Natalia Pastorutti contó cómo vivió el éxito de Soledad: “Todo fue gracias a acompañarla”

A 30 años de la histórica presentación en Cosquín, la cantante repasó su transformación desde los primeros pasos en Arequito hasta la consagración de su hermana a nivel internacional

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Natalia Pastorutti en una entrevista de radio sobre su trayectoria musical

Natalia Pastorutti transita una carrera musical como solista. luego de una identidad casi compartida junto a su hermana, La Sole. El camino artístico de Nati, que comenzó en la infancia dentro del ámbito familiar, hoy se proyecta con nuevos desafíos y experiencias que la posicionan en el escenario con voz y estilo propios.

Desde muy pequeña estuvo ligada a la música, primero como parte de un dúo inseparable con su hermana Soledad, y más tarde como una artista con su espacio y su impronta. “Acompañé a mi hermana a cantar porque así me enseñaron y esa noche cambió todo. Hoy, este camino sigue como solista”, expresó. Su presente es el resultado de una historia que tuvo como punto de partida los valores y hábitos familiares, y que ahora encuentra continuidad en la búsqueda de una identidad diferenciada.

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La historia musical de Natalia se remonta a los días en Arequito, su pueblo natal, donde su padre impulsó a las hermanas a tomar clases de guitarra. Era una de las pocas actividades disponibles, pero terminó siendo el germen de una carrera. Ella prefería la precisión de puntear, mientras que Soledad se inclinaba por el canto. Pronto, ambas comenzaron a participar en competencias, representando a la provincia de Santa Fe tanto en ballet como en canto, ya sea como solista o en dúo.

Natalia Pastorutti sentada en un sillón beige, vestida con chaleco crema y pantalón marrón, mirando papeles. Hay una mesa con una lámpara y una planta
Natalia Pastorutti, en el back del videoclip de Puerto Santa Cruz

La familia ocupó un lugar central en estos primeros pasos. El padre notó rápidamente una respuesta distinta del público ante la voz de Soledad. Este descubrimiento impulsó a la familia a apostar por la música, a pesar de que no provenían del ambiente artístico: el padre era mecánico y la madre ama de casa. La oportunidad de subir al escenario de Cosquín fue un punto de inflexión. Natalia tenía 13 años y su hermana 15. Ya el año anterior habían intentado participar, pero la edad fue un impedimento.

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El salto a la profesionalización llegó con la firma del primer contrato discográfico con Sony. La letra chica imponía un desafío: vender al menos mil discos para evitar la rescisión del contrato. El padre asumió la tarea con pragmatismo y creatividad.“iba a Buenos Aires, compraba cien, doscientos discos, íbamos a cantar a los festivales y los vendía. Entonces por ahí iba, juntaba otra vez la platita, venía, compraba cien, doscientos discos”, contó Nati en una charla con Urbana Play. De esta manera, logró cumplir el objetivo, incluso sorprendiendo a la propia discográfica cuando se enteraron de que las ventas se habían concentrado en un solo lugar.

Detrás de cada paso importante en la carrera de las hermanas Pastorutti estuvo el acompañamiento familiar. El padre fue el motor que impulsó cada iniciativa, decidido a superar obstáculos y transformar las dificultades en oportunidades. “Mi papá creo que siempre fue el que tiraba para adelante, el ‘no’ para él era nada. No existe”, expresó la joven, destacando esa actitud perseverante como clave para avanzar en el ambiente musical.

Soledad y Natalia Pastorutti celebraron los 30 años de su debut en Cosquín: “Cambió nuestras vidas”
Soledad y Natalia Pastorutti celebraron los 30 años de su debut en Cosquín: “Cambió nuestras vidas”

La madre ocupó un rol más discreto, pero igualmente esencial. Se encargaba de los detalles cotidianos: la ropa lista para los shows, la comida, el orden de la casa. La logística de los viajes requería soluciones creativas: “La primera vez que fuimos a Cosquín, fuimos con una camioneta prestada y obviamente nos llevamos de todo porque no podíamos comprar allá y teníamos una sola muda de ropa. Mi mamá es muy limpia, entonces se llevó el secarropas en la camioneta. Bajábamos del escenario, lavaba la ropa, metía la ropa en el secarropas”. Ese electrodoméstico se convirtió en un símbolo familiar, al punto de que, treinta años después, lo llevaron a Cosquín como recuerdo.

La familia no solo brindó apoyo logístico, sino también contención emocional. La madre, más cercana a la vida doméstica, ponía límites cuando era necesario: “No, las chicas están cansadas”. Pero siempre estaba presente, ya fuera acompañando a los shows o esperando en casa con todo en orden y ese “olorcito a mamá”.

El recorrido de Natalia estuvo atravesado por renuncias y aprendizajes propios de una vida artística iniciada en la adolescencia. Al rememorar esos años, reconoce que hubo momentos en que sentía la diferencia respecto a sus amigas: “Estaba en el colegio y también es una época donde empezás la adolescencia, que me perdía cumpleaños de quince o salidas y demás”. A pesar de estas ausencias, el escenario ofrecía una recompensa única: “Ocurre algo tan mágico cuando subís arriba del escenario, que me sigue pasando hoy en día”.

La exposición pública y la vida itinerante trajeron consigo desafíos en la construcción de la personalidad. Natalia se define como tímida y de perfil bajo, una característica que mantiene a pesar del tiempo y la experiencia en escenarios. “Yo siempre soy muy tímida y muy perfil bajo. A veces te dicen que hay que creérsela un poco más, pero yo disfruto”.

Natalia Pastorutti contó por qué dejó de trabajar con su hermana Soledad
Natalia Pastorutti y La Sole en sus primeros pasos como profesionales

Ahí es cuando el tema del ego apareció en la conversación. Consultada sobre si alguna vez “se la creyó”, responde: “No. La pregunta que siempre me hacen es: ‘¿Cómo sentís, siendo la hermana de Sole y demás, y no te hubiera gustado...?’ Y yo creo que mi sentimiento es de agradecimiento a que viví todo lo que viví gracias a acompañar a Sole”.

El legado familiar no solo marcó el origen, sino que también influye en la manera en que Natalia piensa el futuro. Al ser consultada sobre la posibilidad de que sus propios hijos sigan un camino artístico, sostuvo: “Me parece que mi postura de hoy es que los apoyaría a lo que quieran ser, porque evidentemente uno cuando persigue su sueño y tiene el apoyo familiar es como mucho más ameno”.

Estas palabras reflejan una visión que integra la experiencia personal con una apertura hacia las nuevas generaciones, reconociendo el valor del acompañamiento y el sostén afectivo como factores para transitar los desafíos de cualquier vocación. La historia de Natalia Pastorutti, desde el debut adolescente hasta la consolidación actual como solista, muestra una evolución donde la identidad propia se construye sobre la base de vínculos, renuncias y aprendizajes compartidos.

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