
Carl Larsson (1853-1919) sigue siendo uno de los artistas más queridos de Suecia a través de los tiempos. Nació en Gamla Stan, el barrio antiguo de Estocolmo, el 28 de mayo de 1853. Su familia era muy pobre y Carl creció en circunstancias que de ninguna manera alentaban grandes esperanzas salvo su notable talento artístico, que se hizo evidente en los primeros años de su vida. Cuando tenía trece años, su maestro en la escuela para los pobres lo convenció de que solicitara una plaza en Principskolan, el departamento preparatorio de la Academia Real de Arte, una subdivisión a la que podían aplicar estudiantes de las clases sociales más bajas.
Durante los primeros años en Principskolan, le resultó difícil adaptarse. Su complejo de inferioridad social lo hacía sentir ajeno a ese círculo, pero eso cambió cuando, a la edad de dieciséis años, lo trasladaron al departamento más bajo de la Academia de Arte. Comenzó a sentirse más seguro y no pasó mucho tiempo antes de que se convirtiera en una de las figuras centrales en los círculos estudiantiles.
Después de varios años trabajando como ilustrador de libros, revistas y periódicos, Larsson se mudó a París en 1877, donde pasó varios años frustrantes como un artista trabajador sin ningún éxito. Larsson no estaba ansioso por establecer contacto con los impresionistas progresistas franceses; en cambio, junto con otros artistas suecos, se aisló del movimiento radical de cambio. Después de pasar dos veranos en Barbizon, el refugio de los pintores al aire libre, se estableció con sus colegas pintores suecos en 1882 en Grez-sur-Loing, en una colonia de artistas escandinavos en las afueras de París.
El punto de inflexión llegó en 1882, cuando se mudó a la colonia de artistas escandinavos en Grez-zur-Loing, en las afueras de París. Fue allí donde conoció a quien sería su futura esposa, Karin Bergöö (1859-1928) y la gran transformación de su arte llegó al abandonar el óleo en favor de las acuarelas, un movimiento afortunado que significaría mucho para su desarrollo artístico. Fue en Grez-zur-Loing donde pintó algunos de sus cuadros más significativos.
La vida familiar fue su gran fuente de inspiración. Larsson y Bergöö se casaron en 1883 y tuvieron ocho hijos. Su esposa y los niños se convirtieron rápidamente en los modelos favoritos del pintor. En 1888, el padre de Karin, Adolf Bergöö, les dio Lilla Hyttnäs, una pequeña casa en Sundborn. Lilla Hyttnäs se convirtió en el proyecto de arte para ambos miembros de la pareja, en el que sus talentos artísticos encontraron expresión en una arquitectura, una combinación de colores y un diseño de interiores muy modernos y personales.
Las pinturas y los libros de Larsson han convertido a Lilla Hyttnäs en una de las casas más familiares del mundo. Pero no solo eso. La calidad de la luz, el diseño de interiores y la animada vida familiar tal como está representada en las acuarelas se ha convertido casi en sinónimo de la imagen de Suecia. Nuestra belleza del día, In The Corner, es una acuarela sobre papel de 32 cm de alto por 43 cm de ancho y forma parte de la colección permanente del Museo Nacional de Estocolmo.
La casa sigue siendo la misma de cuando la familia Larsson vivía allí y hoy Lilla Hyttnäs puede visitarse.
Pese al éxito obtenido con sus acuarelas, Larsson seguía pensando que su obra monumental como los frescos en escuelas, museos y otros edificios públicos, era más significativa. El artista quedó amargamente decepcionado cuando rechazaron su última obra monumental, Midvinterblot, que debía haber adornado la pared este de la escalera superior del Museo Nacional de Estocolmo.

En su libro de memorias, Jag (publicado póstumamente), escribió sobre esta amargura y la decepción por el rechazo del comité a la pintura que él mismo consideraba el pináculo de su carrera artística.
“¡El destino de Midvinterblot me destruyó! Lo admito con rabia contenida. Sin embargo, fue lo mejor, una vez más mi intuición me dice que ahora, esta pintura, con todas sus debilidades, será honrada con un lugar mucho mejor algún día, después de que yo me haya ido”, escribió.
La historia le dio la razón. Después de su venta a un comprador japonés, Midvinterblot fue devuelto al Museo Nacional para la exposición de Carl Larsson en 1992. Con la ayuda de generosos donantes privados, el Museo Nacional le compró la obra a su propietario en 1997 y ahora está donde su autor quería que estuviera.
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