
Siempre resuenan en mi memoria las palabras del poema número 20 de Pablo Neruda: “es tan corto el amor y es tan largo el olvido”. Yo pienso lo mismo, olvidar, decir adiós, siempre es difícil, siempre hay algo que se resiste a pasar a un segundo plano, que se resiste a borrarse; porque el amor que terminó, aunque instalado en el pasado, sigue estando muchas veces presente, se niega a desaparecer, persevera en la memoria. Por eso el olvido es largo, se extiende, se dilata; porque los amores pretéritos suelen situarse en una zona del tiempo que se burla de la duración, del tiempo cronológico… de la sucesión de los días y de las noches. Por eso, en estas tierras, lo que necesitamos dejar atrás, lo que tenemos que superar, los fantasmas que retornan una y otra vez, lo que se resiste a ser olvidado a pesar de no ser más parte de nuestro presente vital, suele tratarse en los consultorios de los psicoanalistas.
A partir de estos elementos temáticos e inspirada por el relato de la pensadora Elizabeth Roudinesco –quien en su biografía sobre Jacques Lacan cuenta que este famoso psicoanalista, en la última etapa de su vida, puso en práctica una fantástica disolución del tiempo de la sesión, al transformar con algunos pacientes la sesión corta en una no-sesión– propongo en mi obra, como espacio escénico, la sala de espera del consultorio de un psicoanalista. El tópico dramatúrgico de la espera que no concluye, de la espera sin fin, permite instalar el absurdo del sinsentido en tanto los personajes aguardan largamente, sin término –en una suerte de antesala abstracta– que se abra la puerta y que comience la sesión.
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El espacio escénico es un espacio minimalista en el cual están los personajes que no traspasan en ningún momento los límites de un tapete, que demarca y circunscribe la acción escénica instalando la sensación de hui clos. En ese tapete sin trazas de ubicación temporal, plano, en el que los personajes caminan y se interrogan y también se sientan a narrar, se escenifica la espera. Y en la espera los personajes van desgranando sus penas, relatando sus pérdidas: Bruno, el hombre que no pudo despedirse –hace muchos años– de su hermano desaparecido, al que no puede olvidar; Clari, la muchacha que fue abandonada por su novia –así de un momento para el otro– y no puede reconciliarse con el repentino e inexplicable final de ese amor; Héctor, el hombre que repite la pregunta, una y otra vez, de si saben que hay psicoanalistas que están reduciendo el tiempo de la sesión… En los momentos en los que se sientan, cansados del deambular propio de la espera, la única mujer les pregunta y se pregunta repetidamente, si esperan a alguien o esperan algo, que pase algo. Entonces la puesta plantea una detención de la acción, en la que irrumpe la música y las proyecciones retornan, y al repetirse, instalan una temporalidad cíclica que se ubica fuera de la sucesión del antes y el después. Es que lo que todos esperan –que se abra la puerta y comience la sesión– no acontece; la espera no concluye, y al no concluir, se instala un retorno repetido que supone al mismo tiempo un encierro.

¿Cómo salir de lo que retorna? ¿Cómo instalar o producir la diferencia? Cuando pareciera que solamente queda entregarse al círculo de la repetición sin fin, irrumpe un nuevo personaje. Pero como acontece siempre en el absurdo de la espera, lo que llega no es lo que todos esperaban sino algo nuevo; con esa mujer que aparece, Alicia, penetra en escena lo que va a alterar las coordenadas de la situación inicial instalando otra dinámica escénica.
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En Es tan largo el adiós: Sesión en espera, el tópico dramatúrgico de la espera permite desplegar en escena tragedias individuales y colectivas que nos atraviesan como sujetos históricos, como habitantes de un mundo en el cual la fragmentación, la complicación para los encuentros y las heridas históricas de nuestro país nos siguen confrontando con la imposibilidad de la unión de lo fracturado y con la dificultad de poder arribar a un tiempo que permita fundar lo nuevo.
*Actriz, dramaturga, directora, docente e investigadora teatral. Autora y codirectora de Es tan largo el adiós: Sesión en espera, que tiene tres únicas funciones: sábados 15, 22 y 29 de agosto a las 20:30, en Ítaca Complejo Teatral (Humahuaca 4027, CABA).
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[Fotos: prensa Es tan largo el adiós: Sesión en espera]
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