
El sexo habla mucho de nosotros. Un informe, difundido por Infobae, del Observatorio de Psicología Social Aplicada (OPSA) de la Facultad de Psicología de la UBA, arroja luz sobre el estado psicológico de la población argentina. Entre los múltiples ejes abordados por este estudio de alcance nacional ―que entrevistó a 2.213 personas adultas a través de encuestas online―, uno de los temas menos explorados en la agenda pública es la vida sexual y su vínculo con el bienestar emocional.
Según los resultados obtenidos, la satisfacción sexual está lejos de ser óptima en el país. Apenas un 15,8% de los encuestados declara sentirse “muy satisfecho” con su vida sexual, mientras que un 17,4% sostiene estar “algo satisfecho”. Esto suma un 33,2% que es lo mismo a decir que solo 1 de cada 3 argentinos está satisfecho.
El segmento mayoritario ―el 40,95%― se ubicó en una zona intermedia, manifestando que su satisfacción es ni positiva ni negativa: “ni satisfecho ni insatisfecho”.
Los datos revelan también que los niveles de insatisfacción no son menores: el 12,65% de los participantes dice estar “algo insatisfecho” y un 13,15% reconoce sentirse “muy insatisfecho” con su vida sexual. Esto significa que más de una de cada cuatro personas en la Argentina adulta no se siente satisfecha sexualmente.

“Lo que vemos en la práctica clínica, ya desde hace un tiempo a esta parte, es la disminución en el deseo sexual, tanto en parejas jóvenes como de mediana edad. Los que más están teniendo relaciones sexuales son los que superan los cincuenta, los sesenta, que se están volviendo a reencontrar, por ahí después de una separación o de la viudez”, comienza analizando a Infobae Walter Ghedin.
El experto dice que la baja se da sobre todo en la generación Z. “Ahí vemos una disminución notoria en el deseo, sobre todo en el deseo que tiene que ver con lo vincular”, apunta y sostiene que esta baja se manifiesta en las parejas que conviven. “Distintos factores creo que intervienen. Uno de los primeros tienen que ver con las exigencias de la vida cotidiana y las responsabilidades que tenemos que asumir día a día, sobre todo aquellas que tienen hijos y se ven tironeadas por el trabajo, la educación, por llevar y traer a los hijos en diferentes actividades”.
Ghedin sostiene que a esto se suma los teléfonos celulares y las series que se meten en la cama, como para distraerse. Esto ayuda de alguna manera a liberar en ese momento de la noche las tensiones, algo que tenga que ver con lo recreativo y nada que ver con cuestiones que generen más tensión. Entonces me libero a la noche mirando cualquier cosa, me hago un lavado de cabeza y el sexo queda de lado“, dice Ghedin.

“El uso también de los teléfonos en la cama ha aumentado el insomnio. Es increíble la cantidad de gente que consulta por insomnio. Uno de los factores es este, que se quedan hasta tarde con los teléfonos y la luminosidad despierta la actividad cerebral, porque el cerebro no puede diferenciar si es luz de día o luz de noche", agrega el experto
Sobre las redes, explica Ghedin: “Asistimos a una sucesión de imágenes, donde hay una hipersexualización, como si todo fuera posible. Esto genera un efecto contrario en la intimidad. Tanta exposición en las redes no ayuda al deseo sexual. Cuando voy a la intimidad no soy aquel que muestro en las redes. Es lo mismo que el porno, quiero reproducir aquello que se hace en el porno en mi intimidad y difícilmente lo voy a lograr, porque eso es una película y lo que sucede en la intimidad es otra cosa. La ansiedad aumenta también la necesidad de ver porno. Tengo necesidad de liberar mi cabeza, de ponerla en otra cosa y la puedo poner rápidamente mirando porno“.
El experto apunta que el uso de antidepresivos no es un hecho menor en este contexto. “Las personas están muy medicadas. Hoy hay un aumento en el porcentaje del uso de psicofármacos por los trastornos de ansiedad. Estos probocan en una cantidad importante de pacientes disminución del deseo sexual y disminución de la función sexual, ya sea el retraso eyaculatorio como el retraso orgásmico o la falta de orgasmo en la mujer. Las personas por ahí no saben de este efecto colateral y comienzan a aparecer los conflictos vinculares porque ese rendimiento sexual ha mermado o ha cambiado por el uso del fármaco”, apunta Ghedin.

Por qué importa la vida sexual al hablar de salud mental
Aunque se la suele dejar en segundo plano dentro de las políticas de salud pública, la sexualidad cumple un rol central en la calidad de vida, el bienestar subjetivo y la regulación emocional. El informe de la UBA destaca que, dentro de las conductas saludables que pueden ayudar a mitigar el malestar emocional, la vida sexual activa y satisfactoria es una de las variables indagadas, junto con la actividad física y la práctica religiosa.
“La disminución de la libido” figura, además, entre los síntomas frecuentes de los cuadros depresivos según la escala utilizada en el estudio. El estrés, la ansiedad y la depresión pueden repercutir tanto en el deseo sexual como en la satisfacción, y al revés: la insatisfacción sexual puede agravar el malestar emocional o evidenciar dificultades relacionales no resueltas.

Un país atravesado por el estrés y la crisis
El relevamiento 2025 da un marco más amplio y preocupante: el 52,4% de la población siente que atraviesa una “crisis vital” y más de la mitad está insatisfecha con su descanso nocturno. Sólo el 22,2% duerme bien y un 6,5% está en riesgo de padecer un trastorno mental, siendo las franjas jóvenes y los sectores socioeconómicos bajos los más vulnerables.
Más allá de los resultados puntuales sobre satisfacción sexual, el estudio evidencia que la salud afectiva y sexual está fuertemente influenciada por los factores psicológicos y sociales de la coyuntura argentina: el estrés económico, las preocupaciones familiares y la falta de acceso a tratamientos de salud mental aparecen como barreras al bienestar integral.

Los autores del informe llaman a no minimizar el papel de la sexualidad en el bienestar integral. Recomiendan “el fomento de conductas saludables, incluida una vida sexual satisfactoria”, como eje clave de promoción de la salud mental, así como la necesidad de incrementar el acceso a tratamientos psicológicos y desalentar conductas problemáticas.
Abordar el bienestar psicológico sin considerar la vida afectiva y sexual supone, según los especialistas, perder una pieza fundamental del rompecabezas de la salud pública. Más información y el informe completo pueden consultarse en el sitio web del Observatorio de la UBA.
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