“Bogotá 39: nueva narrativa latinoamericana” (Diseño de tapa: Nicolás Barrome Forgues)
“Bogotá 39: nueva narrativa latinoamericana” (Diseño de tapa: Nicolás Barrome Forgues)

La remake de un Giuseppe Arcimboldo colorido y gomoso en la portada da cuenta de forma irreductible que ese libro —un artefacto más acorde a la era predigital que a este presente lleno de bytes— está hecho por escritores jóvenes.

El Bogotá 39 es una selección que intenta dar cuenta de la juventud literaria de ficción de América Latina. Surgió en 2007 seleccionando 39 escritores menores de 40 años: una especie de muestra creativa de personas que le espera —si el devenir no es cruel— el doble de tiempo para escribir y publicar de lo que ya han escrito y publicado. El año pasado, luego de diez años de la primera edición, se volvió a realizar duplicando la cantidad de argentinos.

De los tres del 2007 —Pedro Mairal, Andrés Neuman y Gonzalo Garcés—, ahora son seis: Lolita Copacabana, Luciana Sousa, Martín Felipe Castagnet, Samanta Schweblin, Mauro Libertella y Diego Erlan. El jurado que los seleccionó estuvo integrado por buenos nombres: la argentina Leila Guerriero, el colombiano Darío Jaramillo y la mexicana Carmen Boullosa.

La editorial Sigilo acaba de publicar para Argentina —en simultáneo con otros doce sellos independientes— un libro que posee un cuento de cada uno de los 39. El título es Bogotá 39: nueva narrativa latinoamericanaEn el prólogo, Margarita Valencia dice que en esta generación de narradores hay "un nuevo realismo más descarnado, más afilado, que aborda lo social y lo doméstico sin ningún tabú". Y si —como también plantea Valencia— "la historia de la literatura latinoamericana de la segunda mitad del siglo XX es la historia de la lucha por salir del gueto", ¿en qué momento se encuentra la actual generación de narradores?, ¿cuál es su historia parlante?, ¿cuál es el pulso que late hoy?

Infobae Cultura intercambió mails —otra marca de época— con tres de los argentinos que integran esta antología y que, de ahora en más, quedan marcados como los portadores de la voz latinoamericana, esa que hoy transita la ficción como un espacio legítimo entre la necesidad, el oficio y el activismo. Para ellos, tres preguntas:

1—Algo personal: ¿Por qué escribís, cuál es el motor de tu escritura?

2— Algo contextual: ¿Qué momento creés que está atravesando la literatura latinoamericana?

3—Algo hipotético: ¿Cómo sería un mundo sin literatura?

Lolita Copacabana

Lolita Copacabana
Lolita Copacabana

El diario rancio de una chica sombría y sensible, eso es "Physiologus", relato de Lolita Copacabana incluido en Bogotá 39: nueva narrativa latinoamericana. Allí, entre un tequila prematuro, Ke$ha, redes sociales, una madre ausente y el fantasma de la anorexia, se lee: "Demasiado pronto el dibujo de mi cara de niña va borrándose del recuerdo y de la historia".

Nacida en 1980, esta autora argentina tiene dos libros: por un lado, Buena leche: diario de una joven (no tan) formal, publicado en 2006 a partir de los textos de su blog JustLola. Y por otro, Aleksandr Solzhenitsyn: crimen y castigo en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, novela que editó Momofoku en 2015, la editorial que dirige junto a Hernán Vanoli.

1—Escribo porque creo en el poder de la palabra. En épocas en lo que lo simbólico se derrumba, entiendo que nuestra misión, de los que creemos en su poder, es insistir en el intento por sorprender para revelar su potencia y toda la maravilla de la que es capaz. En mi caso, lo que procuro es hacer preguntas, ojalá novedosas, sobre la forma en la que vivimos y nos relacionamos.

2—Creo que mapear algo tan complejo, diverso, rico y en permanente movimiento como es la literatura latinoamericana es demasiado difícil, y que nuestras impresiones siempre van a ser incompletas. Sin embargo mi experiencia con el Hay Festival y todo lo que es Bogotá 39 me dio algunos indicios. Por un lado, me parece que si bien está claro que el mercado editorial nos fragmenta, la internet nos reterritorializa, y gracias a ella podemos conectarnos y conocernos y ojalá determinar un horizonte de coordenadas en común. En segundo lugar no puedo dejar de hablar de la fuerza de esta generación de mujeres, de autoras como Laia Jufresa, Valeria Luiselli, Mónica Ojeda, Samantha Schweblin, Constanza Gutierrez, Liliana Colanzi, Natalia Borges, Arelis Uribe… Creo que más que nunca las mujeres están marcando un paradigma innovador para interrogar las relaciones entre el arte y las luchas de género. También creo que hay una gran sintonía generacional entre los escritores jóvenes de América Latina, algo que quizás en décadas o generaciones anteriores, menos hipercomunicadas, no se daba.

3—Sería un mundo bastante peor, un mundo incapaz de hacerse preguntas importantes que vinculasen a la ética con la estética y la política, que son tres territorios que la experiencia de la literatura, que en su búsqueda de nombrar el misterio, la oscuridad, lo inacible, termina interrogando en formas potentes e inesperadas. La literatura lidia con el lenguaje, y por lo tanto con la imaginación, y un mundo donde el lenguaje y la imaginación no fueran tensionados… sería un mundo peligroso, creo, cuanto menos estático, aburrido: un mundo donde las legislaciones (públicas, privadas) que nos gobiernan se cristalizarían.

Martín Felipe Castagnet

Martín Felipe Castagnet
Martín Felipe Castagnet

Además de ser editor, traductor, doctor en Letras, Martín Felipe Castagnet —nació en La Plata, año 1986— tiene dos novelas publicadas: Los cuerpos del verano (Factótum, 2012) y Los mantras modernos (Sigilo, 2017).

"¡Soldados, lleven todo de regreso a casa!", es el título de su cuento incluido en esta antología. Es un relato postapocalíptico donde el mundo mutó a un hábitat digitalizado. Luego del "gran reseteo", la realidad dejó de estar completa, entonces la protagonista —que huye de una deuda— y se mete en internet: "el territorio ideal para esconderse". Ahora es una exploradora, su tarea es la rastrear lo perdido y extinto del mundo. "Internet es la patria", vocifera este relato que no sólo imagina, también predice.

1—Escribo porque soy mejor con las palabras que con las maquetas: intento crear pequeños mundos que estén vivos e imperfectos. Suelen ser mundos fantásticos porque así se pueden describir mis influencias: los videojuegos, la animación y la internet, y porque intento llevar de regreso a la literatura la sensación de aventura que alimentó mi infancia.

2—La literatura latinoamericana se está volviendo a juntar después de varios años desmembrada. Reformula quiénes son nuestros contemporáneos, rompe nuestras expectativas y sobre todo sube la vara de calidad.

3—Un mundo sin literatura sería un mundo con literatura por otros medios. El libro no es el comienzo ni el fin de nada, y si es necesario volveremos a dibujar en las cuevas con la sangre de nuestros enemigos.

Luciana Sousa

Luciana Sousa (Foto: Carla Masella)
Luciana Sousa (Foto: Carla Masella)

En diciembre de 2016 apareció por la editorial Funesiana Luro, la primera novela de Luciana Sousa marcando un arranque prometedor. Ahora, en esta antología, el cuento que la representa se llama "56 (la caída)", una narración al mejor estilo clásico que sigue de cerca la curva —expectante primero, descendiente después— de la ambición porteña a pequeña escala: un hombre que se muda a una casa vacía a rastrear la fortuna de un tío muerto.

1—Escribo desde siempre por una necesidad personal. No una catarsis, sino algo más parecido a la necesidad de crear historias. El mito de origen es que yo era una nena bastante mentirosa,  que con tres o cuatro años inventaba historias en el jardín. Después, cuando aprendí a escribir, puse esa energía en cuentos y relatos, que escribí durante toda la infancia y adolescencia. Después, siguió siendo una necesidad, pero mucho más consiente, más disciplinada y seguramente, mucho más condicionada de lo que fue en un principio.

2—Creo que es un gran momento. Y no al estilo del boom. Es una producción mucho más mosaica (pienso en la palabra horizontal, pero no quiero pasarme de optimista) y menos monopólica en el sentido comercial. Hay una apuesta a lo propio, lo identitario, sin ser para nada color local. Hoy además en la gran mayoría de los países latinoamericanos existen muchas y muy variadas editoriales independientes, que al fin de cuentas son las que más arriesgan al publicar nuevos autores. Eso para mí oxigena muchísimo la típica propuesta de las editoriales tradicionales.

3—No soy capaz de imaginar un mundo sin literatura. Probablemente los escritores nos refugiaríamos en otras formas artísticas, haciendo literatura disfrazada de cine, o literatura disfrazada de teatro. O periodismo. Para mí la literatura es una forma de contactar con el mundo, una forma de mirarlo y entenderlo. No en un sentido normativo, sino lúdico. Sería un mundo muy triste, sin dudas. Y yo, una inadaptada o una psicótica.

 

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