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Karl Marx, filósofo alemán: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo; de lo que se trata es de transformarlo”

Escrita en un cuaderno de notas en 1845, la Tesis 11 sobre Feuerbach dinamitó el pensamiento contemplativo de su época. Historia, contexto y vigencia de la máxima con la que el autor del “Manifiesto Comunista” selló el nacimiento de la acción política moderna

Karl Marx
Karl Marx, filósofo alemán: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo; de lo que se trata es de transformarlo”
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Hay oraciones que cambian el curso de la historia, no por su extensión, sino por la fuerza de gravedad que ejercen sobre la realidad. En la primavera de 1845, un joven pensador de apenas 27 años anotó once breves reflexiones en un cuaderno de apuntes que llevaba consigo al exilio en Bruselas. La última de ellas, un dardo directo al corazón de la academia decimonónica, sentenciaría: Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo; de lo que se trata es de transformarlo”.

Aquella anotación, que hoy adorna en letras doradas la tumba de Karl Marx en el cementerio de Highgate en Londres, no nació con la vocación de convertirse en un eslogan de pancarta. Fue, en su origen, un ajuste de cuentas privado. El texto definitivo vería la luz recién en 1888, cinco años después de la muerte de su autor, cuando su fiel aliado Friedrich Engels rescató esos apuntes y los publicó como un apéndice de su propia obra, Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana.

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Bajo el título de Tesis sobre Feuerbach, ese puñado de páginas (qué puede leerse en la web) se convirtió en uno de los documentos más influyentes de la modernidad. Pero veamos el contexto: viajemos a la Europa de 1840. Marx venía de ser expulsado de París por sus escritos revolucionarios en el periódico Vorwärts! Al instalarse en Bélgica, se encontró inmerso en un debate intelectual claustrofóbico. La filosofía alemana de la época estaba dominada por los herederos de Georg Wilhelm Friedrich Hegel.

Entre los que recuperaban el legado de Hegel estaban los llamados “jóvenes hegelianos” —como Ludwig Feuerbach—, que criticaban la religión y el absolutismo pero solo en el terreno de las ideas. Karl Marx admiraba el giro materialista de Ludwig Feuerbach, plasmado en su célebre libro La esencia del cristianismo (1841). Sin embargo, sentía que sus contemporáneos se conformaban con desmantelar los mitos divinos para reemplazarlos por abstracciones humanas igualmente pasivas.

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Un trabajador camina frente al monumento a Karl Marx, conocido como el «Nischel», antes de la ceremonia de inauguración como Capital Europea de la Cultura en Chemnitz, Alemania, el 14 de enero de 2025 (REUTERS/Matthias Rietschel)
Un trabajador camina frente al monumento a Karl Marx, conocido como el «Nischel», antes de la ceremonia de inauguración como Capital Europea de la Cultura en Chemnitz, Alemania, el 14 de enero de 2025 (REUTERS/Matthias Rietschel)

En aquel primitivo pero expansivo capitalismo, Karl Marx sostenía que era una cobardía intelectual seguir debatiendo sobre el “Espíritu Absoluto” o la “esencia abstracta del hombre” mientras las chimeneas de las fábricas devoraban vidas. Antes de las Tesis sobre Feuerbach, la filosofía se dividía groseramente en dos bandos: los idealistas, que creían que las ideas daban forma a la realidad, y los materialistas mecánicos, que veían al ser humano como un receptor pasivo de las circunstancias ambientales.

Ese texto es la partida de nacimiento del materialismo histórico. La Tesis 11 rompe ese falso dilema e introduce un concepto central: la praxis. La praxis no es la acción ciega, sino la teoría que se vuelve acción consciente. El autor no reniega del pensamiento abstracto ni propone que debamos dejar de estudiar el mundo; lo que exige es un cambio de eje. La validez de cualquier filosofía no se demuestra en la comodidad del claustro, sino en su capacidad para intervenir en los problemas materiales del tejido social.

Si alguien tuviera que sintetizar las miles de páginas que componen obras monumentales como el Manifiesto Comunista (1848) o los tres volúmenes de El Capital (1867), la Tesis 11 sería el resumen perfecto. Toda la vida intelectual de Karl Marx estuvo subordinada a este principio fundamental. Cuando analiza la plusvalía, la alienación del trabajador o los ciclos de crisis económicas, no lo hace por mera curiosidad científica. Lo hace para radiografiar los mecanismos del poder.

Ese giro busca entregarle esas herramientas teóricas a los propios desposeídos. Si conocer las leyes de la gravedad sirve para construir puentes, en el universo de Marx conocer las leyes del capitalismo debe servir para destruirlo y construir una sociedad nueva. Pasaron casi dos siglos y aquella tesis mantiene intacta su incomodidad original. Sigue siendo una advertencia feroz: nos recuerda que el pensamiento solo adquiere su verdadera dimensión humana cuando se atreve a moldear la arcilla de la realidad.

Tumba de Marx en el cementerio de Highgate, Londres (REUTERS/Hannah McKay)
Tumba de Marx en el cementerio de Highgate, Londres (REUTERS/Hannah McKay)

¿Quién es Karl Marx?

Karl Marx nació el 5 de mayo de 1818 en Tréveris, una ciudad de la antigua Prusia (hoy Alemania), en el seno de una familia de origen judío de clase media que se convirtió al protestantismo por razones de conveniencia legal. Tras cursar estudios de derecho y filosofía en las universidades de Bonn y Berlín, se vinculó estrechamente con los “jóvenes hegelianos” y comenzó una prolífica carrera como periodista y ensayista. Fue perseguido y se exilió en París y Bruselas junto a su esposa Jenny von Westphalen.

Finalmente se estableció en Londres en 1849, donde vivió el resto de sus días en una profunda precariedad económica, sostenido en gran medida por la ayuda de su amigo y colaborador incondicional, Friedrich Engels. Durante su etapa en el Reino Unido, estudió de forma sistemática el capitalismo industrial dentro de las salas de lectura del Museo Británico. Esta intensa labor intelectual escribió el Manifiesto Comunista (1848) —junto a Engels— y su obra cumbre, El Capital, cuyo primer volumen se publicó en 1867.

Afectado por graves problemas de salud y sumido en la depresión tras la muerte de su esposa, el célebre filósofo falleció en Londres el 14 de marzo de 1883 a los 64 años. Sus restos fueron sepultados en el cementerio de Highgate, dejando un inmenso legado teórico que transformaría por completo el panorama sociopolítico, económico y cultural de los siglos XIX y XX. Desde entonces, ese legado, conocido como marxismo, adquirió un grosor inédito, siendo el padre del materialismo histórico y del socialismo científico.

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