
Las altas temperaturas y las olas de calor extremas que golpearon a Europa durante los últimos meses generaron inquietud sobre cómo podrían comportarse los veranos en otras regiones del mundo. Las imágenes de ciudades europeas bajo récords históricos, con sistemas de salud tensionados y cambios en la vida cotidiana, pusieron en primer plano los efectos del cambio climático y las diferencias entre continentes.
En Argentina, la atención se centra en los factores que definen el clima estival y en la posibilidad de que se repitan fenómenos similares. La interacción entre el fenómeno de El Niño, la mayor presencia de lluvias y nubosidad, y la geografía propia del país, plantea escenarios distintos a los del hemisferio norte. Comprender por qué el verano argentino no replica necesariamente el patrón europeo resulta clave para anticipar riesgos y adaptarse a nuevas condiciones climáticas.
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El impacto de El Niño en el verano argentino
El licenciado en Medio Ambiente y pronosticador del Aeropuerto de Córdoba, Marcelo Madelón, explicó a Infobae que la corriente de El Niño ya ingresó al Pacífico Sur, en zonas de Ecuador, Perú y el norte de Chile, y lo hace con una profundidad superior a la de otros años.
Según el experto, este fenómeno genera “muchas lluvias en la Argentina”, lo que aumenta la cantidad de nubes y reduce los días calurosos y las olas de calor. Subrayó que, aunque El Niño suele elevar la temperatura, el incremento de nubosidad y precipitaciones conduce a un verano con menos episodios de calor extremo en comparación con otros años. “Es muy probable que tengamos menos días calurosos y menos olas de calor”, detalló.
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El fenómeno de El Niño no opera igual en ambos hemisferios. Mientras en Europa el mismo patrón climático potencia episodios de temperaturas extremas, en Argentina la mayor presencia de lluvias y días nublados atenúa la posibilidad de que se registren olas de calor prolongadas. Madelón enfatizó que “una ola de calor necesita mínimamente tres días de temperaturas muy elevadas”, condición poco probable si predomina la inestabilidad y la nubosidad.
El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) describe a El Niño como un fenómeno climático iniciado en el océano Pacífico que modifica la circulación del aire y altera los patrones de lluvia y temperatura en distintas regiones del mundo. Precisan que, en el noreste argentino, suele incrementar la probabilidad de lluvias superiores a lo normal, situación que puede derivar en crecidas de ríos e inundaciones, pero que también tiende a limitar la cantidad de días con temperaturas extremas.
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Olas de calor en Europa y el contraste con Argentina
Durante los últimos años, Europa experimentó temperaturas inéditas y olas de calor de intensidad y duración sin precedentes, con impactos directos en la salud pública y la economía. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la Organización Meteorológica Mundial (OMM) atribuyen la intensificación y frecuencia de las olas de calor en Europa al aumento de la acumulación de gases de efecto invernadero, producto de la quema de combustibles fósiles, la deforestación y la producción industrial.
Durante la ola de calor registrada a fines de junio de 2026 en Europa, se contabilizaron más de 10.000 muertes en exceso, según datos de EuroMOMO (European Mortality Monitoring). De ese total, más de 9.000 correspondieron a personas mayores de 65 años, y solo en Francia se reportaron al menos 5.764 muertes adicionales. Estas cifras reflejan el fuerte impacto que tuvieron las temperaturas extremas en la salud pública de la región.
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Un informe de Copernicus destacó que Europa es el continente que más rápido se calienta, con un aumento de temperatura de aproximadamente 0,56 °C por década desde mediados de la década de 1990, lo que representa más del doble del promedio global. Además, el estudio publicado en Nature Climate Change confirma que los episodios de calor extremo aumentaron en frecuencia e intensidad en todas las regiones del planeta, especialmente en este continente, donde los días con estrés térmico severo ahora ocurren 2,5 veces más que en los años setenta.
El fenómeno conocido como domo de calor explica parte de la ola récord en Europa, según la Real Sociedad Meteorológica de Inglaterra. Se trata de sistemas de alta presión que impiden el ascenso del aire, bloquean la formación de nubes y favorecen la acumulación de calor en la superficie durante varios días consecutivos. Este mecanismo, sumado al calentamiento global, potencia las olas de calor y sus consecuencias en la región.
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Mauricio Saldívar, meteorólogo y doctor en Geografía, dijo previamente a Infobae: “Si bien el marco que impone el calentamiento global hace que en todo el planeta la temperatura media global haya aumentado poco más de 1,3 °C si la comparamos con las temperaturas de la era preindustrial, ese calentamiento no es igual en todo el planeta: el Ártico se calienta casi 4 veces más rápido que el resto del mundo, le sigue Europa a prácticamente el doble y en tercer lugar la Antártida“.
Por su parte, Eduardo Piacentini, Licenciado en Ciencias de la Atmósfera y Matemático de la UBA, explicó a Infobae la diferencia con el hemisferio sur: “Es poco probable la presentación de ‘olas de calor’ tan extremas como las del hemisferio norte, dado que el efecto se observa sobre un territorio no tan extenso continentalmente. El hemisferio norte es continental, el sur es marítimo y las características son muy diferentes en lo que respecta a las capacidades caloríficas”.
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La continentalidad se refiere al efecto que tienen las grandes extensiones de tierra en el clima: las zonas con más superficie terrestre, como el hemisferio norte, presentan cambios de temperatura más bruscos que aquellas rodeadas de océanos, ya que las masas de agua funcionan como termorreguladores.
En el caso argentino, Madelón indicó que el centro y norte del país son las regiones con mayor riesgo de olas de calor, aunque estos episodios pueden extenderse hasta el norte de la Patagonia. Precisó que en provincias como Neuquén, el norte de Río Negro y el este de Chubut no es imposible alcanzar temperaturas superiores a 42 °C o incluso 45 °C. Sin embargo, la sequedad de estas zonas permite que las temperaturas mínimas nocturnas desciendan, lo que reduce el impacto del calor en comparación con regiones más húmedas.
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El especialista remarcó que, en el centro y norte de Argentina, las olas de calor son más frecuentes, pero la temporada de verano coincide con el periodo lluvioso, lo que tiende a moderar la cantidad de días extremadamente cálidos. “Si nos toca un verano lluvioso, las olas de calor son menos frecuentes porque esas lluvias atemperan muchísimo, bajan la temperatura y, si hay mucha humedad, durante el día se forman muchas más nubes y no alcanzan temperaturas tan elevadas”, explicó.
El SMN también subrayó que el impacto de El Niño suele notarse más en primavera y verano. En la zona noreste, el aumento de las precipitaciones reduce la frecuencia de olas de calor y la temporada lluviosa limita la cantidad de episodios extremos.
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Por su parte, la OMM advirtió que el fenómeno de las olas de calor no depende solo de la temperatura máxima, sino también de la acumulación de calor durante días y noches sucesivas. Las noches cálidas, sin descenso térmico, agravan los riesgos para la salud y dificultan la recuperación del organismo.
Mientras Europa enfrenta olas de calor cada vez más intensas asociadas al calentamiento global y a patrones atmosféricos como el domo de calor, Argentina podría experimentar un verano con menos episodios de calor extremo debido a la influencia del fenómeno de El Niño y a la mayor presencia de lluvias y nubosidad.
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