
¿Todos los escritores, absolutamente todos, quieren tener el Premio Nobel de Literatura? Es una gran distinción, la más importante a nivel mundial en cuanto a las letras. Sin embargo, no todos los que lo ganaron lo aceptaron. ¿Qué llevaría a un autor a rechazar un premio que, no sólo otorga una abundante cantidad de dinero, también un reconocimiento planetario y la certeza del aumento exponencial de lectores?
Hubo dos casos, sólo dos, que se atrevieron a decir: no. El poeta y novelista ruso Boris Pasternak y el filósofo y autor francés Jean Paul Sartre. Cada uno, bajo motivos y contextos muy diferentes, rechazaron el premio literario más valioso y significativo del mundo. A continuación, un repaso por estas dos increíbles y extrañas historias.
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Boris Pasternak
Boris Pasternak nació en Peredélkino, una pequeña ciudad a 25 kilómetros de Moscú, en 1890. Su padre, Leonid Pasternak, fue un destacado pintor impresionista; su madre, Rosa Kaufman, una famosa concertista de piano. Estudió Filosofía pero decidió abandonar para dedicarse de lleno a la literatura. El mismo año que dejó la universidad publicó El gemelo entre las nubes, su primer poemario.
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Durante la Primera Guerra Mundial trabajó en una fábrica de productos químicos en Perm, en los Urales. De esa experiencia surgió Doctor Zhivago, su mayor obra, novela publicada por primera vez en Italia en 1957. Pero antes escribió libros muy destacados, todos de poesía, como Mi hermana la vida (1917), El año 1905 (1927) y Segundo nacimiento (1934). Desde 1946 fue candidato al Nobel.

Pero fue al año siguiente de la publicación de Doctor Zhivago —libro que le significó la persecución del gobierno soviético— que la Academia Sueca se decidió a premiarlo. ¿Y qué hizo Pasternak? Envió una carta contando lo “agradecido” y “sorprendido” que estaba. Pero días después, tras una intensa presión del estalinismo, envió otra con el sentido opuesto.
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“Considerando el significado que este premio ha tomado en la sociedad a la que pertenezco, debo rechazar este premio inmerecido que se me ha concedido. Por favor, no tomen esto a mal”, se lee en la carta. La amenaza del Kremlin a través de la KGB consistía en expulsarlo de la Unión Soviética. Aún así, vivió los últimos años escondido en su dacha en las afueras de Moscú. Murió en 1960 de leucemia.
¿Cómo vio el mundo este rechazo? Algunos, los más cegados, lo vieron como una cuestión de principios socialistas, pero ocurría todo lo contrario: era el estalinismo el que se lo prohibía. Al año siguiente, en 1958, Bill Mauldin ganó el Premio Pulitzer por una caricatura donde Pasternak está en Siberia haciendo trabajo forzado y le dice a otro prisionero: “Yo gané un Premio Nobel, ¿cuál es tu crimen?”.
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Jean Paul Sartre
Para 1964, Jean Paul Sartre era el filósofo más importante de su tiempo. Ya había escrito sus mejores obras: La náusea (1938), Las moscas (1943), El ser y la nada (1943), Las manos sucias (1948) y Crítica de la razón dialéctica (1960), sólo por nombrar algunas. Se destacaba tanto en textos filosóficos como literarios. Era un autor todoterreno. Por eso, sabía que en cualquier momento el Nobel llegaría.
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Entonces se anticipó: el 14 de octubre de 1964 envió una carta a la Academia Sueca pidiéndole que no lo incluyeran entre los posibles ganadores. Para Sartre, aceptar el Nobel implicaba, no sólo volverse “una institución”, sino también perder su condición de filósofo, disciplina que más le interesaba ya que, leídas con atención, sus obras ficcionales poseen una intensa carga filosófica.

Sin embargo, la carta llegó con un mes de retraso y en septiembre la Academia Sueca lo declaró ganador del Nobel de Literatura sin haberse enterado de su anticipada negación a aceptarlo. “Su trabajo, rico en ideas y repleto del espíritu de la libertad y la búsqueda de la verdad, ha producido una influencia de muy amplio calado sobre nuestra era”, decía el jurado argumentando su decisión.
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También lo rechazó para no tener dedos soviéticos señalándole el galardón, invalidándolo. Por eso, además, escribió en el diario Le Figaro que si recibía el Premio Lenin que entregaba la Unión Soviética a escritores socialistas, también lo rechazaría. Así se aseguró la autonomía intelectual que creía fundamental en un escritor. Según se reveló años después, Sartre exigió el dinero del premio.
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