Buenos Aires tiene una larga tradición cultural, algo que la distingue como capital y un aura que conserva pese a los permanentes disgustos de la economía argentina y a los diferentes momentos políticos. Enrique Avogadro asumió como ministro de Cultura de la Ciudad luego de dos tropiezos del gobierno de Horacio Rodríguez Larreta, uno de ellos de carácter más político (Darío Lopérfido) y otro directamente vinculado a la deslucida y mediocre gestión de Ángel Mahler. Desde su llegada, Avogadro -quien ha integrado diferentes equipos del oficialismo desde que el presidente Mauricio Macri era jefe de Gobierno- se propuso estimular el consumo cultural de los más jóvenes, desarrollar programas y abrir el juego en la Ciudad no solo dando lógico apoyo a los espacios oficiales sino también al circuito del arte y la cultura independiente.

Durante esta entrevista con Infobae Cultura, el ministro trazó un panorama de su área, explicó cómo hace para diseñar propuestas en un país con inflación desbocada -cuando se iba, fuera de cámara, Avogadro señaló que el presupuesto 2019 del área contempla un 45% de aumento- y reflexionó sobre dos situaciones incómodas y polémicas por las que debió pasar al comienzo de su gestión y que, asegura, terminaron siendo un aprendizaje.

— Uno podría pensar que a casi un año de asumir, ya es momento de hacer algún balance de su gestión…
— Sí, de hecho recordaba nuestra entrevista anterior porque fue a los dos o tres días, muy al principio, y en ese momento hablamos de muchos temas que tenían que ver con hacia dónde entendíamos que valía la pena orientar la gestión, y producto además de las charlas que yo había tenido con Horacio (N. de la R: Rodríguez Larreta) cuando él me invita a sumarme y lo que él me plantea como desafío. Y viendo todo lo que pasó este año la verdad que estoy, modestamente lo digo, contento porque en ese momento hablábamos justamente de corrernos de una lógica de la cultura solamente entendida como lo eventual para ir hacia la cultura como vinculada al desarrollo y para pensarla en línea con muchos de los desafíos de transformación que tiene la Ciudad, integración social, generación de convivencia.

— Descentralización…
— Descentralización. El acceso a la cultura también como uno de los grandes desafíos, entender que, digamos, el gran desafío que tenemos es que todas las personas que viven en esta ciudad y que la visitan tengan una vida cultural plena. Es lindo decirlo, el tema es cómo lo traducimos en políticas culturales públicas. Y hoy, ya habiendo pasado casi un año, hace menos de un mes lanzamos la herramienta más fuerte que tenemos, que es el Pase Cultural.

— Iba a preguntarle por eso.
— El Pase Cultural es una herramienta que busca que todos los chicos de la escuela pública de 16 a 18 años a través de una tarjeta en la cual todos los meses depositamos plata, 250 pesos por mes, y pueden usar esa plata en actividades culturales. Pueden ir al cine, pueden ir a una librería y comprarse un libro, pueden ir al teatro, pueden escuchar música en vivo.
La tarjeta es también una tarjeta de descuentos con lo cual en realidad compran mucho más que 250 pesos porque ya lo que van a consumir culturalmente tiene un descuento. Y además tienen en la tarjeta todos los meses entradas gratis no solo del circuito cultural público, el San Martín, el Colón entre otros, sino que nosotros compramos 20.000 entradas del circuito independiente, teatros independientes, centros culturales, que también están disponibles. La tarjeta básicamente lo que busca es ampliar el acceso a la cultura y hacer que alguien cuando está saliendo a la vida a los 16 años tenga una vida cultural plena. Porque la cultura es clave para la definición de nuestra identidad individual y colectiva y lo que queremos es que ellos sean los protagonistas.

Lihue Althabe
Lihue Althabe

— Ahora, ministro, ¿no es un poco frustrante pensar cosas tan ambiciosas, interesantes y tan ligadas al desarrollo y planificar en un país con una inflación indomable y en donde lo que uno pensó meses antes y armó y planificó, cuando llega el momento de ponerlo en marcha no significa exactamente lo mismo? Esos 250 pesos eran una cosa cuando lo pensaron y terminan siendo otra. ¿Cómo se lidia con esa frustración?
— En realidad lo que hacemos no lo pensamos para la coyuntura nunca, lo pensamos para el mediano y el largo plazo. Y la transformación que estamos impulsando en Cultura también va a tener un impacto de largo plazo. Más allá de que estamos muy contentos porque desde que lanzamos el programa hay 3.000 chicos que iniciaron el proceso de inscripción y los primeros ya la están usando. De hecho ésta semana estuvimos viendo algunas de las actividades que están haciendo y utilizando la tarjeta. La verdad que nuestro foco está puesto en el largo plazo. Y la coyuntura en la Argentina no es una novedad de ahora, o sea, sabemos y reconocemos que estamos atravesando un momento difícil. También estamos muy seguros de que es un momento que va a pasar, que hay que atravesarlo para justamente estar en una situación mejor. Los programas se van actualizando, de hecho en marzo tendremos la posibilidad de actualizarlos nuevamente. Y, en definitiva, no solo éste sino todos nuestros programas tienen un componente de experimentación, nosotros vamos aprendiendo mientras vamos haciendo. Sobre todo en algo tan novedoso para la Argentina como es estimular muy fuertemente la participación cultural en los más jóvenes donde ellos son los protagonistas, porque la tarjeta te da independencia y autonomía para decidir, yo no te digo qué tenés que hacer, lo que te digo es tomá y usala solo en cultura. Entonces, no sólo en términos económicos sino también en términos del propio programa nosotros estamos buscando ir aprendiendo con el programa. Y de hecho lanzamos en conjunto con la tarjeta el Club del Pase Cultural, que es un grupo de 30 chicos y chicas de la misma edad, hicimos una convocatoria abierta, se anotaron un grupo de chicos y chicas muy activos que nos están ayudando reuniéndose con nosotros, y sobre todo entre ellos, a ver hacia dónde va el programa. De alguna manera la única forma de poder hacer un programa vinculado a los más jóvenes es escuchando a los más jóvenes.

La tarjeta del Pase Cultural
La tarjeta del Pase Cultural

— ¿Cómo seleccionaron a los chicos?
— Fue una convocatoria abierta, aplicaron, y después hubo un comité de selección. Todos nuestros programas siempre tienen un jurado externo que elige. Y acá lo que se buscó era, además, por supuesto la paridad de género por un lado, pero además la diversidad de barrios para que toda la Ciudad estuviera representada. Que ese es otro de nuestros objetivos, o sea, además de los más jóvenes a los cuales en todos los programas del Ministerio estamos presentes, dentro de muy poco, el 24 y 25 de noviembre tenemos el Festival Clave 13/17 en el Recoleta, y se llama 13/17 porque está vinculado para chicos de 13 a 17 y programado por chicos de 13 a 17.  Pero además de los jóvenes la descentralización es otro de los desafíos. Más que descentralización es romper la lógica de centro periferia y romper un poco esta idea de que el Ministerio es el que tiene que mandar cultura a distintos lugares, en realidad cultura hay en todos lados y nuestro rol es mucho más poner en valor, iluminar, conectar, y para eso lanzamos un programa que la verdad que estoy muy contento por cómo se desarrolló, que es Barrios Creativos. Un programa que buscó estimular la participación cultural en todos los barrios de la Ciudad. Fue una convocatoria abierta a todos los barrios donde lo que les propusimos es que nos plantearan una agenda cultural de calidad que dure un año entero para su barrio.

— Ellos proyectaron en función de un presupuesto, también.
— El presupuesto es el premio, entre comillas, del concurso. Ahora el 17 de noviembre vamos a estar seleccionando, en realidad no nosotros, hay un jurado de referentes culturales que fue convocado para seleccionar a los cuatro barrios ganadores, pero más allá de quién gana, lo que sucedió éste año, y es lo que a nosotros nos sorprendió, es la avidez por participar por parte de las organizaciones culturales locales en barrios que no están en el mapa habitual de circulación cultural y la conexión que se da entre ellos. Las propuestas que surgieron, la gran mayoría tiene que ver con la activación del espacio público a través de la cultura. Y eso de lo que habla en realidad es de una ciudad que tiene una vida cultural fenomenal, una avidez por ser parte de la cultura, y nuestro trabajo entonces mucho más que ir y generar nosotros una propuesta cultural es apoyar lo que ya existe. Y estar orgullosos como estamos de ser parte de una ciudad que tiene una cultura, una creación cultural, casi única en el mundo.

Horacio Rodriguez Larreta y Enrique Avogadro en la presentacion del programa Barrios Creativos
Horacio Rodriguez Larreta y Enrique Avogadro en la presentacion del programa Barrios Creativos

— Hay una necesidad particular de los emprendedores del mundo del arte o de la cultura y es que  a diferencia de lo que pasa cuando uno tiene un trabajo en relación de dependencia, con esos trabajos eventuales la cuestión tributaria muchas veces se vuelve muy complicada.
— Totalmente.

— Entonces quiero preguntarle si hay algo pensado, si hay algún plan, si tienen pensado de algún modo en tratar de resolver esto que es un verdadero problema.
— Nosotros somos muy conscientes de que la vida del artista, del gestor cultural, del creador, la creadora, es compleja porque la dinámica es incierta. Y además, como realmente tienen momentos de mucho trabajo, momentos que no tienen trabajo, digo, tienen esa dinámica que es incierta. Lo que estamos haciendo es, por un lado, aumentando la cantidad de recursos que disponemos en convocatorias abiertas de fomento a la creación para que durante todo el año existan posibilidades de aplicar a subsidios. Nosotros tenemos el Fondo Metropolitano, Pro Teatro, Pro Danza, BA Música, BA Milonga y el sistema de mecenazgo de la Ciudad de Buenos Aires, que además mejoramos, acabamos de aprobar una nueva ley de participación cultural que hace mejoras muy sensibles a mecenazgo. En todos los casos lo que hicimos fue: más recursos, más transparencia, acortamos plazos porque lo subimos a internet, generamos además charlas orientativas para que todo el mundo tuviera la oportunidad de participar. Y el resultado, de vuelta, diez u once meses después es que tenemos más participantes en las convocatorias, más subsidios otorgados a través de estas diferentes convocatorias. Pero además, yendo a la pregunta también respecto del emprendedor cultural, durante todo el año creamos y estamos desarrollando actividades de capacitación para el emprendedor cultural. Ahora mismo hay una capacitación que hacemos junto con FLACSO que tiene que ver con cómo lidiar con el día a día y cómo aprender justamente a desarrollar una carrera en el campo de la cultura con todo lo que no te enseñan en la carrera artística. Porque te enseñan a ser un artista, no a cómo hacer para efectivamente vivir de eso.

— Cómo aplicar a los subsidios, cómo gestionar…
— Y, por otro lado, un foco nuestro son los propios espacios culturales independientes, porque esta oferta cultural maravillosa que tiene la Ciudad de Buenos Aires no solo circula por los espacios públicos de la Ciudad sino además por éste enorme complejo cultural independiente que tiene la Ciudad y que también necesita un acompañamiento para poder desarrollar su actividad. Este año, la otra ley que mandamos a la Legislatura junto con mecenazgo es la ley de espacios culturales independientes. La ley ya está siendo discutida en las comisiones y esperamos que en dos o tres semanas esté aprobada. Viene muy bien además porque antes de mandarla a la Legislatura hicimos una convocatoria a todas las organizaciones de la cultura independiente para que tuvieran la oportunidad de opinar, de ver el texto, etcétera. Y esa ley por un lado soluciona y le da un marco de desarrollo a los espacios culturales independientes de mucha más previsibilidad, más transparencia, y simplifica un montón los trámites. Lo que dice la ley en definitiva es la Ciudad está orgullosa de tener una cultura independiente muy potente y para eso estamos obviamente en condiciones de modificar el marco normativo para estimular que haya cada vez más cultura independiente en la Ciudad .

— Hubo dos conflictos este año por los que gente del arte y la cultura de la Ciudad estaba un poco preocupada por la legislación que se venía: uno tenía que ver con los artistas callejeros, el otro con los ruidos molestos . ¿En qué está todo eso?
— Bueno, efectivamente hubo de parte de los artistas callejeros en particular una preocupación respecto a una modificación que estamos impulsando al Código Contravencional. Esa modificación la está liderando naturalmente el área de Justicia y Seguridad porque la reforma tiene que ver con temas que no son culturales. De hecho tiene que ver con incorporar una perspectiva de género en ese Código y otras cuestiones que hacen al área de Justicia. Pero dentro de esa propuesta de reforma, insisto propuesta porque es un proyecto de ley que está siendo discutido, no es una ley, había un artículo en particular que preocupaba a los artistas callejeros porque parecía, no estaba explicitado, pero…

— Podía dar lugar.
— Exacto, con alguna interpretación, uno podía pensar que lo que se buscaba era restringir al arte callejero en la Ciudad. Los convocamos, nos juntamos con ellos, sumamos a los legisladores para que también los pudieran escuchar, y nos comprometimos a darles una respuesta. Dos o tres semanas después los volvimos a convocar y les mostramos una redacción alternativa que no solo los dejó muy tranquilos sino que además de alguna manera va por encima de eso, porque explicita de parte de la Ciudad el interés que tenemos por tener mucho arte en el espacio público. Respecto al tema ruidos molestos también lo tuvimos en cuenta y también operamos sobre eso. Ahora, algo que surgió en las mesas de diálogo y es interesante tenerlo en cuenta es que los propios artistas callejeros reconocen que no es que hay un derecho absoluto. Digamos, todos estamos a favor de que un músico pueda ensayar en su casa, seguramente todos estamos de acuerdo en que no lo puede hacer a las 3 de la mañana con la música a todo lo que da. Porque como vivimos en una ciudad, tenemos que tener un espacio de convivencia. Y nosotros creemos que más importante que la solución es tener ese espacio. La solución va a venir de ese diálogo que se genera.

— ¿Pero qué pasa en este sentido con los centros culturales?
— En el caso de los centros culturales, es una de las reformas que propusimos a la ley y está absolutamente resuelto. Eso implica también una responsabilidad porque un centro cultural está en una zona residencial y convive con otros usos de la Ciudad. Con lo cual no quiere decir que haya una responsabilidad necesariamente por lo que pasa puertas afuera pero sí hay una idea de que si efectivamente queremos que la cultura sea protagonista, tenemos que lograr que la cultura tenga ese vínculo amable con todo su entorno. Esta nueva ley es una ley que construimos entre todas las áreas del Ejecutivo porque participó activamente la Agencia de Control Comunal, la Agencia Ambiental, Defensa Civil, porque si no, el problema es que hacemos leyes que después un área tiene que poner en práctica y es muy difícil hacerlo, entonces nosotros también le queremos garantizar a los colegas que tienen la tarea inspectiva, que es necesaria porque obviamente lo que queremos es también velar por la seguridad, es darles las herramientas para que lo puedan hacer sin que eso afecte la actividad cultural. Y la verdad que estamos muy contentos porque fue uno de los desafíos que nos planteamos cuando comenzó el año y estamos a muy pocas semanas de tener una nueva ley que bueno, reglamentación mediante se va a poner en práctica en los primeros meses, yo creo que para febrero del año que viene, marzo, la vamos a tener ya en práctica. Y le da una previsibilidad y una tranquilidad a los espacios donde la Ciudad lo que está diciendo es no solo que velamos y queremos tener los espacios que tenemos sino que alentamos a que se creen nuevos espacios, a que el que quiera emprender en cultura lo pueda hacer con mucha más previsibilidad.

El ministro de Cultura de la Ciudad Enrique Avogadro junto a la escritora Claudia Piñeiro, antes de la manifestación en la última Feria del Libro (Martin Rosenzveig)
El ministro de Cultura de la Ciudad Enrique Avogadro junto a la escritora Claudia Piñeiro, antes de la manifestación en la última Feria del Libro (Martin Rosenzveig)

— Ministro, usted pasó por dos momentos difíciles al comienzo de la gestión, uno en la apertura de la Feria del Libro, en donde no pudo dar su discurso, y otro en una feria de arte contemporáneo en donde por participar de una experiencia artística que tenía que ver con una torta con la figura de Jesucristo, terminó siendo agredido en las redes, se pidió su cabeza, lo pasó bastante mal. Le pido una reflexión sobre las dos situaciones.
— En realidad pasarla mal, digo, es también parte del aprendizaje de lo que viene con el cargo. O sea, no hay una escuela de ministros. Yo arranqué, si bien tengo muchos años de gestión pública encima y mi vocación es ser servidor público, trabajo en lo público desde hace muchísimos años y me formé para eso, hice incluso una maestría en Administración y Políticas Públicas con una tesis que finalmente estoy terminando, la verdad que, insisto, no hay una escuela de ministros. Sería una buena serie, The School of Ministers, como la Escuela de Rock.

— Como The West Wing.
— Totalmente, bueno, The West Wing es mi serie preferida en la vida. Lo que quiero decir es no te enseñan cómo lidiar con esas situaciones. Lo que a mí me hizo mucho bien fue entender muy claramente que yo no era el protagonista de esas situaciones. O sea, son situaciones donde por distintas razones, en un caso también por la propia dinámica de las redes sociales donde cualquier tema cobra una dimensión que por ahí no está vinculada al tema de origen. En el caso de la feria de arte, uno puede hacer una interpretación en la medida que entienda todo el contexto, sacada de contexto es una imagen que da la vuelta al mundo y nadie entiende muy bien qué es lo que está sucediendo ahí. Y en la Feria del Libro, lo mismo. O sea, son dos situaciones donde en lo personal me tocó aprender y la verdad que lo vivo de una manera medio paradójica pero agradezco haber tenido esas situaciones porque son parte de lo que hace al cargo que uno ocupa, circunstancialmente, además. Yo no voy a estar siempre haciendo esto, es parte de la experiencia de aprendizaje.

— ¿Pero cambiaría algo de lo que hizo?
— Siempre lo importante es apelar al diálogo. O sea, que tenemos una oportunidad ante situaciones como estas de invitar a todo el mundo a sentarse a dialogar y a discutir y en todo caso ver cuáles son las posiciones diferentes que hay alrededor de un tema y tener la oportunidad de escucharnos. Me parece que en todo caso enfatizaría eso. Es algo que hablamos incluso con la gente de la Feria del Libro, con quienes nos reunimos regularmente. Y una de las cosas que decía era: por ahí está bueno que sea un espacio en donde todo el mundo tenga la oportunidad de ir y opinar de lo que quiera, pero en todo caso ordenémonos para que nos escuchemos y no para que gane el que grita más fuerte. Apelaría siempre más al diálogo. Porque me parece que escucharnos es lo mejor que tenemos. Y no estamos necesariamente obligados a ponernos de acuerdo, pero sí estar de acuerdo en que hay un lugar desde el cual conversar.

— Este año la discusión pública fue muy fuerte y no solo en lo que tiene que ver con la cuestión política sino que aparecieron discusiones más sociales e ideológicas, por las que se abrieron nuevas grietas. Me gustaría preguntarle su opinión sobre la legalización del aborto.
— Bueno, yo personalmente estoy a favor de la legalización, lo estuve. Y esa es mi posición personal. Por otro lado respeto enormemente las diferentes posturas. Y me parece, de nuevo, que este año lo que nos demostró más allá de que por ahí algunos queríamos que el resultado fuera diferente, es que tuvimos la oportunidad de escucharnos. Para mí, más allá de algunas situaciones aisladas, la dinámica que se dio en el Congreso de escucha atenta a las distintas posiciones me pareció muy positiva. Así que esa es mi posición personal y la misma de algunos colegas y así lo han manifestado. Pero bueno, insisto en esto, creo que si algo hemos aprendido es que, y ahora estamos a 35 años de la vuelta de la democracia en la Argentina, es que no hay alternativa más que el diálogo para reconocernos iguales obviamente en nuestras diferencias pero al reconocernos iguales tenemos la oportunidad de escucharnos y respetarnos.

— Teniendo en cuenta la experiencia que está atravesando el Museo de Bellas Artes con la muestra de Turner, en donde se tomó la decisión de cobrar entrada en algunas muestras temporarias que se considere que lo valen. ¿Está pensando en algo así para los museos de la Ciudad?
— En realidad esas son definiciones que son técnicas. La verdad que a nivel nacional se ha hecho mucho en materia de museos, se han concursado las direcciones de los museos… Bellas Artes tiene hoy una gestión realmente notable. La propia muestra de Turner tiene récord de público. Nosotros estamos apostando al igual que en el resto de la infraestructura cultural pública a una mejora continua de nuestros museos. Este año el Museo de Arte Moderno duplicó su tamaño.

— Sí.
— Todos los años hacemos obras de infraestructura cultural de gran escala, no quizás a la escala del Moderno donde literalmente duplicamos el tamaño. En paralelo estamos en obra en el Recoleta, una obra que hace 30 años que no se hacía y que a fin de año nos va a dejar un Recoleta renovado y con más espacio público. Y hay muchos otros museos que por ahí son menos visibles, pienso el Sivorí, el Gardel, el Museo del Cine, que en estos últimos dos años han tenido una mejora sensible en materia de infraestructura. Nuestro foco entonces es, como dije al principio, hacer que la cultura esté cada vez más presente en la vida de todas las personas en la Ciudad y eso implica por lo tanto también una inversión continua y constante en infraestructura cultural pública para poder poner en valor estos espacios.

— Insisto con la pregunta por el tema del pago de entrada para lo que no sean muestras permanentes.
— De vuelta, Nación optó por cobrar las muestras temporarias, entiendo que no todas sino aquellas que requieren una inversión, el caso de Turner es una muestra que viene de la Tate en Londres, que tiene costos gigantescos, etcétera, entiendo además que hay un precio diferenciado para extranjeros y argentinos, y que además hay un día gratuito. Con lo cual son decisiones que tienen que ver con casos puntuales, con la técnica específica de cada caso.

— Pero no lo descarta.
— Uno va al Teatro San Martín y paga una entrada para ver una obra de teatro. O sea que yo no veo que haya un problema estructural en este tema. La pregunta en realidad es qué estamos haciendo en materia de acceso a la cultura, cómo formamos nuevos públicos y cómo garantizamos que cualquiera que quiera ir, pueda ir y sobre todo no que quiera, sino cómo hacemos que personas que hoy no tienen esa posibilidad, y no por una cuestión de dinero sino por su cosmovisión, por la educación, por lo que fuera, puedan hacerlo. Por eso el Pase Cultural, por ejemplo.

— Como estímulo.
— Es un estímulo muy directo y que apunta no a que los que ya tenemos una vida cultural activa tengamos más sino, sobre todo, a que mucha otra gente que hoy no va al Bellas Artes, que no va al Teatro San Martín o al Cervantes, que no circula por la oferta cultural pública, pueda hacerlo. Y creo que el foco tiene que estar puesto en eso: me parece que esa discusión es interesante y necesaria.

— Vuelvo a la cuestión de la frustración, porque usted es una persona que en general está mirando mucho qué hacen algunos países desarrollados, que uno podría pensar modernos. ¿No es frustrante intentar ese tipo de modelo cultural en un contexto como el argentino, en donde lidiamos con problemas que afectan los presupuestos y que este año, por ejemplo, nos llevaron de nuevo a recurrir al Fondo Monetario Internacional?
— Buenos Aires es el centro o uno de los centros culturales de Latinoamérica y uno de los centros culturales a nivel internacional, con lo cual en realidad casi todas las semanas recibimos a alguien que le interesa aprender de lo que está pasando en la Ciudad. Y esto no es mérito nuestro sino de la dinámica propia que tiene una ciudad, que tiene una cultura que realmente es desbordante. Y es algo que los que tenemos la suerte de viajar o de haber viajado nos damos cuenta justamente por la comparación. Pero por ahí hay gente que no tiene tanta oportunidad de darse cuenta y realmente es algo que nos tiene que llenar de orgullo. A mí me parece que es una oportunidad siempre aprender de lo que hacen otros, y de hecho algunas de las iniciativas que llevamos adelante, como el Pase Cultural tuvo como inspiración experiencias de Brasil, de Montevideo, de Italia y de España. O el Consejo Cultural, que es otra de las innovaciones que lanzamos este año que preside Jorge Telerman que también dirige el Complejo Teatral este año con un récord absoluto en materia de asistencia de público, etcétera. Digo, son experiencias que tomamos de experiencias internacionales y adaptamos a las nuestras. Barrios Creativos lo mismo, Londres está haciendo una experiencia casi a la par nuestra, empezaron antes pero es casi a la par nuestra. Particularmente la cultura siempre ha sido muy creativa en términos de la reacción a las distintas coyunturas que atraviesa la Argentina habitualmente. Con lo cual no sólo no es frustrante sino que es muy estimulante trabajar en cultura pública en Buenos Aires, en la Argentina. Para mí es… todavía me pellizco a pesar de que pasaron diez, once meses, cuando salgo de la cama. El entusiasmo que me genera tener esta oportunidad de ser parte de un equipo que está transformando no solo Cultura sino la Ciudad, porque cuando uno ve por ejemplo la transformación social que se está dando en las villas de la Ciudad de Buenos Aires y donde Cultura también tiene algo para decir. Porque el desarrollo no es solo la infraestructura sino también trabajar en cultura y educación. Entonces, la verdad que ser parte de este proceso de transformación que está viviendo la Ciudad a mí me llena de orgullo y es absolutamente estimulante.

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