
El bostezo contagioso es un fenómeno que va más allá del cansancio: basta ver, escuchar o leer sobre un bostezo para que muchas personas lo imiten sin darse cuenta.
Investigaciones lideradas por los científicos Matthew Campbell y Frans de Waal, en humanos y animales, como chimpancés y perros, han demostrado que esta reacción en cadena es común en especies sociales y podría estar vinculada a la comunicación grupal y la empatía.
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Aunque existen teorías que lo relacionan con la supervivencia y la cohesión social, la ciencia aún no logra explicar del todo por qué ocurre. Algunos estudios sugieren un vínculo con la empatía, pero los resultados son inconsistentes y mantienen abierto el misterio del bostezo contagioso.
Teorías sobre el bostezo contagioso
Pese a la coincidencia de diferentes estudios en la existencia del bostezo contagioso, las razones de su aparición no se han determinado en la ciencia. Una de las hipótesis más citadas es la del espejeo social, que plantea que esta conducta podría facilitar la sincronización de comportamientos dentro de un grupo. Bostezar en respuesta al bostezo de otro podría ayudar a la cohesión social y aumentar la vigilancia colectiva, especialmente útil en contextos evolutivos.
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Otra explicación recurre a la teoría evolutiva, según la cual el bostezo contagioso habría servido como una forma silenciosa de comunicación ante situaciones de peligro compartido. Investigadores sugieren que bostezar incrementa el flujo sanguíneo cerebral y promueve un estado de alerta. No obstante, la revisión científica de Massen y colaboradores en 2017 señala que la evidencia científica es inconsistente, por lo que la causa exacta del bostezo contagioso permanece abierta.
Estudios científicos relevantes
Varios estudios han intentado descifrar los mecanismos detrás del bostezo contagioso. El estudio realizado en Kioto involucró a 6 chimpancés en cautiverio que fueron expuestos a videos de otros chimpancés bostezando. De los 6, dos replicaron el bostezo en repetidas ocasiones; mientras que los 3 individuos más jóvenes, al igual que niños humanos menores de 5 años, no mostraron esta susceptibilidad. Esto refuerza la idea de un vínculo con la maduración social y emocional.
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El investigador Atsushi Senju lideró otro estudio con 48 niños de entre siete y quince años: la mitad tenía diagnóstico de autismo y la otra mitad no. Al mostrarles videos de personas bostezando y de personas solo abriendo la boca, únicamente los niños sin esta condición replicaron el bostezo. La revisión científica de Massen y colaboradores en 2017 recopiló numerosos trabajos y concluyó que existe un patrón de evidencia inconsistente e inconclusa.

Diferencias entre bostezo espontáneo y contagioso
Investigaciones distinguen dos formas principales de bostezo: el espontáneo y el contagioso. El bostezo espontáneo está vinculado a factores fisiológicos, como la regulación de la temperatura cerebral y las transiciones entre vigilia y sueño. Su función principal parece ser biológica, asociada a la necesidad de enfriar el cerebro y preparar el cuerpo para el descanso o la actividad.
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Por otro lado, el bostezo contagioso se produce como reacción a estímulos sociales o sensoriales, como ver, escuchar o leer sobre bostezos. No responde a necesidades fisiológicas inmediatas y suele considerarse un fenómeno social. La susceptibilidad varía entre individuos, y los factores psicológicos, como la empatía o el vínculo social, podrían influir en su intensidad.
La posible asociación entre bostezo contagioso y empatía ha sido uno de los focos principales de la investigación. Se ha observado que en humanos y bonobos, la probabilidad de bostezar tras ver a otro aumenta cuando existe una relación cercana, como la que se da entre familiares o amigos. En los bonobos, el bostezo de individuos cercanos genera una mayor respuesta que el de miembros ajenos al círculo social inmediato.
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Bostezo contagioso en animales
El bostezo no es exclusivo de los humanos; diversas especies animales también lo manifiestan. El bostezo contagioso, sin embargo, es menos común en el reino animal y se ha documentado principalmente en chimpancés, bonobos y perros. Cada especie presenta variantes en la naturaleza y función del bostezo, lo que indica posibles diferencias en los mecanismos sociales involucrados.
Más allá del estudio de Kioto, entre los perros, estudios recientes sugieren que estos pueden bostezar en respuesta a humanos, especialmente si existe un lazo afectivo. Estos hallazgos han llevado a pensar que el bostezo contagioso podría ser una expresión de mecanismos sociales complejos, presentes en especies con altos niveles de interacción y vínculos emocionales.
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