El fenómeno de “Ya no estoy aquí”, una historia sobre la cultura “cholombiana”, el narco y las migraciones

La película mexicana, que Guillermo del Toro recomendó a Alfonso Cuarón como “una singularidad en la década”, fue la segunda más vista en Netflix a 24 horas de su estreno. Sus escenas inéditas se buscan en las redes. El director, Fernando Frías, sigue a un adolescente del movimiento Kolombia de “cumbia rebajada” de Monterrey, para contar una historia universal

"Ya no estoy aquí" cuenta la subcultura del movimiento Kolombia, que floreció durante la primera década del siglo XXI y se extinguió a mediados de la segunda por la violencia narco (Netflix)
"Ya no estoy aquí" cuenta la subcultura del movimiento Kolombia, que floreció durante la primera década del siglo XXI y se extinguió a mediados de la segunda por la violencia narco (Netflix)

Monterrey tiene zonas ricas como San Pedro Valle, museos espléndidos como el de arte contemporáneo (MARCO) y restaurantes caros como La Catarina, y esas serían las publicaciones en Instagram de la ciudad mexicana si fuera una persona: difícilmente se mostraría en el claroscuro de sus barrios humildes como las colonias Independencia, Amilpa o La Campana. Quizá por eso hubo polémica cuando Fernando Frías de la Parra estrenó Ya no estoy aquí, la película mexicana que se ha convertido en un fenómeno cultural, desde críticas positivas en los países y los medios más distintos hasta seguidores en las redes que buscan las escenas que no quedaron en la edición final o envían fan art al director.

Porque Ya no estoy aquí encuentra belleza en el Lado B de Monterrey.

Cuenta la historia de Ulises, un adolescente de 17 años de una familia paupérrima que crece al mismo tiempo que los narcos crecen en la capital de Nuevo León. Está a punto de abandonar definitivamente la inocencia y se aferra a ella con su tribu urbana de cholombianos, la subcultura del movimiento Kolombia que floreció durante la primera década del siglo XXI y se extinguió a mediados de la segunda. Su pandilla, los Terkos, comparte la música y la amistad, que es como decir un poco de aire cuando a esas comunidades marginadas las empezó a atravesar la violencia de los cárteles.

La película, que ganó 10 premios Ariel en 2019 y fue elegida por México para que la representara en competencias internacionales, es tan local como universal: cualquiera que haya sido un adolescente con los raros peinados nuevos que honró Charly García puede identificarse, y cada generación tiene los suyos. Cualquiera que haya querido estirar un momento placentero en una época dura de su vida se conmoverá con la cumbia rebajada, como se llama la versión ralentizada —”para que dure más”— del ritmo colombiano, que los Terkos escuchan y bailan, vestidos con sus ropas amplias y coloridas, su calzado Converse, sus vírgenes de Guadalupe al cuello y sus gorras al revés.

"Tiene sabiduría narrativa", elogió Guillermo del Toro. "Las películas para ser universales tienen que ser locales. Este film es una cápsula de un momento y retrata algo que se va, algo muy difícil de llevar al cine". (Netflix)
"Tiene sabiduría narrativa", elogió Guillermo del Toro. "Las películas para ser universales tienen que ser locales. Este film es una cápsula de un momento y retrata algo que se va, algo muy difícil de llevar al cine". (Netflix)

Esto suena raro. Se le está acabando la batería —dijo Gladys, quien sobrevive como prostituta en Nueva York, cuando Ulises le compartió Cuando lo negro sea bello” al estilo cholombiano.

La famosa cumbia de Andrés Landero —”Y quitaré vengativo, cuando lo negro sea bello, la cadena de mi pie”— suena a la mitad de revoluciones, distorsionada. Lenta. Para que dure más.

Ulises se encontraba en Jackson Heights, el barrio de Queens, porque se había visto forzado a dejar Monterrey y cruzar la frontera norte de México, hacia los Estados Unidos, y ese es otro elemento de su historia que toca a millones de personas: la experiencia de emigrar. De ya no estar aquí —precisamente, como dice el título— ni ser de allá.

Aun antes de haber dirigido Los Espookys, la serie en español para HBO, Frías había escrito un primer boceto de la historia, que en 2013 ganó el premio Bengala-UANL, al siguiente fue elegido para elaborar como guión en el Sundance Screenwriters Lab y a continuación mereció la Beca de Desarrollo Gabriel Figueroa del Festival de Cine de Los Cabos. Y mientras Frías escribía y se hacía amigo de los taxistas en Monterrey para que lo llevaran a los barrios de los cultores de la cumbia rebajada y pusieran una palabra en su favor ante los jóvenes, el movimiento Kolombia comenzó a desaparecer. Ante sus ojos, prácticamente.

Así como los españoles liquidaron las culturas locales, los cárteles avanzaron sobre los cholombianos y sus comunidades. Por las malas: por ejemplo, el asesinato de los 17 miembros del Kombo Kolombia, en enero de 2013, poco después de que terminaran un concierto de dos horas para Los Zetas. Y por las malas también, como cuenta Ya no estoy aquí: la madre de Ulises paga hasta lo que no tiene para que los coyotes saquen a su hijo de México luego de que un narco local lo amenazara de muerte por un equívoco.

Fernando Frías de la Parra con el elenco de su película: Jonathan Espinoza, Juan Daniel Garcia, Leonardo Garza, Luis Leonardo Zapata y Yahir Alday. (AP/Berenice Bautista)
Fernando Frías de la Parra con el elenco de su película: Jonathan Espinoza, Juan Daniel Garcia, Leonardo Garza, Luis Leonardo Zapata y Yahir Alday. (AP/Berenice Bautista)

—En el momento en que se te pase por la cabeza subirte a un autobús y venirte para acá, olvídate que tienes madre —le dice la mujer en una conversación con Ulises, perdido y triste en Nueva York, en su Odisea del latinoamericano inmigrante—. Y te voy a decir por qué: porque en el momento en el que tú pongas un pie aquí yo ya no voy a tener hijo. ¡Porque te van a matar a la verga, pendejo!

La película que Guillermo del Toro le recomendó a Alfonso Cuarón

Así como Ulises estuvo en el lugar equivocado en el momento equivocado, a Frías también pareció perseguirlo un poco la mala suerte: en 2017, cuando había terminado un proceso complicado de casting —”Se buscan hombres de entre 17 y 24 años a los que les guste bailar cumbia” decían los cartels en el Barrio Antiguo—, porque no quería filmar con actores sino con jóvenes de esas colonias pobres, un terremoto de magnitud 7,1 sacudió a Puebla durante un minuto y medio, causó 39 réplicas en el país y dejó 370 muertos, en su mayoría en la ciudad de México. “La producción dijo que se cancelaba todo, que íbamos al año siguiente, porque no había dinero para filmar la parte de Nueva York”, contó a SensaCine Mexico

“Yo ya llevaba tres o cuatro meses ensayando con los chavos. Un año de estar en Monterrey, de buscar las cosas por mi propio lado, entonces dije ¡'No, se tiene que filmar!’”, continuó. “Aunque solo fuera la parte de Monterrey, porque la vida de estos chicos podía cambiar de un momento a otro. Y tampoco les iba a romper el corazón: habían puesto sus vidas en mis manos. ¡Alguna gente hasta había dejado trabajos! No.”

Muy buena la intención, pero ¿de dónde iba a sacar el dinero, con la economía tan afectada por el temblor? Alguien de HBO conocía a alguien en Netflix y así el proyecto llegó a la plataforma de streaming, que se mostró interesada en producir la obra que hoy ocupa el puesto 84 en la lista de las 100 mejores películas mexicanas, según el voto de especialistas en el portal Sector Cine.

"Ya no estoy aquí" ganó 10 premios Ariel en 2019 y fue elegida por México para que la representara en competencias internacionales. (Netflix)
"Ya no estoy aquí" ganó 10 premios Ariel en 2019 y fue elegida por México para que la representara en competencias internacionales. (Netflix)

Ya no estoy aquí circuló por los festivales, acumulando elogios: Tribeca, San Francisco, Mar del Plata, Gotemburgo, Tallinn, Puerto Escondido, Tulum. Y premios: Morelia, El Cairo (donde además de la película Juan Daniel García Treviño, quien interpreta a Ulises, ganó como Mejor Actor). Tuvo alguna exhibición en salas pero, sobre todo, explotó en streaming el 27 de mayo de 2020: a 24 horas de su estreno fue el segundo contenido más visto en Netflix, detrás de una serie, la también mexicana Control Z.

—Recuerdo que me llamaste por teléfono para decirme que tenía que ver esta película —dijo Alfonso Cuarón a Guillermo del Toro, en una conversación para Netflix entre los cineastas mexicanos más celebrados de hoy.

Le preguntó de qué se trataba: “Pues la tienes que ver”, le contestó Del Toro.

—Es una singularidad en la década, en muchos sentidos. Tiene sabiduría narrativa —agregó—. Las películas para ser universales tienen que ser locales. Este film es una cápsula de un momento y retrata algo que se va, algo que estuvo y ya no está. Algo muy difícil de llevar al cine.

A Cuarón le encantó también: “Es una película muy importante en este momento en el cine mexicano, porque lo está manteniendo vivo y porque puede ser un marco de inspiración. Reta fórmulas establecidas, apuesta a una visión personal y poco convencional. Es también una experiencia muy universal, que tienen, o que tenemos, tantos que estamos transpolados de nuestro lugar original. Es la razón por la cual ha tenido una gran recepción no solo en México, en el mundo. En Argentina se convirtió en todo un evento”.

Cholombianos: el punk tropical

Basada en hechos reales: el libro de Amanda Watkins que retrató a los Kolombia y el cartel del casting para "Ya no estoy aquí".
Basada en hechos reales: el libro de Amanda Watkins que retrató a los Kolombia y el cartel del casting para "Ya no estoy aquí".

Desde su expansión a toda América Central y del Sur en la década de 1960, la cumbia ha generado un venero de variantes. La rebajada, la de los cholombianos, nació por accidente según cuenta la leyenda.

Gabriel Dueñas —vendedor de música pirateada de día, DJ de noche— ubicó el acontecimiento en los tiempos de las caseteras, que funcionaban tanto con gruesas baterías como conectadas a la electricidad. Una noche en la colonia Independencia, o acaso fue en La Campana, un aparato se recalentó “y empezó a tocar la música más lento”, dijo a Vice. Hubo risas. Ninguna queja: al contrario, al fin de semana siguiente recibió el primer pedido de pasar versiones ralentizadas.

Toy Selectah, DJ y ex músico de Control Machete, describió la moda de los cholombianos de Monterrey como “particular, única, legítima y bastarda”. Mezcla la moda de los chicanos de East Los Angeles con la sensualidad caribeña: “Es muy punk y, al mismo tiempo, como tropical”. Con los años la mezcla de esta cultura chola con el rap, la simbología católica y la cumbia, decantó en la norteña y, por fin, la rebajada: “el dub de la cumbia”, como la definió el músico en Yaconic.

Como las crestas mohicanas de los punks, las patillas esculpidas en gel caracterizaron a los cholombianos. Salvo una colita en la nuca, la parte trasera de la cabeza iba rapada, mientras que la parte superior iba corta pero en picos similares. “El efecto final es el de dos patillas inmensas pegadas totalmente a la cara, que a menudo rebasan la barbilla”, recordó a BBC la diseñadora británica Amanda Watkins, quien fotografió a los jóvenes de la cultura Kolombia en a finales de la década de 2000. “Eran de lejos la gente más interesante en una ciudad tremendamente conservadora como Monterrey”.

La diseñadora británica Amanda Watkins fotografió a los jóvenes de la cultura Kolombia en a finales de la década de 2000 e hizo un libro y una muestra, "Cholombianos".
La diseñadora británica Amanda Watkins fotografió a los jóvenes de la cultura Kolombia en a finales de la década de 2000 e hizo un libro y una muestra, "Cholombianos".

La ropa combina los talles XL y las prendas deportiva propios del hip hop con el folklore y el santoral del territorio, como estampados de Judas Tadeo o la virgen de Guadalupe, y cada detalle cuenta. “Ellos lo personalizan todo en la medida que se lo permiten sus recursos”, dijo Watkins. Recursos que no tienen, agregó la artista que hizo una muestra con sus retratos de los cholombianos, que se vio en el Reino Unido y en México, y un libro: “Por ejemplo uno puede ver inmediatamente que un atuendo fue hecho para un muchacho en particular, no es algo que se pudiera haber comprado. Él tuvo que ir a comprar la tela, convencer a alguien —a una tía, acaso— de que se lo cosiera”.

Ese look llamativo atrajo también —como les sucedió a los punks— a las autoridades. “En 2011 noté que se estaban cortando las patillas; al preguntarles la razón me dijeron que el ejército y la policía eran quienes se las estaban cortando”, contó Watkins.

Sin embargo, el estilo anti-establishment no hizo de los cholombianos un peligro público: lo que querían era charlar, enamorarse, fumar marihuana y bailar escuchando su música, que ni siquiera eran los narco corridos sino cumbias de amor, de nostalgia, de ilusiones. Así cayeron rápidamente bajo la violencia de los cárteles, por su necesidad de buscar que alguno los protegiera de los otros. En Ya no estoy aquí Ulises cuida a su pandilla al ponerla bajo el ala de Los Pelones, enemigos de Los F, cuya similitud con Los Zetas no requiere mayor elaboración.

“Pa’trás, ni p’a coger impulso”

Precisamente el narco masacraba a los integrantes de Kombo Kolombia en 2013, comienzo del fin de la cultura cholombiana, cuando Frías planeaba su película y pensaba en rodar en los barrios populares y con muchachos que no fueran actores profesionales.

"Es también una experiencia muy universal, que tienen, o que tenemos, tantos que estamos transpolados de nuestro lugar original", dijo Alfonso Cuarón sobre la película. Es la razón por la cual ha tenido una gran recepción no solo en México, en el mundo". (Netflix)
"Es también una experiencia muy universal, que tienen, o que tenemos, tantos que estamos transpolados de nuestro lugar original", dijo Alfonso Cuarón sobre la película. Es la razón por la cual ha tenido una gran recepción no solo en México, en el mundo". (Netflix)

“Quise hablar sobre la falta de oportunidades y de movilidad social, de la migración, del sentido de pertenencia y también de la nostalgia, pero sin explotar la violencia como un vehículo hacia el morbo, la porno-miseria y el estridentismo”, explicó Frías a Life and Style. Con la única experiencia previa del documental Calentamiento local (premiado en Morelia” y la ficción Rezeta (premiada en Slamdance), hizo una obra que evoca a Ciudad de Dios, la película premiada de Fernando Meirelles, pero también a Machuca, del chileno Andrés Wood, y a Francia, del uruguayo Israel Adrián Caetano, todas historias de humanidad aun en circunstancias de gran adversidad.

Y todas con niños o adolescentes: en el caso de Ya no estoy aquí interpretados por García Treviño, Coral Puente, Leonardo Garza, Luis Leonardo Zapata y Fanny Tovar, y la única profesional, Xueming Angelina Chen, quien encarnó a Lin, otra migrante como Ulises, a la que él se vinculó en Nueva York. La escena del beso entre Lin y Ulises, que no quedó en la edición final, es una de las que más se busca en las redes sociales.

Sin los recursos del drama sobre la pobreza y con abundante jerga cholombiana, Ya no estoy aquí usó “toda la fuerza del cine, como la pantalla panorámica y los paneos largos”, como destacó Variety, para hablar de las complejidades que la historia grande del siglo XXI le impone a las pequeñas vidas de los individuos: la globalización de la economía y del delito, pero también del desarraigo y la añoranza. El lugar del que sale quien emigra deja de existir en ese momento, parece mostrar de manera poética la escena final, aunque sucede en Monterrey y Monterrey sigue ahí, a la vista.

La gente cambia, los sitios cambian. “Pa’trás, ni p’a coger impulso”, le aconsejó a Ulises la prostituta con la que compartió la versión rebajada de “Cuando lo negro sea bello”, en Nueva York. Es colombiana, y la misma frase se puede escuchar en otras ciudades de Estados Unidos en las bocas de los emigrados cubanos, salvadoreños, venezolanos, hondureños, peruanos o argentinos, cada uno con su matiz idiomático.

Juan Daniel García Treviño ganó el premio al mejor actor en el Festival Internacional del Cairo por su protagónico en "Ya no estoy aquí". (Netflix)
Juan Daniel García Treviño ganó el premio al mejor actor en el Festival Internacional del Cairo por su protagónico en "Ya no estoy aquí". (Netflix)

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