
Las viennoiseries trascienden fronteras y tradiciones al instalarse en mesas de desayuno de todo el mundo. Estas masas, que combinan las técnicas de la panadería y la pastelería, ofrecen una textura suave y hojaldrada, además de una variedad de sabores que van desde lo sutil dulce hasta lo intensamente dulce. Cada país adaptó sus propias versiones, creando un universo de especialidades que seduce a todos los paladares.
La plataforma especializada Taste Atlas elaboró una lista de las mejores viennoiseries a nivel mundial. Cada entrada resalta por su historia, ingredientes y el vínculo especial que mantiene con la cultura local. La selección abarca clásicos franceses, creaciones escandinavas y variantes entre las que destaca la medialuna argentina. Este emblema de la pastelería nacional se llevó el puesto número 8, lo que significa que, una vez más, Argentina se consolida entre los mayores exponentes de la gastronomía mundial.
1. Croissant (Francia)

El croissant representa uno de los pilares de la repostería francesa. Su forma característica y su textura hojaldrada lo identifican en cualquier vitrina de panadería. Preparado con una masa de levadura, rica en manteca y ligeramente azucarada, posee un interior amarillo pálido, suave y elástico. Esta elasticidad permite que se desgarre con facilidad, ideal para untar con manteca o mermelada.
La historia del croissant se remonta a la influencia del kipfel austríaco, creado en 1683 tras la victoria sobre el Imperio Otomano. La silueta curva del croissant evoca el cuarto creciente de la bandera turca. El salto de Austria a Francia se marca cuando los panaderos franceses introducen la técnica del hojaldre, elevando el croissant a una nueva dimensión. En la actualidad, es posible encontrarlo relleno con chocolate, mermelada, pasas o queso crema, una variedad que refleja la creatividad y el gusto local.
2. Kanelbulle (Suecia)

El kanelbulle, conocido como rollo de canela sueco, destaca por su masa fermentada enriquecida con manteca, azúcar y cardamomo. El relleno contiene manteca, azúcar y canela, y la cobertura suele llevar azúcar perlado, aunque existen versiones con almendras o azúcar de cardamomo.
En Suecia, el kanelbulle forma parte de la tradición del fika, una pausa social para compartir café y pastelería. Este dulce no solo se consume diariamente, sino que también tiene su día especial: el 4 de octubre, cuando se celebra el “Día del Rollo de Canela”. Su origen no está del todo claro, pero la costumbre de saborearlo durante el fika lo convierte en símbolo de convivencia y hospitalidad sueca.
3. Franzbrötchen (Alemania)

El franzbrötchen surge en la ciudad de Hamburgo y se relaciona tanto con la repostería local como con la influencia francesa. Su masa combina harina, manteca, leche, levadura y azúcar, junto con un relleno de azúcar y canela. Algunas variantes incorporan pasas, chocolate o semillas de calabaza.
Se caracteriza por su estructura laminada, que se traduce en una textura pegajosa y sabor abundante. Tradicionalmente, acompaña el café matutino en la región de Hamburgo, aunque su fama ya alcanzó otras ciudades alemanas.
4. Kouign-amann (Francia)

El kouign-amann es un pastel originario de la región de Bretagne, en Francia. Su nombre proviene de las palabras bretonas para pastel (kouign) y manteca (amann). La preparación consiste en alternar capas de masa, manteca y azúcar, que luego se pliegan repetidas veces.
Conocido como uno de los pasteles más grasos del mundo, destaca por su textura crujiente y su sabor intenso a manteca caramelizada. Según la versión más aceptada, un panadero de la ciudad de Douarnenez inventó este pastel al intentar rescatar una masa fallida con azúcar y manteca. Así nació este ícono de la repostería bretona, que se disfruta tanto en desayunos como en meriendas.
5. Cinnamon Rolls (Norteamérica)

El cinnamon roll norteamericano se distingue por su tamaño generoso y su textura más esponjosa en comparación con otras variantes. La masa, enriquecida con levadura, se extiende, se cubre con manteca, azúcar y canela, y luego se enrolla para formar espirales.
Tras hornearse, se cubren con glaseado o frosting de queso crema, lo que aporta un contraste dulce y cremoso. En ocasiones, se agregan frutos secos, como macadamias o pasas, en el relleno. Suele servirse en el desayuno o como colación, y forma parte de la cultura culinaria de Estados Unidos y Canadá.
6. Pain au chocolat (Francia)

El pain au chocolat es una especialidad francesa reconocida por su masa de hojaldre rectangular rellena con barras de chocolate. Se hornea hasta alcanzar una textura crujiente y se sirve preferiblemente caliente o tibia.
En el suroeste de Francia, se le conoce como chocolatine, un nombre que genera debates regionales y que, según Taste Atlas, podría deberse a la influencia del occitano. En ciudades como Bordeaux, existen anécdotas donde el nombre incide hasta en el precio del producto.
7. Danish pastry (Dinamarca)

La danish pastry, también llamada wienerbrød, simboliza el desayuno danés. Se elabora con masa laminada, donde la manteca se incorpora en capas sucesivas. Este método le otorga una textura similar al hojaldre, ligera y crocante.
Adoptan formas variadas y se rellenan con preparaciones dulces. Los ingredientes favoritos incluyen frutas como manzanas y frambuesas, crema pastelera y pasta de almendras. La decoración puede llevar almendras fileteadas o glaseado de limón, aportando complejidad de sabor y presentación.
8. Medialunas (Argentina)

Las medialunas representan la versión argentina del croissant francés. Se diferencian por su tamaño más pequeño, mayor humedad y dulzura. Existen dos tipos: la medialuna de manteca, más grande, y la de grasa, más pequeña.
Se glasean con almíbar, y pueden acompañar el desayuno o la merienda tradicional argentina junto a café con leche o mate. Las medialunas pueden acompañarse con dulces, mermeladas o dulce de leche, y son protagonistas en panaderías de todo el país.
9. Brioche (Francia)

El brioche francés se sitúa entre el pan y la pastelería. Su alto contenido de manteca, huevos y leche le confiere una textura esponjosa y sabor delicado. Este producto tiene raíces históricas que se remontan a la Edad Media y, según algunas teorías, su invención se debe a los vikingos normandos.
La palabra brioche aparece en documentos de 1404, según Taste Atlas, y su consumo estuvo ligado tanto a la celebración como al estatus. En la actualidad, se utiliza en platos dulces y salados.
10. Chouquette (Francia)

La chouquette pertenece a la familia de la pâte à choux, una masa ligera y aireada. Se distingue por su cobertura de azúcar perlado, que permanece crujiente tras el horneado. Se presentan como pequeñas esferas doradas y vacías por dentro.
Son habituales en las panaderías francesas, donde se consumen en desayunos o como merienda, conocidas en ese contexto como le goûter. El azúcar perlado otorga un contraste de textura y, junto a su ligereza, las convierte en un acompañamiento popular para el café o el té.
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