
El galardón más importante de la literatura se llama Premio Nobel. De eso no quedan dudas. Ser elegido ganador implica, además de 1.1 millón de dólares, estar en boca de todos. Y eso se traduce en reconocimiento mundial y ventas. Mañana la Academia Sueca develará el misterio y esa decisión, desde luego, también será juzgada. Es que esta edición se presenta como una nueva oportunidad para recuperar la reputación y el prestigio que fue perdiendo en los últimos años. ¿Qué fue lo que pasó?
El punto de inflexión ocurrió el viernes 4 de mayo de 2018 cuando se anunció que el Premio Nobel no se concedería ese año. En el comunicado, decían que era para “recuperar la confianza pública en la Academia antes de que se pueda anunciar el próximo ganador”. Luego sí, en 2019, se haría doble: la escritora polaca Olga Tokarczuk ganó el correspondiente a 2018 y el austríaco Peter Handke fue galardonado por 2019. Pero la decisión de postergar el premio se tomó a partir de un escándalo por denuncias sexuales y por filtración de información.
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El dramaturgo francés Jean-Claude Arnault, esposo de la entonces jurado Katarina Frostenson, fue acusado de tres hechos graves. El primero —que tiene que ver con cuestiones específicas de manejo de información— es haber filtrado los nombres de los premiados antes de que se entregue el galardón, y el segundo es por haber recibido para su centro cultural financiación de la Academia, lo cual representa lo que se denomina un conflicto de intereses.
Pero el tercero es el de haber abusado sexualmente de dieciocho mujeres entre 1996 y 2017. Finalmente Arnault recibió su sentencia: dos años de cárcel —ni tres como pedía la fiscal, ni seis como es el máximo fijado para este tipo de delitos— por considerarse culpable de uno de los dos casos de violación de los que estaba acusado. Cuando se hizo público esto, comenzaron a renunciar los jurados como un dominó. En total fueron ocho renuncias. Entonces decidieron postergar la premiación un año.
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Y si bien lo que ocurrió el 2018 fue una mancha histórica, la reputación del Nobel venía muy cuestionada. Uno de los puntos que varios autores han señalado es el “occidentalismo” del premio, pero sobre todo cómo la lupa fue puesta siempre en Europa. De América Latina, por ejemplo, un mercado fuerte dentro de la lectura del mundo, hay apenas seis: Gabriela Mistral, en 1945; Miguel Ángel Asturias, en 1967; Pablo Neruda, en 1971; Gabriel García Márquez, en 1982, Octavio Paz, en 1990; Mario Vargas Llosa, en el año 2010.
En África la cantidad es todavía menor: apenas cuatro. El primero fue el nigeriano Wole Soyinka en 1986, el segundo fue el egipcio Naguib Mahfuz en 1988, en 1991 lo recibió la sudafricana Nadine Gordimer y el cuarto y último, J.M. Coetzee, también sudafricano, lo ganó en 2003. Pero quizás el gran problema de equidad del Nobel no es la región sino algo mucho amplio: el género. Desde 1901, año que comenzó a entregarse, sólo fueron galardonados 15 mujeres, de las cuales cinco de ellos lo recibieron en los últimos quince años.
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Y si existe la literatura por fuera de esas geografías, la pregunta sobre qué tipo de obra se premia también ha derrochado “ríos de tinta”. Fueron muchos los escritores, los periodistas y los críticos literarios que cuestionaron la elección de la Academia Sueca en 2016. El ganador fue el músico Bob Dylan “por haber creado una nueva expresión poética dentro de la gran tradición estadounidense de la canción”. La pregunta es, no sólo por el corrimiento de la literatura, sino también por la masividad del personaje, como si la Academia buscara “aggionarse”.
Pero no es algo nuevo que se generen polémicas. Sobre todo cuando hay muchos autores que nunca fueron premiados y que el tiempo los colocó como grandes autores universales. Un caso es el argentino Jorge Luis Borges, pero también están Vladimir Nabokov, León Tolstói, Franz Kafka, Emile Zola, César Vallejo, Ítalo Calvino, Virginia Woolf y James Joyce entre tantos, tantos otros. Y los que lo recibieron de manera, es un decir, dudosa, también los hay. El ejemplo clásico es Winston Churchill, cuyo premio parecía más un reconocimiento a su actuación contra los nazis durante la Segunda Guerra Mundial al Nobel a un gran escritor.
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Mañana aparecerá un nuevo nombre en las redes sociales, en los portales de noticias, en la televisión, en la radio, en todos lados. Mañana sabremos quién es el ganador del Nobel de Literatura en este año tan atípico de pandemia y virtualidad. Y si bien será difícil que la Academia conforme a todos, es una nueva oportunidad para recuperar el prestigio que perdió en los últimos años.
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