El lago Brenets, en la frontera entre Francia y Suiza, atraviesa su peor crisis hídrica en más de un siglo. Sus aguas retrocedieron hasta niveles que rozan el récord mínimo histórico de 1906, sus embarcaciones quedaron varadas sobre el barro y sus orillas, antes llenas de turistas, permanecen vacías. El fenómeno pone en evidencia la combinación de una sequía extrema, fisuras geológicas que drenan el agua hacia el subsuelo y el impacto de veranos cada vez más calurosos.
El lago, que el río Doubs forma naturalmente al llegar al pueblo suizo de Les Brenets, marca la frontera entre la región francesa de Franche-Comté y el cantón suizo de Neuchâtel. En condiciones normales, sus aguas alimentan una cascada de 27 metros de altura y sostienen a tres empresas de navegación turística. Hoy, esa cascada dejó de correr, las compañías pararon sus operaciones y los vecinos observan con angustia cómo la cuenca se reduce día a día.
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El lago se acerca a su mínimo histórico y pierde hasta 22 centímetros por día
Cada mañana, Yvan Durig, propietario y capitán de una empresa de navegación, baja hasta la orilla del pequeño espejo de agua que queda en el punto más profundo del lago y toma la medición a mano. El sistema automatizado de monitoreo quedó tan lejos del borde actual que ya no sirve. Según informó a AFP, el lago pierde entre 20 y 22 centímetros de profundidad por día.

El 1 de octubre, el nivel del agua cayó a 735,34 metros sobre el nivel del mar, es decir, 14,66 metros por debajo de su nivel habitual. En pocos días, esa cifra superaría el récord registrado en 1906, cuando el descenso alcanzó los 15,35 metros. En condiciones normales, el punto más profundo del lago tiene entre 25 y 30 metros de agua; al momento de las mediciones, apenas quedaban 9 metros, con los peces apretujados en ese reducido volumen. En el lecho expuesto del lago, alguien grabó en la maleza las palabras “HELP” y “SOS”.
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La agencia Reuters precisó que el nivel del agua está más de 9 metros por debajo del promedio y que la sequía que azota el lago es comparable, según el organismo meteorológico MeteoSuisse, a las peores registradas en el país en 1976, 2003 y 2018. Las lluvias acumuladas desde abril representaron apenas la mitad de lo habitual.
El calor extremo golpeó a Europa y dejó ríos en sus niveles más bajos
El contexto climático que rodea la crisis del lago Brenets va mucho más allá de sus orillas. Según un informe del Servicio de Cambio Climático de Copernicus, organismo de la Unión Europea que monitorea el clima a escala global, el verano de 2026 fue el tercero más cálido en toda Europa desde que existen registros, y el más caluroso jamás medido en Europa occidental, con una temperatura media de 21,7 °C, es decir, 2,5 °C por encima del promedio del período 1991-2020.
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Ese registro superó al anterior máximo, fijado en el verano de 2003. El organismo advirtió además que las condiciones estivales comenzaron de forma inusualmente temprana: la primera ola de calor importante alcanzó gran parte de Europa occidental ya a fines de mayo. Uno de los indicadores más preocupantes que registró el informe fue el estrés térmico, un concepto que mide cómo las condiciones de temperatura y humedad afectan al cuerpo humano y lo exponen a riesgos como el golpe de calor.
Según el organismo, el 52% del continente europeo quedó expuesto a niveles de estrés térmico “muy fuerte”, equivalente a sensaciones térmicas de 38 °C o más, al final del verano. Las consecuencias se extendieron a múltiples sectores: los principales ríos del continente, entre ellos el Rin, el Danubio, el Po, el Loira, el Ródano y el Sena, registraron sus caudales más bajos desde que el Sistema Europeo de Alerta de Inundaciones (EFAS) lleva datos (1992), con efectos sobre el transporte de mercancías, la generación de energía hidroeléctrica y el suministro de agua dulce.
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El verano más caluroso desde que hay registros agravó una situación ya crítica
El lago Brenets no enfrenta la sequía por primera vez. Los vecinos recuerdan períodos de aguas bajas en el pasado, pero la velocidad y la frecuencia con que se repiten los episodios marcaron un cambio de tendencia. “Estas sequías se producen en rápida sucesión, algo que nunca habíamos visto antes”, declaró Durig en declaraciones a Reuters.
La crisis actual obedece a varios factores simultáneos: fisuras geológicas en el lecho del lago que drenan el agua hacia el subsuelo, precipitaciones muy por debajo del promedio y la sucesión de olas de calor. Las fisuras funcionan como canales naturales invisibles que conducen el agua hacia capas subterráneas, fuera del alcance del lago.
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A esos factores se sumó un verano excepcional. Según informó AFP, los meses de junio, julio y agosto de 2026 fueron los más calurosos registrados en Suiza desde que hay mediciones sistemáticas, en 1864. David Favre, historiador aficionado de 76 años y vecino del pueblo de Les Brenets, describió a AFP la magnitud del cambio: “Desde la última sequía de 2018, fue un desastre. Por desgracia, el lago se vacía cada un par de años o, pronto, quizás cada año”. Recordó que de niño pasaba los veranos nadando en sus orillas y lamentó que las autoridades “abandonaron completamente” el lugar.
Las empresas de turismo pararon operaciones y crece el temor por el futuro del lago
El impacto económico es directo e inmediato. Durig tuvo que detener las operaciones el 20 de julio. “Imagínense tener que parar en plena temporada. Es insoportable para una empresa como la nuestra”, dijo en declaraciones a AFP. En temporada alta, su compañía transporta entre 200 y 300 personas por día.
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Decenas de pontones y embarcaciones quedaron varados sobre el lecho seco del lago, incluido el “Jumbo”, un barco turístico de la empresa de Durig. “Nos golpeó fuerte porque somos impotentes ante este fenómeno”, declaró el empresario a Reuters, con preocupación por cerrar el año con pérdidas.
El paisaje que describe Martial Beyeler, residente de 69 años, resume el estado de ánimo del pueblo: “Es tan hermoso cuando hay agua, cuando fluye. Es un lugar idílico y maravilloso. Me pone triste ver el lugar así”.
Maxime Fallet, empleado de otra empresa de excursiones fluviales en el Doubs, va más lejos en su diagnóstico y teme que el lago esté “destinado a desaparecer” por falta de un plan concreto de rescate. “El ambiente en Les Brenets, cuando la conversación gira al Doubs, está teñido de una cierta tristeza, una melancolía ante la idea de perder este lago”, declaró.
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Francia y Suiza crearon en 2022 un grupo de trabajo binacional para explorar alternativas, entre ellas la posibilidad de sellar las fisuras del fondo, pero hasta ahora no se tomaron medidas concretas. “Hay que actuar y sellar el fondo del lago, pero esto ya no puede tomar años. Esa opción sencillamente no existe más”, advirtió Durig.
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