
Durante años, la recomendación general sobre el ejercicio en el embarazo era evitar cualquier tipo de actividad física, incluso en gestaciones sin complicaciones. María Rossich y María Romero, especialistas en entrenamiento físico y fisioterapia para el embarazo y posparto, explican que esta postura se debía a la falta de estudios científicos que avalaran la seguridad y los beneficios de moverse durante la gestación.
Hoy, esta visión ha cambiado gracias a la investigación científica de las últimas décadas, que demuestra que el ejercicio físico regular y planificado aporta ventajas concretas en el embarazo. Es cada vez más común ver a mujeres embarazadas activas en gimnasios, parques y polideportivos, y refleja una nueva percepción social y profesional sobre el movimiento en esta etapa, según indican las expertas a Sportlife.
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Nivel de cumplimiento de las recomendaciones y papel del acompañamiento profesional
A pesar de la evidencia, el porcentaje de mujeres que sigue las recomendaciones actuales sigue siendo bajo. Solo entre el 15% y el 20% de las gestantes realiza al menos 150 minutos semanales de ejercicio moderado, cifra inferior a los estándares sugeridos por estudios más recientes. Esta baja tasa de cumplimiento es inferior a las recomendaciones actuales, dada la magnitud de los beneficios documentados para la madre y el bebé.

Muchas mujeres experimentan miedo, pereza o preocupación al considerar el ejercicio durante el embarazo. Por este motivo, las especialistas insisten en la importancia de contar con apoyo profesional específico para superar barreras y adoptar rutinas seguras. La presencia de fisioterapeutas de suelo pélvico y educadoras físicas especializadas en embarazo mejora la adherencia y la calidad de la práctica.
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Beneficios del ejercicio físico durante el embarazo para la madre y el bebé
El ejercicio planificado y supervisado reduce la fatiga, mejora la salud cardiovascular y la calidad del sueño, y disminuye la probabilidad de parto prematuro. Además, favorece una mejor colocación del bebé y aumenta la probabilidad de partos vaginales, además de facilitar una recuperación posparto más rápida, destacan las especialistas.
La actividad física regular también ayuda a reducir el riesgo de depresión posparto y permite afrontar mejor los primeros meses con el bebé, explican Rossich y Romero. Incrementa el umbral del dolor, ayuda a prevenir lesiones asociadas a la mayor elastina en el embarazo y contribuye a controlar la ansiedad, el azúcar sanguíneo y el peso, reduciendo el riesgo de diabetes gestacional.
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Estos beneficios están respaldados por una revisión sistemática internacional que incluyó 3.387 mujeres en 16 ensayos clínicos aleatorizados. El estudio concluyó que el ejercicio en la gestación aumenta la tasa de partos vaginales, reduce la duración de la primera etapa del trabajo de parto y disminuye la probabilidad de cesárea, sin riesgos añadidos para madre o bebé.
Importancia de la supervisión y asesoría profesional
La supervisión profesional es esencial para adaptar la actividad a las necesidades de cada mujer y garantizar la seguridad. La colaboración entre fisioterapeutas de suelo pélvico y entrenadoras especializadas permite ajustar la intensidad y el tipo de ejercicios, controlar la frecuencia cardiaca y trabajar los grupos musculares clave para el equilibrio postural y la respuesta a los cambios del centro de gravedad.
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A través de valoraciones específicas, las profesionales pueden detectar posibles riesgos y modificar las rutinas conforme avanza el embarazo. Así se previenen caídas y se favorece la recuperación del suelo pélvico y la musculatura profunda tras el parto. Las especialistas advierten sobre la importancia de acudir solo a personas con formación acreditada, ya que el ejercicio durante el embarazo debe ser progresivo y personalizado.

Ejercicios recomendados y desaconsejados
El programa de actividad debe priorizar ejercicios de resistencia aeróbica, fuerza muscular, flexibilidad y equilibrio. Son recomendables las caminatas moderadas, el trabajo de fuerza para grandes grupos musculares, ejercicios específicos para suelo pélvico, estiramientos y actividades de coordinación. Se sugiere alternar sesiones de ejercicios posturales y de resistencia cardiovascular, adaptando siempre la intensidad y duración a la etapa del embarazo.
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Por el contrario, se desaconsejan los deportes de contacto, las actividades de alto impacto y los ejercicios que incrementan en exceso la presión abdominal, detallan Rossich y Romero. Es fundamental evitar movimientos bruscos y posiciones que puedan causar caídas. A medida que avanza el embarazo, conviene no realizar ejercicios tumbada boca arriba, ya que pueden afectar la circulación uterina.
Colaboración entre fisioterapeuta y entrenadora
El acompañamiento ideal combina la valoración de la fisioterapeuta de suelo pélvico, que cuida la musculatura profunda del abdomen y previene lesiones, con el diseño y supervisión del programa de ejercicios por parte de la entrenadora. Ambas profesionales mantienen comunicación constante para ajustar las rutinas según la evolución del embarazo, y permite una intervención integral y segura.
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La interacción entre ambas especialistas posibilita adaptar las recomendaciones a las demandas de cada trimestre, asegurando que la embarazada reciba un seguimiento personalizado. Este trabajo conjunto ofrece mayor garantía de que la práctica física sea beneficiosa y libre de riesgos.
Consejos para comenzar la actividad física en el embarazo
Antes de iniciar cualquier rutina, es imprescindible descartar contraindicaciones mediante una valoración profesional. Con el visto bueno, se debe empezar de forma gradual, priorizando la calidad sobre la cantidad. Rossich y Romero recomiendan comenzar con actividades suaves, como caminar o ejercicios de movilidad articular, e incrementar la intensidad según la adaptación física.
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La hidratación, el uso de ropa y calzado adecuados y las pausas para descansar son pautas básicas. El control de la frecuencia cardiaca y la adaptación de los ejercicios a cada trimestre contribuyen a la seguridad. El asesoramiento profesional garantiza que la actividad física se ajuste a cada caso y permite modificar las rutinas si surgen molestias o cambios en el embarazo.
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