos a la banda del Mono Fontana sobre un escenario cada vez más pequeño y el público que ovaciona se va achicando y salimos por una ventana en reversa y seguimos tomando vuelo hasta congelar la perspectiva cenital que contiene en su plano a la fisonomía entera del mítico Hotel Edén (La Falda, provincia de Córdoba).

Ingaramo recién tuvo su propia batería a los 14. Recién a los 25 editó su primer EP como solista. Entiende que la vida es un proceso, jamás reniega de tal idea. Por el contrario, siempre le dio para adelante a su carrera musical haciéndole “oso” a los prejuicios de la escena indie cordobesa y porteña, y a cualquier otra etiqueta que lo pudiera alejar de cierto diálogo con la sensibilidad popular. Por eso reivindica la tradición de las peñas, tocar en lugares pequeños, el contacto con las personas.

Juan Ingaramo ahora tiene 34 años. Junto a la actriz Violeta Urtizberea, su pareja, tienen una hija que se llama Lila. Sacó cuatro discos: Pop Nacional (2014), Músico (2016), Best Seller (2018) y La Batalla (2021). Su vibra sigue moviéndose al mismo compás de siempre, porque jamás dejará de creer en el poder de la música.

Y es verdad. ¿Acaso existe algún artefacto sensible más profundo y mágico capaz de rescatarnos de cualquier mambo negro? Bueno, sí: el amor. Pero nada más hermoso que sentir la musicalidad del amor, ¿no creen?

De postales, discos y viajes fue lo que charlamos con Juan Ingaramo. ¡100% amor musical!

Juan Ingaramo
Juan Ingaramo

#BATALLA

—Grabé mi último disco durante la pandemia y está enfocado en profundizar una relación más directa con la gente, cierta reconexión con el interior. Por eso tengo ganas de tocar en lugares más chicos, esos espacios que tienen otra dinámica, que me recuerda a las peñas a las que iba con mi familia cuando era chico.

#COMIENZOS

—No sé si llamarlo azar o qué. Empecé tocando la batería en una banda y al tiempo se desarmó. Por esa banda vine a Buenos Aires. Y estando acá me fui haciendo con un formato porteño. La verdad es que no tenía idea de ser compositor, pero cuando se fue rearmando el proyecto mostré algunas canciones propias que tenía y ahí descubrí que funcionaban. Y luego qué sé yo, el mundo es una locura, todo se fue dando de esta manera. Fue fluyendo la música y también fluyó el amor. No sé si llamarlo intuición, pero sí tengo claro que quiero seguir siendo así como soy, hasta el fondo, para siempre.

#INDIE

—Una vez Daniel Melero me dijo que teníamos algo en común, porque decía que ambos somos difíciles de encasillar, como siempre al borde. La verdad es que me siento cómodo ahí. Y lo cierto es que en el resto del país hay menos prejuicios que en Buenos Aires, respecto a por ejemplo los ritmos y los estilos. Pueden convivir Rodrigo con el indie. Antes estaba atento a ciertos rituales de la escena indie, preocupado por pertenecer, ser parte de aquella movida. Hasta que entendí que todo pasa por otro lado. Tal vez fue una forma de reencontrarme con mi “yo auténtico”. La potencia de lo popular y tirar abajo los prejuicios. La mística de tocar en lugares chicos. La música como un viaje para acercarse a la gente más allá de los géneros. La música es un lenguaje superior.

#POP NACIONAL

—Sigo tocando canciones de mi primer disco. Conviven muy bien con mi propuesta actual y todavía puedo sostener el impulso de mis primeras canciones, aún me representan. Incluso con todas las diferencias entre mi juventud en San Telmo y el ahora en familia. Por más nómade que parezca mi sonido, el punto de partida siempre es el pop. Si las canciones son formas de ver el mundo, ésta es mi música y es la música de hoy. En el océano de iguales, la identidad es lo único que nos salva.

..........................

#ImperdiblesLadoB

En cierta forma, #CulturaLadoB tiene el espíritu de un festival transgénero donde se mezclan proyectos artísticos de diferentes palos (léase: formas, colores y sensibilidades) a nuestra escala de información digital.

Mientras estamos leyendo esta nota podríamos aparecer repentinamente en un escenario de realidad virtual inmersiva, si nos entregáramos a conceptos tan en boga como los “multiversos” y el “what if…?”.

Imaginemos una experiencia alternativa en tiempo real: pisamos césped, superficie verde que se extiende varias hectáreas sin distinguir la frontera hacia el afuera, hay una multitud organizada en pequeños grupos con alguna distancia entre sí (incluso hasta las fantasías ya fueron contaminadas por la lógica pandémica), cuatro escenarios y tres carpas distribuidos sobre el predio. Arriba el sol. Cae la tarde.

Guido Briscioli
Guido Briscioli

Y bailamos. Y nos abrazamos. Y cantamos estribillos. Y nos sumergimos en cada mantra, en cada pogo, en cada llanto de emoción por el reencuentro entre los cuerpos. La música contagia la sensación de que todo se solucionará, de que todo irá mejor, de una vez por todas. Es un lugar con parlantes.

Aunque suenen muchas cosas distintas, nos llama la atención dos coordenadas musicales específicas: los futuros clásicos jazz & blues de Guido Briscioli y los misteriosos paisajes selváticos de ensueño electrónico creados por El Remolón.

Queremos saber más, preguntarles cosas. Por eso cuando bajan del escenario, los invitamos a tomar una birra y conversar.

(...)

Cuando nos vamos acomodando en esta mesa circular, de anochecer relajado, de realidad aumentada por amor a la música y a las historias, se despliegan pantallitas como de videogame frente a cada uno de ellos.

Guido Briscioli nació en Buenos Aires. Es un verdadero as de la guitarra con un importante recorrido profesional como intérprete, arreglador y compositor. Hace más de quince años se dedica a enseñar trucos para hacer magia con las seis cuerdas y en 2018 publicó el libro Del Blues al Jazz y del Jazz al Blues. Acaba de lanzar el exquisito EP “Corazonada”, junto a la dupla Sanucci-Judurcha en bajo y batería.

El Remolón es el alter ego de Andrés Schteingart, productor de música electrónica que experimenta con ritmos folklóricos latinoamericanos. Formó parte de los inicios del colectivo Zizek. Actualmente dirige el sello Fértil Discos y ha editado 9 álbumes. Hace un mes presentó “Asimétrico”: diez canciones que mezclan electrónica orgánica y sonidos mestizos de raíz latinoamericana. Trance meditativo perfecto con invitaciones al movimiento sutil.

En la lógica de influencias y proyecciones artísticas, ¿cuáles son las coordenadas sensibles para integrarlas en sus canciones?

Guido Briscioli: La expresividad y la libertad, el camino hacia un lenguaje propio y sin ataduras, que la música respire, tenga corredores por donde subir y bajar de intensidad, que los instrumentos, lejos de superponerse, conversen para evitar caer en cualquier automatismo.

El Remolón: Para mi la clave de la integración está en no abusar de las influencias y evitar el cocoliche. En las fusiones, la fórmula secreta (no sé si revelar, je) es MUCHO de un lenguaje y POCO del otro. Si el corazón es el beat electrónico, la raíz folklórica es menor y viceversa. Por otro lado, la integración está en el intento de fusión real entre los universos, jamás es tomar una canción o un estilo tradicional y ponerle electrónica encima, sino tomar un gesto, un suspiro o hasta un recuerdo de ello y leerlo electrónicamente. Lo mismo en el diálogo entre lo orgánico y lo sintético. Es sintetizar el sonido de un pájaro o hacer una grabación de campo que funcione electrónicamente. En mi música hay microsamples de semillas, de sprays de repelente de insectos o notas de un skius que funcionan como un efecto y al mismo tiempo un intento de deconstrucción de estilos tradicionales: una baguala que no tiene ni un instrumento real o una clave de candombe en una base techno en donde una flauta melódica tocada dialoga a la par de un instrumento virtual de un acordeón y un sintetizador analógico.

"Corazonada" de Guido Briscioli
"Corazonada" de Guido Briscioli

¿Qué consideran más importante en la música: el virtuosismo o el trip o la escena?

Guido Briscioli: El viaje lo es todo, en la música y en la vida . El virtuosismo -que también puede ser “poder de síntesis” en algún caso- es, en mi opinión, la correcta capacidad de traducir ese viaje en sonidos.

El Remolón: La música es resultado global, más que suma de las partes. Son jerarquías enredadas, bucles en loop. Por ejemplo, si me preguntás: ¿qué viene primero: la naturaleza o la tecnología? Yo te preguntaría: ¿qué es primero: el huevo o la gallina? Mi desafío es que estén a la par, ambas se potencian, se retroalimentan y juegan entre sí. No hay dicotomía, es una fuerza dialéctica de integración total de los opuestos.

¿Cómo operan el azar, la intuición y el error?

El Remolón: Como no soy un instrumentista excelso, convivo todo el tiempo con el error. Me equivoco bastante y fruto de esos errores salen cosas que no se me hubieran ocurrido, a veces es romper escalas musicales, dejar una disonancia, una nota fuera de tempo o procesar y cortar una nota que quedó rara. A veces me contengo para no corregirla y otras veces me cuesta soportarlo. Depende del grado del error. No me gusta mucho el low-fi como un recurso intencional ni hacer un enaltecimiento de lo malo. Pero a su vez darle un lugarcito a ese error me gusta. Cuando algo sale espontáneamente hay muchas veces que tiene una onda y una actitud que si lo intentás hacer de nuevo se pierde esa esencia. Esto lo estoy aprendiendo más ahora, hubo momentos en los que intentaba dejar todo tan perfecto o cuantizado que me quedaba todo muy robótico. Por otro lado, confío en el azar como fuerza, como ocurrencia. Si planifico mucho las cosas, por lo general no me salen. Entonces, confío más en el destino y en la intuición, muchxs de lxs invitadxs del disco son personas que me crucé en fiestas y en las que se dio una sinergia linda. Entonces les pregunté, ¿por qué no hacer algo juntxs en el estudio?

Guido Briscioli: Intuición 100 - Azar 0. La intuición -o la “Corazonada”, ¿por qué no?- es la bandera para buscar la primera metáfora, el motivo fundacional de esa canción. Luego es trabajo de artesano, y nada de azar, para organizar las piezas y lograr comunicar esa intención iniciática.

Mientras tanto, desde el escenario más cercano a nosotros, en este festival metaverso transgénero digital llamado #CulturaLadoB, empieza a sonar Horacio Lavandera: uno de los pianistas argentinos con mayor reconocimiento a nivel mundial, que anticipa su concierto del próximo jueves 30 de septiembre en el emblemático Teatro Coliseo, donde interpretará las principales obras de Gershwin y Astor Piazzolla, con invitadas de lujo: Sofía Kutja (clarinetista), Ayelén Pais (bandoneonista) y Mariú Fernández (cantante y actriz). Más información y entradas acá.

¡Viva la primavera!


SEGUIR LEYENDO


TE PUEDE INTERESAR